Poesía de Madeline Pedroza Lombana
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La poesía de Madeline Pedroza Lombana es de estirpe romántica. Aún no ha muerto el romanticismo —entendido no como sentimentalidad amorosa, sino como actitud de creación—; pero se ha transformado poderosamente bajo el curso ya secular de los vanguardismos y sus rectificaciones sucesivas. Así que debajo de las expresiones comunes, que se inclinan hacia lo cotidiano, o de las cerradas elaboraciones simbólicas, que quieren trascender lo inmediato, aparece con suma frecuencia entre nosotros una subjetividad trabajando a todo vapor, estableciendo rudas asimetrías con el mundo, edificadas desde el oscuro y divino légamo de los deseos, cuya presencia el ojo zahorí capta en mucho poema circulante. También en Madeline Pedroza el romanticismo bueno, que no es el histórico, de escuela, si no el tipológico, el que representa una manera de encarar la vivencia creadora, se encuentra vivo y avanzando a grandes trancos de expresión, a veces cuajadamente, y en otras saltando imaginativamente contra las palabras. Mujer bella, de alta sensibilidad, amante de lo natural y refinado a la vez, sus poemas comunican estos atributos y energías. El lector siente el ejercicio de su sangre por encima de los términos empleados, y contacta directamente el calor vivo de su mundo interior.
Roberto Manzano
Madeline Pedroza Lombana (Manacas, Villa Clara, Cuba, 1964). Radica en Cienfuegos desde 1983. Ha obtenido premios en poesía y cuento. Obtuvo el Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía Regino Pedroso 2006 y Segundo Premio de Poesía Erótica Farraluque 2011. Textos suyos aparecen en las antologías poéticas Viajando al Sur (Editorial Mecenas, Cienfuegos, 2006), 150 vivencias y 150 autores, del Premio Orola, España, 2010, y Aguas varias (Editorial Extramuros, C. de La Habana); también en periódicos, revistas culturales y literarias nacionales, y en la revista Fábula de La Rioja, España, así como en páginas digitales. Tiene publicado el libro de poesía Cristales rotos al anochecer (Editorial Mecenas, Cienfuegos, 2007) y El baúl de los duendes y los chicherekúes, 2011.
DÁRSENA PARA UN NAUFRAGIO
A Lester Terry Liriano
"Te derramas en mí
(ya no estás sobre tus pasos).
Así voy por la vida,
contigo…
diluido".
Soy eremita, un camino. La incertidumbre amordaza mis acordes. Tu coraza jamás quiero ni tu sino (si el aliento es más que un trino de la esperanza). Yo, al cielo no apostaré; al desvelo, donde el agua me contorna y tu música soborna las cuatro cuerdas del chelo.
Si derrumbo la inocencia y los vértigos del puente, y revelo la silente escarcha de mi existencia. Y si censuro la ausencia en mi buque —de botamen—, y las tormentas que lamen mis resinas… ¿soy andén? Espero el próximo tren después que guarde el velamen).
No soy Eco, que abandona su voz a la suerte. Ten mis entrepiernas. Sostén el venaje que ambiciona la morada en la que clona el piélago sus azules. Si las espinas, con tules puedo ahogar; nunca demores a mis versos. Sus clamores son témpanos de abedules.
Ven, esta puerta respira con herrumbre, sin nudillos, y descuelga los colmillos de la noche donde tira el mar sus embates. Mira, acá hiberna una coartada, tu savia déjala anclada —desayuno los axiomas de tus labios—. Si no tomas mi vientre seré Driada.
La pujanza de la lluvia viola trampas y bemoles, yo me robo caracoles para lo negro que efluvia de mis sienes… y tus soles. Desnudos, no hay ceñidor, cambio de cariz: sudor, ningún precepto que acate este corazón que late; siervo, a veces, del amor.
No juzgues al desafío. Cimbro el arco de esta flecha transgresora (de la brecha peregrina no me fío). Mas quiero que sea mío el aluvión de tu falo. El cilicio no es tan malo si escupo al viento la astilla del dolor (en la costilla que me diste). Ven, yo te halo hacia mí, no voy a ser un símbolo sobre roca. Dame el fogaril, tu boca trashumante. No me acerques a Cronos, (sin acertijo). Sólo profusión en mis pezones, fusión. Sé diáspora, alud, angina, hipnosis de mi vagina, humo, sigilo, fruición.
REQUISITO INDISPENSABLE
…nadie puede pedirme que me calle,
mi silencio es peor que las palabras.
Waldo González López
Si estoy viva
he de ponerme bien los hombros el cerebro,
mi cabeza debe tener la altivez del campanario
que llegue su resonancia a los orígenes,
olfatee con cautela la húmeda hierba,
vuele entre pájaros y cirros.
Si estoy viva
he de escudarme el pecho contra impactos,
una mínima hendidura puede delatar mis himnos.
¿Quién no tiene su talón de Aquiles?
Así es la condición humana: mortal y eclíptica.
Si estoy viva
no serán mis piernas raíces de seqoia.
La más pequeña raíz de palma real
bastará para escribir sobre su corteza, ¡Patria!
Si estoy viva
el Silencio no podrá anudarse en mi silencio.
Sólo ante el papel
mi voz reposará sonoramente,
sin acomodamientos.
Después, ondeará como bandera en asta,
y un tocororo en forma de tornado
inquietará el corazón ajeno.
Si estoy viva
transpiraré estos caminos —sin anunciaciones—.
Un movimiento de labios
puede devorar mi espalda de flecha y vértigo,
condensar la intimidad de los sueños.
Si estoy viva
han de amalgamarse: azul y verde;
tierra hasta en mi sombra.
Sombra insistente leal,
segura y cómplice de todos mis actos.
JUICIO DEFINITIVO ANTE RECLAMO
(Apocalipsis 20:12)
No intente utilizar su voz
mire que un taciturno eco de gusanos
le ha comido la lengua
y no podrá articular palabra.
No intente reanimar una neurona
levantar su polvorienta cabeza.
¡Nada escapa del Averno!, ¡Nada!
No intente extender su corroído garfio.
La obra terminó bajé el telón.
Sólo he dejado el laberinto del enigma.
No intente abrir sus ojos.
Bajo los efímeros párpados
un velo grisáceo lo juzga.
Ya no puede descubrir a la Felicidad
borrarle su brillante aura.
No intente estirar sus piernas
le advierto que no dará ni un paso.
Anduvo y desanduvo sin coto
y ahora, está irremediablemente mútilo.
Que no intenten sus vestigios
tramar un mínimo ardid.
Quise que fuera Algo, y es bastante.
Hacerlo Alguien (después de todo) es peligroso.
Intentó ser Yo y es una grave falta.
Usted no existe, así de claro.
CARTA ESCONDIDA EN UNA GAVETA
Amados míos, hijos de mi vientre:
En esta casa no hay nadie que encuentre
la alegría. No hay nadie. No hay portento.
El descuido aprovecha el cimiento
del polvo. No hay puertas ni ventanas.
Aquí no desayunan las mañanas
y la noche es un letargo filoso
(se suicidan los sueños en rocoso
paraje). Fueron lejos los veleros
de mi esperanza, y con los aguaceros
el musgo dormita sobre el arco
y las flechas. Puede encerrar un marco
la agonía, crucificar los ojos
en su imagen. Yo guardo mis despojos
bajo el agua y mi corazón ayuna.
¿Arquera soy o un espectro de luna?
CANTO PARA OTRAS AGUAS
¡Cómo no dejar que el río se asome en mí!,
¡que no me inunden sus aguas telúricas
y no me soborne con su lengua de pez dulce,
robusta lengua que fosforece bajo la presunción de la noche!
Puedo morir de apnea voluntaria… puedo morir.
Yo gozo la diafanidad que induce entre mis piernas,
el olor a junco y a nenúfar,
y tanta lluvia creciendo en mis pechos,
mientras sus labios esculpidos por Brahma los succionan.
¡Cómo no dejar que se asome!
Mi río es Shakti me renueva el Karma,
y no soy más la ventana incorregible el tímido molusco,
la piedra que doblegan las aguas;
sino pájaro sutil
absorbido por la infinitud del espacio.