"Soy escritor nada más que cuando escribo"
El nombre de Haroldo Conti es uno más entre los de miles de desaparecidos a raíz del golpe militar en Argentina y el período subsiguiente de regímenes que detentaron el poder en esa nación durante la década del 70. “Desaparecido” en el caso de Conti, como en el de muchos otros, es un mero eufemismo ilusorio por asesinado.
Conti fue sacado de su casa el 5 de mayo de 1976, secuestrado y ejecutado, sin conocerse la fecha exacta de su muerte.
Y de este hombre, que aún nos sorprende con su palabra escrita, vale apuntar que fue una personalidad singular en su diversidad de oficios: seminarista, maestro de escuela, actor, director de teatro, empresario de transporte, profesor de latín, empleado de banco, piloto civil, navegante, guionista de cine… todo ello en el lapso relativamente breve de medio siglo de vida.
Nació en Chacabuco, ciudad argentina cuyo nombre nos remite al de la gran batalla librada en Chile por los patriotas contra los realistas en febrero de 1817. Y la fecha de su nacimiento, el 25 de mayo (de 1925), nos refiere igualmente a otra conmemoración: la del Día de la Patria, en Argentina.
Pero la faceta más reveladora del talento de Haroldo Conti está en su narrativa, compuesta de cuentos y novelas que le valieron reconocimientos en su momento y hoy día le merecen un redescubrimiento a través de su vida (y muerte) y obra, en la que ocupa espacio importante el delta del río Paraná, entorno presente en algunos de sus textos.
De sí mismo diría: “Yo soy escritor nada más que cuando escribo. El resto del tiempo me pierdo entre la gente. Pero el mundo está tan lleno de vida, de cosas y sucesos, que tarde o temprano vuelvo con un libro. Entre la literatura y la vida, elijo la vida. Con la vida rescato la literatura, pero aunque no fuera así, la elegiría de todas maneras”.
Mucho se ha escrito, biografías y filmes incluidos, acerca de Haroldo Conti y su inmanencia en el contexto literario latinoamericano al cabo de varias décadas de su asesinato. Sus novelas (Sudeste, 1962; Alrededor de la jaula, 1966; En vida, 1971; Mascaró, el cazador americano, 1975) y los libros de cuentos (Todos los veranos; Con otra gente; Las doce a Bragado. Ad Astra; Los novios), entre otros, permiten la valoración de su escritura por críticos y lectores. La fecha de su desaparición, 5 de mayo, se conmemora en su honor el Día del Escritor Bonaerense.
En La Habana se detuvo Conti en dos ocasiones, ambas asociadas a su presencia en Casa de las Américas, la institución cultural que lo invitó a realizar funciones de jurado en 1971 y 1974, y en 1975 lo premió por la novela Mascaró, el cazador americano. En el país hizo amistad con los autores nacionales y se interesó por el acontecer socio político.
Es el propio Conti quien expresó que Cuba devino “su primer contacto a flor de piel con América. Y eso me bastó para hacer una cosa distinta, una novela jubilosa, Mascaró, abierta, donde por primera vez los personajes no mueren. Decidí hacer una literatura con un sentido más americano, cosa que, en ese momento, estaba muy lejos de mí”.
El escritor apoyó a la Revolución Cubana y, según testimonios familiares, muy presumiblemente esta compatibilidad ideológica con el proceso político que se desarrollaba en la mayor de las Antillas, fue tenido en cuenta por quienes ordenaron su secuestro y ejecución a escasos días de cumplir 51 años.