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Kuchilán: sátira, ironía y combate

Jorge Tomás Teijeiro, 20 de enero de 2012

Mario Kuchilán Sol, nacido en 1910, tuvo la oportunidad —y la intención— de ser testigo muy cercano de los principales hechos políticos y revolucionarios ocurridos durante su existencia, que se extendió a lo largo del siglo XX, y reprodujo en sus crónicas, con singular estilo, las desventuras de la etapa llamada republicana.

Se inició como dibujante en el hebdomadario La Semana, publicación política de oposición al régimen de Machado y, a partir de 1945, sus trabajos aparecieron en nuestros principales medios de prensa y fue uno de los periodistas más leídos. Antes de 1959 escribió la sección Babel en Prensa Libre.  Su consecuente oposición al régimen de Batista le trajo persecución, encarcelamiento y torturas.

Por esa época fue comentarista de televisión, siempre en actitud muy combativa. Sabiéndose monitoreado por sus captores, daba inicio a sus programas diciendo:«Buenas tardes, amigos, y los que no lo son». Y al final de la transmisión, solía decir; «Hasta la próxima, si Dios quiere y el diablo no se interpone».  Después del triunfo revolucionario del primero de enero, terminaba su comentario con esta frase: «Hasta la próxima, que ya el diablo no se interpone, pues la Revolución ha querido que podamos decirlo todo, con todos y para el bien de todos».

En 1972 publicó Fabulario – Retrato de una época, donde narra, pormenorizadamente, lo acaecido alrededor de la caída de Machado el 12 de agosto de 1933, y el golpe de estado de Batista el 4 de septiembre de ese mismo año.

A partir de la década de los 60 publicó también en Juventud Rebelde y Bohemia.  En esta última revista tuvo a su cargo la sección En Zafarrancho, cuyos artículos aparecieron luego en forma de libro en 1981.  

Fueron sus divisas siempre aquella sentencia de Terencio, dramaturgo romano anterior a nuestra era: «Nada humano me es ajeno» y también la de que «Cada meta es un punto de partida». Y para ejemplificar cómo la gente sencilla puede llegar a comprender las situaciones cuando hay alguna “moña”, refiere los argumentos de Sofenio, guajiro de Vueltas, personaje real o simbólico, lo cual no reviste mayor importancia.
Poder de observación y facilidad para filosofar

Resalta Kuchilán en sus crónicas, aquellos detalles que pudieran ayudar a comprender el carácter de cualquier personaje.  Veamos un ejemplo: «Grau San Martín tenía un gesto habitual, cada vez que hacía alguna de las suyas, de unir los dedos de una mano por las yemas de sus puntas, como hacen los niños “el pollito de manteca, para mamá que da la teta…»

Y en ocasiones nos ofrece algunas disquisiciones que son verdaderos aportes a la sicología: «La simbiosis del audaz y el mariquita da un híbrido, el astuto».

Dicharachos populares o adaptaciones de estos

Veamos algunos ejemplos de cómo toma las frases y ocurrencias del lenguaje de la calle y no vacila en modificarlos cuando lo necesita:

—Como se ve de entrada no era tan solo Batista el de los capiruchos, porque había otros muchos en la misma pista…

—La situación era, dicho sea en el sermo vulgaris de la época, «de yuca y ñame»..

—En la calle empezó a aparecer el grito, en paredes y voces, de “¡King Kong, que se vaya Ramón!”

—La declaración de Warm Springs era en verdad, un “mensaje” a Batista.  Una especie de, como diría un vecino de Carraguao, «Dale camino, mulatón!»

—Repentinamente (Grau) se mostró parlanchín y bemba´e perro.

«Carlos Mendieta, con el recicler natural de sus cachetes encendidos de púrpura, era la viva imagen del gallego del cuento de «non queiro, non queiro, échamelo en el sombreiro».

Lo literario, lo culto y lo popular, todo mezclado.

Con Mario Kuchilán se aprende mucho de nuestro idioma, sobre todo, si uno es dado a consultar  el diccionario en español. Evidentemente era un escritor de extenso vocabulario y jugaba con las varias acepciones de una misma palabra.  Así, cuando nos dice «foliculario» o «gacetillero», puede tratarse simplemente de un periodista de noticias breves o un reportero de poca monta y hasta de un «plumífero» al servicio de mala causa.  Nos habla, por ejemplo,  del «chirigotismo» de algunos, porque  esos fulanos  gustan de hacer “chirigotas”, o lo que es lo mismo; burlas, cuchufletas o coñas.
Y alcanza este escritor aún mayor relevancia al inventar palabras derivadas de otras, incuso de distinto idiomas;  así, por ejemplo, de la frase del inglés «son of a bitch»(hijo de p…) deriva su «sonofabicho» y si son muchos, pues «sonofabichos» en plural. Y se evita así una palabra malsonante en el idioma.  
Y observemos ahora cómo mezcla lo culto y popular en una sola pieza: Los ilusos comenzaron a digerir en el vacío una «jama» que nunca yantarían.

Y léase este otro ejemplo:

La trágica proposición de Polo Miranda, en verdad, estaba en la mayoría de los ánimos. Casi todos tenían la ominosa sensación de una propincua propensión: a cualquiera le volaban el cartucho.
Véase este otro caso del empleo de una palabra, afortunadamente de un significado bastante disfrazado, pero indiscutiblemente de gran calibre semántico:
A los sargentos conspiradores todo lo demás que sucedía en el país les era ajeno. A ellos la revolución, se la «munsonlain», como solía decirse en un voquible de la época que epitomizaba lo que importa poco.   
A veces juega con significados diferentes de dos palabras y a veces esta homofonía le sirve para sugerir, elegantemente, la palabra empleada, como cuando el dictador inicia apresuradamente su huida  y le grita a su presunto sucesor en la presidencia:
 —¡Vámonos pal garaje!   
Pero cuando se requiere repetir la palabrota precisa pronunciada en un momento de gran tragedia, el autor no vacila en escribirla.  Así, cuando aquel aspirante a presidente indaga ingenuamente sobre lo que ocurre, el casi-ya-depuesto-dictador le espeta lo siguiente;
 —¡Coño! ¡Toda la vida no serás más que un comemierda! No preguntes y llama a tu mujer y dile que venga enseguida, que te van a matar a ti también.  

Kuchilán explica su desenfado

Algunos intentaron criticarle su forma de escribir tildándole de vulgar.  Pero dejemos que sea el propio Mario quien les responda:

Se nos ha censurado, peor, condenado, de ordinarios y chabacanos.  Impotente para discrepar en el fondo, no por falta de ganas, desliza la discusión hacia la forma.  Cuando el pueblo dijo que «Batista echó un pie» decía una verdad que no contemplaba la modosa expresión de «que se fue».  Cuando dice que Batista, el 13 de marzo de 1957, «tenía una cagazón de argolla» expresa que tenía algo más que un miedo insuperable.  No hay otra manera de decir aquel estado de ánimo.