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Mujeres, medio siglo de historia

Fernando Padilla, 16 de noviembre de 2011

Experiencia y juventud, logros y anhelos, miradas de satisfacción y rostros rebosantes de vida, son impresiones que matizaron y conquistaron cada espacio de la redacción ubicada en la calle Galiano, entre Neptuno y Concordia, la mañana del 25 de octubre. El motivo, conmemorar el medio siglo de una publicación a la que consagraron buena parte del quehacer cotidiano varias generaciones de cubanas. “Su existencia eficaz y su permanencia vigorosa se debe a leves y suaves manos femeninas”, como expresara Dulce María Loynaz. Aun hoy, Mujeres reclama del más profundo amor de las jóvenes, que herederas de la impronta de aquellas, mantienen la sabia inagotable de la perspectiva de género.

Creada en el seno genésico de la Revolución Cubana, la revista Mujeres vino a cumplir el necesario papel que reclamaban aquellos tiempos de incesantes cambios. Amplias posibilidades surgían para las mujeres en el nuevo proyecto de nación. Era necesario educar y concientizar sobre los valores y los derechos que le asistían a cada cubana, entre ellos, quizás el más importante, la igualdad en todos los ámbitos de la vida social.

Aunque durante la primera mitad del siglo XX, la mujer se vio reflejada en diferentes publicaciones, dirigidas exclusivamente a ellas, Mujeres marcó un hito en cuanto a su necesaria e innegable contribución a la vinculación de las féminas al proceso de construcción socialista en Cuba. Insertada en los postulados de la Federación de Mujeres Cubanas, la revista se cimenta en un enfoque de género innovador, que a decir de su actual directora, Isabel Moya: “… ha reflejado las complejidades del proceso de transformación de roles, estereotipos y juicios de valor signados por la cultura tradicional, al tiempo que ha divulgado la impronta de las cubanas como ciudadanas plenas. La primera vez que una mujer humilde, y además negra, iluminó con su sonrisa la portada de una revista cubana fue el 15 de noviembre de 1961 en el primer número de Mujeres”.

Con la edición número 3 del año en curso, Mujeres arriba a la considerable cifra de 50 años acompañando a las cubanas en su faena diaria. Fiel a su carácter educativo, el editorial hace un llamado a prestar especial atención al cuidado de los valores en nuestra sociedad, pues de ellos depende, en gran medida, el respeto y la feliz convivencia de todos los que habitamos la mayor de las Antillas.

Tema crucial en los tiempos que corren, el trabajo por cuenta propia ocupa en la entrega el enfoque de la sección Miradas. “Abriendo caminos” indaga, de forma exhaustiva, en el nuevo modo de empleo al que se han incorporado no pocas cubanas. En tanto, “Garantía de Seguridad” recuerda la existencia de un “corpus” legislativo que ampara a la nueva alternativa de trabajo.

El tributo no debe ser cosa del pasado, es también una manera de reconocer el presente de personas como la doctora Danay González, que en letra impresa rememora, con ciertos matices de nostalgia, los nueve meses que consagró su amor y experiencia de galena en la comunidad boliviana de La Higuera, tan solo un destello en la pléyade de médicos que llevan la esperanza a varios rincones del planeta.

El apartado dedicado a la Federación de Mujeres Cubanas en esta ocasión ahonda en los planteamientos que se alzarán en la voz de nuestras representes en el Octavo Encuentro Internacional de la Organización Marcha Mundial de Mujeres, a celebrarse en el mes de noviembre en Filipinas.

“Estaciones de una vida” se detiene en el goce de la música de Ivette Cepeda, quien dice sentirse enamorada de Pablo Milanés, Raúl Torres, Joaquín Sabina, Vistel, Beltrán…, a la vez que sueña con algún día convertirse en musa inspiradora de sus canciones. “Quiero cantar lo mejor de este tiempo y defenderlo como si fuera esa la razón por la que vine al mundo y por la que tenga que morir; así de hondo es mi respeto por el arte y la gente”, sentencia la intérprete.

En cambio, “Visualizar su poética” acude a la búsqueda de la piedra matriz de la reconocida grabadora Isolina Limonta, quien ha decido innovar en esta manifestación plástica valiéndose de la colagrafía. El pleno dominio, a su antojo, de la paleta cromática, pintura, lápices, acuarelas…, transforma a la pieza de grabado en un ejercicio creativo de intervención artística.

“Los sueños se hacen realidad”, es otro de los artículos que se insertan en el acápite dedicado a la Cultura. Y es que, precisamente, la frase que da título a este trabajo, corresponde a la idea que cruzó fugaz la mente de Jessie Domínguez al ser promovida a bailarina principal del Ballet Nacional de Cuba, atendiendo a los sobrados méritos de su carrera artística.

Concluye la sección un texto que bien se agradece. Encaminado a resaltar las dotes histriónicas de una actriz que por más de una década ha conquistado a los espectadores de la pequeña pantalla, “Actriz una, y todas las veces” revela al lector la incesante búsqueda de Ketty de la Iglesia con respecto a las posibilidades expresivas del cuerpo y la voz en función de la diégesis dramática.

Espacios dedicados a la moda, la cultura culinaria, el bienestar familiar y la salud de la mujer, así como acercamientos críticos a las problemáticas de género contemporáneas, abordadas, con aciertos y disquisiciones, por las más recientes entregas de la Casa productora de telenovelas y aventuras, son algunos de los tópicos que cierran las páginas de la publicación.

A medio siglo de creada e invulnerable ante las vicisitudes, Mujeres se mantiene con la perseverancia que caracteriza a las cubanas. Cinco décadas en que la palabra ha sido reflejo de los hechos, 50 años en que la profesionalidad de su colectivo ha sabido estar a la altura de los logros de la mujer cubana en todas las esferas de la nación. Cuando las fronteras han sido flanqueadas por la solidaridad y el internacionalismo, incluso hasta allí ha llegado el mensaje impreso de la revista.