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El beso de Susana Bustamante: humor y reflexión en Sindo Pacheco

Alina Iglesias Regueyra, 23 de febrero de 2012

“El rescate de Honorata”, “El tenebroso Carburo cae en una trampa” y “El Corsario Negro prisionero de Infortunada Enamorada” son pintorescos capítulos de la El beso de Susana Bustamante, novela publicada en 2011 por Editorial Gente Nueva, escrita para la infancia y la adolescencia por el cabaiguanense Gumersindo Sindo Pacheco, quien se ha ganado la admiración y el cariño de su público lector.

En esta oportunidad, el autor nos presenta una pandilla de muchachos, autodenominada “la más temible del mundo”, y a través de ella refleja la Cuba de 1964 con un realismo a veces metafórico, otras, simbólico o irónico, y otras, francamente avizor. El grupo de niños, varones preadolescentes que cursan los últimos años de la enseñanza primaria, deviene escenario reducido y espejo de una sociedad de adultos, donde se dan cita la amistad, el amor, la lealtad y el compañerismo, y también vicios como el oportunismo, el más cruel arribismo y la vil traición.

El capitán de la banda —a veces integrada por piratas, otras, por bandidos o salvajes, según les aguijonee la imaginación en el momento— es el vástago de una familia de dirigentes oportunistas, con todos los problemas que aquejan hasta hoy a esos infantes: desatención, ausencias —muy parecidas al abandono—, rigores impropios de la edad, aprendizaje de modos de comportamiento ajenos a la infancia, ardides para lograr el poder mediante el engaño a sus subordinados, el robo encubierto y conductas negativas similares. Así, el jovenzuelo dicta medidas, aparentemente en beneficio de la pandilla, que luego redundan en su propio favor.

El libro deviene enseñanza singular para quienes convivan en un grupo social típico de esas edades, e incluso mayores. Una excelente selección y caracterización de los personajes y una dramaturgia activa y sostenida hacen de la obra una fabulosa pieza si especialistas competentes deseasen transformarla en una ágil aventura televisiva. Y a propósito de este acotamiento, es de la televisión, el cine y la literatura de aventuras de donde los muchachos toman buena parte de las referencias aparecidas en la novela, intertextualidades presentes en sus seudónimos de juego y sus acciones. Otras veces, abiertamente aparecen sugerencias de lecturas apropiadas:

–Mira, estos de aquí son de Julio Verne; y estos, de Alejandro Dumas. Y mira, aquí están Robinson Crusoe, y Peter Pan y Wendy, donde aparece el pirata Garfio, que tenía un ojo tapado y un gancho de carnicería en un brazo, pues un cocodrilo le había comido la mano. (p. 72.)

Así, el autor deviene activo promotor de las artes y las letras que mejor se adecuan a la etapa de crecimiento personal y espiritual a las que apunta la recepción de este volumen, que contó con una acertada edición de Josefa Quintana Montiel, diseño de María Elena Cicard Quintana, composición de Nydia Fernández Pérez y cubierta e ilustraciones de Aramís Santos Soto.

En El beso de Susana Bustamante cada recurso literario es noblemente empleado, y la emotividad y la preocupación por el país donde se ha nacido desembocan en un inmenso amor que, por momentos, duele. Extraordinariamente emocionante resulta el pasaje que describe el cambio del nombre de la escuela: el otorgado por el anciano maestro local que, modestamente, tantas generaciones educó, es sustituido por el —tan ajeno— de “Camarada Stalin”.

Incluido en el apartado Escolar de la audaz Colección 21, es este un libro para agradecer, comparable con la literatura más avanzada que para los más chicos se escribe en otros lugares del planeta. Una obra que nos alerta, nos aviva y nos deja un filo para la necesaria fe en un futuro que solo esos niños de hoy —como aquellos del libro— podrán transformar para bien.