Rememora Mar y Pesca a Jesús Castellanos Villagelieú
El más reciente número de la revista Mar y Pesca ha dedicado, en su sección literaria, un homenaje a una de las figuras destacadas en el ámbito intelectual cubano. Consagrado al ensayo y la narrativa, además de excelente caricaturista, Jesús Castellanos Villagelieú encontró su espacio entre los escritores de inicios del siglo XX. Próximos a conmemorar, este año, el centenario de su muerte, la publicación se anticipa al acontecimiento y rinde sincero tributo a su encomiable dedicación a las letras cubanas.
Nacido el 8 de agosto de 1879, Jesús Castellanos creció en los convulsos años previos al estallido de la Guerra de Independencia de 1895. Su paso por la adolescencia estuvo matizado por la avidez del conocimiento y las indecisiones propias de la edad. En su mente tormentosa, propia de los tiempos que corrían, convergieron intereses por las artes, la filosofía, las letras y la abogacía, incursionando en todas.
Escribir fue su mayor deleite estudiantil, acción que llevó con empeño y constancia al fundar, junto a otros compañeros, los semanarios La Joven Cuba, La Juventud Cubana y El Habanero. Iniciadas las acciones bélicas en la manigua cubana, Castellanos es embarcado rumbo a México, decisión lejana a sus deseos pero que hubo de acatar por respeto a sus padres.
Pasan tres años y la lucha independentista en Cuba ha llegado a su fin, por lo que decide regresar a su natal ciudad de La Habana. Ante la necesidad de expresar en trazos, ya sea en letras o caricaturas, sus inquietudes y valoraciones de la sociedad cubana y convencido de que el periodismo es la vía para canalizar sus inconformidades y pasiones, se erige como prolijo colaborador de La Discusión, Patria, El Fígaro, Cuba y América, La Política, Azul y Rojo…
“Pasión y vida por las letras”, revela al lector facetas como las antes mencionadas, al tiempo que ahonda en el naturalismo y las pinceladas de fina inteligencia en las creaciones literarias de Jesús Castellanos, quien además supo captar los innumerables matices de la realidad cubana de inicios del siglo XX. Para ello debió hacer uso de la contraposición de los estados de ánimos y la situación social de los personajes, esbozos de una sociedad marcada por los rezagos coloniales, e inmersa en la voracidad del capital norteamericano, que comenzaba a atenazar la Isla.
En correspondencia al perfil de Mar y Pesca, se ofrece un fragmento del cuento “La agonía de la Garza”, del cual compartimos algunas líneas: “La Garza, la vieja balandra de Gaspar, herida en los costillares, haría el viaje, y en ella irían todos para que ningún hombre tuviera que esperar el retorno… Se remendó la vela; se calafateó un copal y espartillo. Y comenzó el capítulo dantesco. Al ruido del agua, al olor de la carne humana que se prodiga, un remolino pequeño se produjo allí cerca y, rasgando el moaré negro, asomó visible, siniestra, terrorífica, una espoleta cartilaginosa. Nadie chistó, pero por todos los poros brotó un sudor frio. El tiburón, más temible que los huracanes, y los incendios, estaba allí, esperando…”
Primera del año en curso, la edición 391 de Mar y Pesca sondea las trayectorias artísticas, en la música y la plástica, de Miriam Ramos y Ever Fonseca, respectivamente. “La dama de los cabellos de espuma” transita por la meritoria carrera de la intérprete cubana, galardonada en 1999 con el Gran Premio Cubadisco. En tanto, “Lunas y soles de su mundo marino”, indaga sobre las inquietudes del pintor oriundo de Manzanillo, deudor de su relación con la naturaleza, de sus recuerdos de infancia, del amor al campo cubano y de los mitos que le fueron legados.
Quizás uno de los mayores valores de la revista, estriba en la historieta, habitualmente, encargada de cerrar las páginas de la publicación. En esta ocasión, la exquisita ilustración dialoga con una historia fascinante, ocurrida tiempo atrás cuando La Habana sucumbió ante las mesnadas del pirata Jacques de Sores, tristemente recordado como “el ángel exterminador”.
A la propia ciudad, capital de la Mayor de las Antillas, se consagra “Cuando La Habana era chiquita”, artículo que desanda los orígenes de la primigenia villa, sus moradores y el trasiego comercial de las flotas, factores que contribuyeron a modelar la urbe y su espacio más antiguo.
Incansables en su perenne escrutinio del horizonte, llevando luz y guía a los que por el océano vienen o van, a esos que bien merecen la frase martiana: “Difícil la misión del que olvidado por las penosas rutas de la mar sabe ser timón del embarcado”, hace alusión el trabajo “La punta de la Patria. Al paso del tiempo”. Venciendo las escabrosas vías de acceso a La Farola y “las pendientes de espanto de La Boruga, Mar y Pesca llega a Maisí”, para estrechar la mano del décimo tercer torrero que, por aquel paraje, ha sabido “ser timón del embarcado”.
La pasión de los cubanos por la crianza de peces ornamentales queda evidenciada en “El arte de la acuariofilia”, cordial invitación a la tenencia de un acuario en el hogar, sin dudas un reservorio natural que proporcionará a la familia bienestar y armonía, a la vez que instruirá y fomentará el amor y el respeto por la naturaleza en los más pequeños de la casa.
En nota similar, “Tres temas para pensar” aborda la necesidad por alcanzar una conciencia ecologista, pues como bien reza el sumario del texto: “En vez de asaltar a mano armada gritando ¡la bolsa o la vida!, hoy se escucha cada vez con mayor frecuencia: ¡el agua o la vida!”.
Realidades cubanas en diferentes épocas, se articulan una tras otra en los pliegos centrales. Fabulaciones, humor y sorpresa corren por los torrentes del Toa al son de los “Cuentos de cayuqueros”; la arqueología subacuática descorre el manto de la historia y descubre “Cómo se perdió el bergantín de guerra Cubano”, mientras un exhaustivo fotorreportaje testimonia la visita a la rada habanera del buque escuela Cuauhtemoc de la Armada mexicana.
No por su ubicación postrera en la publicación pierden su interés dos artículos de corte histórico. El primero de ellos, arroja luces a la interrogante que figura en su título, “Lorencillo ¿Pirata cubano?”. Varias son las leyendas que se tejen en torno a la vida de este multifacético marino devenido en malhechor de la mar y azote de los intereses coloniales en la Isla y el resto del Caribe.
Por su parte, “La Marina cubana y la Segunda Guerra Mundial” recoge, en minuciosa investigación, los hechos acaecidos durante la contienda y la poca conocida participación de buques y marinos cubanos en acciones bélicas contra submarinos alemanes en aguas territoriales y del océano Atlántico.