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Marie-Thérèse Kerschbaumer: Para mí, leer tiene algo en común con fluir. (Fragmentos)

Olga Sánchez Guevara (Selección, traducción y presentación), 27 de enero de 2012

Como saludo a la próxima Feria Internacional del Libro, ofrecemos pasajes de un ensayo de Marie-Thérèse Kerschbaumer, quien deja fluir aquí, por momentos a modo de monólogo interior, sus recuerdos y reflexiones personales sobre la lectura. La autora se pregunta si las próximas generaciones, cansadas de vanos entretenimientos, regresarán al libro, al acto creativo que es leer; si existirán retiros para lectores y festivales de lectura. Esta última interrogante tiene, entre nosotros, una respuesta afirmativa precisamente en la celebración anual, a todo lo largo y ancho del país, de la Feria, verdadera fiesta de la lectura en que niños y jóvenes, adultos y ancianos hallan una oportunidad excepcional para acercarse al saber atesorado en letra impresa o en formato digital.

El texto de Kerschbaumer, del cual presentamos fragmentos, pertenece a su libro homónimo,* y se incluye en una selección de ensayos de esta autora que hemos traducido y propuesto para su publicación en Cuba.

***

Para mí, leer tiene algo en común con fluir: es como sumergirse en las frías aguas de un arroyo de montaña y, ardiendo de frío y de vida, nadar en la corriente, tropezando de piedra en piedra, impulsado e impulsándose en el riesgo de la frialdad, cerca del remolino y cerca de la orilla.

Luchar con terquedad, con firmeza, por la capacidad de leer, por el tiempo para leer. El derecho a saber, ese ancestral derecho.

Leer como “destino”, relacionado con la comunidad donde uno ha nacido o adonde lo han lanzado acontecimientos posteriores. Leer y hablar, lectura, leer la Biblia, deseo de leer la Biblia, de ser sabio como el rey Salomón. Lo casual, con quién vive uno, lo que le cae a uno en las manos; el deseo de leer hasta el final ese capítulo, esa página, esa línea, el deseo de leer esa pacotilla hasta el final sin recibir una reprimenda, sin que te interrumpan, antes que te descubran, antes de ir a dormir, de levantarse, de irse al trabajo.

El acto de leer vinculado a imágenes, letras, folios, memorias, sobresaltos, lo que le cae a uno en las manos, sobresaltos dolorosos, inolvidables, el pase de lista en el campo de concentración que relatara el hombre aquel de los dedos entumecidos, un molinero, su relato sobre personas que eran lanzadas desnudas a la nieve y rociadas con agua hasta que se helaban como témpanos, y poco después un poema, el del pase de lista en el campo de concentración. Misterios en los que uno quiere penetrar, cueste lo que cueste.

Leer como compulsión, leer los libros inadecuados, los escritos más inútiles, que causan pesadez de ánimo, que causan debilidad, pérdida de tiempo, nunca pierdas el tiempo con libros y personas cuyo nivel ya has superado, cómo puedo juzgar, no juzgues para que no seas juzgado, pero solo tú eres juzgada siempre, solo tú. Leer como huida, huir de la penuria de ideas, de las contradicciones, de las presiones, hacia la penuria, las contradicciones y presiones que sufren esos otros, maravillosos héroes y heroínas que soportan sus sufrimientos, que vencen sus sufrimientos, en prodigios y obras, en las rosas rojas de Santa Isabel.

Lectura y afrenta, ideas erróneas, miedos erróneos, conclusiones erróneas, suscitadas por escritos falsos, mentirosos, inconvenientes, escritos que desvían, inhiben, rebajan, que menoscaban, apartan, oprimen.

Leer y esperar, preparación, recogimiento, clausura, la fatiga de la desconcentración, tener que leer de nuevo, necesidad de recuperar, avaricia, miedo, respecto al tiempo, respecto a los libros; leer los escritos convenientes, fuerza, ocio, dinero, interés, leer, leer.

Los libros que pueden ser prisión espiritual, enojo, pérdida, nostalgia, orgullo, ira, luto, libros, libros. Los libros son personas, lengua, viajes hacia dentro, hacia afuera; los libros son odio, enemistad, rechazo, persecución; los libros son retorno, venganza, ajuste de cuentas, triunfo; los libros son encuentros con personajes, con autores, con los más secretos deseos propios.

Leer es la lucha con el ángel, es delirio de grandeza, es la piedra de Hebrón, la construcción de la Torre de Babel; leer es amenaza, es el fruto del árbol del conocimiento, y esa manzana la quiero comer, amén. Leer es liberarse de la servidumbre que es la ignorancia, es la posibilidad de poseer esta vida, completamente; es la capacidad, inherente a cada persona, para disponer del lenguaje como abierto sistema de signos, desarrollarlo y poder reflejar a través de él la posibilidad de la abstracción en el sistema de reglas, y también la abstracción de la abstracción, la invención de la escritura.

(…)

¿O tal vez el vacío del “entretenimiento” llevará a la próxima generación de regreso al libro, de vuelta a las imágenes interiores, a la lectura creativa? ¿Habrá festivales de lectura? ¿Retiros para la lectura? Cerrados, sin ruido del exterior, la secreta puerta giratoria en el estante de libros conduciendo a la habitación resguardada, ¿quién puede decirlo? Solo sabemos que esas páginas impresas, esos signos negros traen hasta nosotros el mar, la tierra, “un leve tintineo y un rumor… el eco de pasos y voces”…

Nota:
* Wiener Frauenverlag (1989).

Olga Sánchez Guevara (selección, traducción y presentación), 2014-08-22
Olga Sánchez Guevara (selección, traducción y presentación), 2014-07-07
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