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Visión de los gemelos en el imaginario popular cubano

Gerardo E. Chávez Spínola, 27 de febrero de 2012

Durante siglos, los gemelos han sido reverenciados en todas las épocas y regiones del mundo. Algunas veces con admiración y respeto, otras con benevolencia y simpatía, aunque no en pocas ocasiones, con cierta inquietud, sobresalto y temor, ante sus pretendidos poderes mágicos. En la mitología clásica: Hera y el mismísimo Zeus, fueron hijos gemelos de los dioses Cronos y Rea, en el Olimpo. Luego el propio Zeus escogió a la humana, rozagante y bien conformada Leto, para engendrar a los gemelos Artemisa y Apolo.

Rómulo y Remo de la romana fabulación, fueron jimaguas criados por una loba que los amamantó. Al alcanzar la mayoría de edad,  ambos recibieron orden de los dioses supremos de fundar una ciudad. Como tenían diferente manera de ver las cosas, en una de las muchas versiones mitológicas, Rómulo dio inicio a la construcción de su proyecto en el monte Palatino. Remo se alejó hasta el monte Aventino, para colocar las primeras piedras de la suya. Después ambos preguntaron a pastores, artesanos, pescadores, mercadres y labradores, a quien reconocían como fundador y rey. El pueblo fue al monte Palatino y escogió a Rómulo, quien le dio el nombre a la naciente metrópoli y la declaró fundada el 21 de Abril del año 753 ane. Así más o menos cuentan el surgimiento de Roma.

En la cultura judeo cristiana. La Biblia narra como Rebeca, la mujer de Isaac, concibió dos gemelos que fueron rivales desde el vientre materno, donde peleaban y pateaban entre sí. El primero era rubio y le llamaron Esaú. El segundo tuvo a bien agarrarse al talón de su hermano para salir de las entrañas de su madre y por eso se llamó Jacob. Muchos años después, ya crecidos y adultos, Jacob conquistó a su hermano para que le vendiera los derechos de la primogenitura, por un plato de lentejas y un pedazo de pan.

De este relato tenemos, que aquellas trifulcas en el vientre materno han dado nombre al conocido "signo de Rebeca", que es la percepción de movimientos del feto por parte de las gestantes. También, el texto bíblico hizo perdurar en la memoria de todas las épocas, esta venta por parte de Esaú, dando lugar a la figura literaria del "lentejismo", que significa: cambiar algo trascendental por casi nada.
 
En la mitología zoroástrica, tiene esta ancestral lucha de contrarios su exponente entre los hermanos gemelos Ahura Mazda (quien bajo la luz radica) y Ahriman (morador de la oscuridad). Sin embargo, en la cultura Maya de Centroamérica, los héroes gemelos, Hunahpu y Xbalanque, fueron venerados dioses por haber librado al mundo de monstruos y gigantes. Ellos rescatan a su padre, Hun Hunahpy y su tío, Vucub Huanhpu, del tenebroso mundo subterráneo del Xibalba, donde éstos héroes fueron atravesados por lanzas, terriblemente torturados y quemados, aunque sobrevivieron a estos tormentos.  

Así han sido los gemelos objeto de curiosidad, admiración, fascinación y respeto por algunas culturas, como de temor y rechazo por otras. De esta manera, su nacimiento era considerado como buen augurio entre unas tribus, pero en otras era tomado como una maldición. De una forma o de otra: acciones, desavenencias, tribulaciones y decisiones de los nacidos juntos, perdurarían en el recuerdo de las narraciones folclóricas y quedarían grabadas para siempre en la memoria de los pueblos.

En las mitologías de varios grupos humanos, a los gemelos se les considera formadores del mar y conquistadores de bienes culturales. A escala universal, frecuentemente se les hace participantes de la creación, o del surgimiento de la humanidad, confiriéndoles poderes sobrenaturales. En no pocos lugares del mundo, se les ha considerado transformadores del tiempo bueno en malo y viceversa, pues se relacionaba casi siempre: a uno de los hermanos como propiciante de la lluvia, y a otro causante del tiempo seco.

Gemelos renombrados aparecen una y otra vez de manera abundante, en las tradiciones orales del pueblo cubano, en casi todas ramas del frondoso árbol mitológico de la Mayor de las Antillas. Entre las creencias populares cubanas, está extendida la certeza que si un gemelo muere, el que permanece vivo debe recibir similar trato que el conferido al difunto, so pena de grandes calamidades. En la mitología taína, cuando el primero de los gemelos paridos por Itiba Cahubaba, descolgó la güira mágica en las que estaban lo huesos de Yayael convertidos en peces, “el agua llenó toda la tierra”.

Los gemelos en la mitología del aborigen cubano

Deminán Caracaracol (el Sarnoso), el primero en nacer de los cuatro gemelos engendrados por Itiba Cahubaba y de ellos el único nominado, tuvo un protagonismo importante en la cosmogonía de los últimos grupos aborígenes llegados al archipiélago cubano, en la etapa precolombina. Atrevido, irreverente y curioso, descuelga del árbol la güira que contenía los restos de Yayael, cae el recipiente de sus nerviosos dedos y rompe estrepitosamente, lo cual propicia su desparrame con abundante líquido y la mágica conversión del contenido en los primeros mares y peces del mundo aborigen. No contento aun con provocar aquellos excesos, de la guarida de Bayamanaco el iracundo, hurtó los secretos de crear el fuego y hacer el casabe, lo que le valió un guanguayo (escupitajo mítico) en su espalda, que luego se transformó en una joroba, de la cual sus hermanos gemelos extrajeron a Caguama, una mágica tortuga hembra, con la que todos ellos copularon para engendrar así a los primeros seres humanos. Se representa en idolillos como figura masculina con una gran giba en la espalda, bocas sin dientes y manos sobre las rodillas, tanto en cerámica, como en hueso o piedra.

Táyaba y Manatí eran los gemelos hijos de Masío y Mancanilla, la pareja primera y engendradora del resto de los seres humanos (especie de Adán y Eva de los indocubanos), que fueron creados ambos a su vez por Hullón (el Sol) y Maroya (la Luna), quienes ubicaron esta pareja en Okón (la Tierra) y les encargaron la compleja misión poblarla de seres nobles y aprovechar sus frutos. Cuando Masío y Mancanilla engendraron a los gemelos, el padre quiso nombrarles Agabama y Guaurabo, respectivamente, pero Mancanilla deseaba ponerles Táyaba y Manatí, por ello discutieron durante buen tiempo sin acuerdo, y como los jimaguas estaban destinados a regar los valles para conservar la productividad de las tierras, intervinieron en el desacuerdo Hullón y Maroya, quienes les aconsejaron denominarles Agabama-Manatí y Guaurabo-Táyaba, desde entonces estos dos ríos que bañan la región espirituana, tienen nombres compuestos.

Baibrama era para los aborígenes el cemí vigilante de la calidad del casabe, también de la salud y los cultivos. Castigaba a quienes descuidaban los sembradíos. Su excesivo celo le hizo ganarse el mote de "Feo y Malo" (Buya y Aiba), que por la mayoría de los investigadores se considera también como especie de desdoblamiento en gemelos. Algunos estudiosos concuerdan que en Cuba, a Baibrama se le conoce también por el nombre de Mabuya. Cuenta el mito que una vez, durante una guerra, en el comienzo de los Tiempos, Baibrama fue quemado y casi destruido por sus enemigos; rescatado por sus veneradores, lavado en gran ceremonia, con el zumo de la yuca, y por ello le crecieron de nuevo brazos, piernas, y brotaron sus ojos; de su cuerpo desapareció la piel afectada y el tizne de la quemazón, de modo que este numen recobró su antigua vitalidad. Se representa en idolillos pétreos, mediante figuras de rostro feroz y cuerpo extremadamente delgado, con costillas visibles.

Boinayel y Marohu, gemelos nacidos en la caverna de Iguanaboina. Hijos de la Serpiente Parada. Boinayel era el propiciador de las lluvias bienhechoras. Se representa, generalmente con ojos llorosos; otras veces en ídolos con ojos sesgados, de los cuales se desprenden hilillos de lluvia fertilizantes del suelo; también en pequeños ídolos de piedra; en decoraciones de vasijas de barro junto a su hermano; o en petroglifos de cavernas, entonces por lo regular solo. Su hermano Marohu, es deidad del tiempo despejado, sin lluvias. Causante de las temporadas secas, quien equilibra la acción de su mellizo lluvioso. Se le representa como un ídolo siamés, con su hermano pegado a él, aunque también a veces solo, con ojos ahuecados y boca sin dientes, muy esquematizado.

Taguabo (espíritu del agua) y Maicabo o Maitabó (de la seca), fueron idolillos encontrados en 1945 dentro una cueva de las cercanías del poblado de Banes, en la actual provincia de Holguín. En esta región existen creencias entre la población de origen campesino, de personas que conservan a Taguabo en un recipiente con agua y le hacen rogativas cuando no llueve, algunos incluso afirman, que si lo sacan del líquido elemento, la casa se quemará. Es un curioso caso de continuidad del mito aborigen, convertido en tradición popular campesina, que pudiera estar aun vigente en las afueras del poblado de Antillas, en la provincia de Holguín.

Según nos cuenta el conocido antropólogo James J. Frazer, en su obra, La rama dorada, existían varios lugares de Francia, donde era costumbre introducir un santo en recipiente con agua, para producir la lluvia. En diversos sitios de Navarra, España, se acostumbraba rogarle a san Pedro, para atraer la lluvia. Los aldeanos trasladaban su imagen al río en procesión, donde por tres veces le invitaban a concederle sus peticiones. Así como se hacía en Mingrelia, Rusia, donde zambullían una imagen especialmente santa, todos los días en el líquido elemento, hasta que llegara la lluvia. Incluso en el extremo Oriente, los shans riegan la imagen de Buda con el líquido elemento, en épocas de sequía para inducir el “llanto del cielo”.

Los gemelos, en la visión del catolicismo popular cubano

Cosme y Damián, son gemelos reverenciados por algunos de los creyentes católicos en Cuba, generalmente los de más avanzada edad. Siempre relacionados con la salud, existiendo incluso una oración relacionada con ellos. Estos hermanos, eran médicos provenientes de una distinguida familia eslava que luego de abrazar la fe católica, sufrieron cárceles y tormentos; fueron quemados y sumergidos en el mar, heridos con piedras y saetas, no obstante sobrevivieron por voluntad divina. Durante su existencia terrenal, devolvieron salud a los enfermos y fortaleza a los débiles de espíritu. Ambos fueron declarados en santidad oficialmente, por el máximo pontífice de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Santa Serpa y santa Porfiria; así como santa Justa y santa Rufina, han sido también gemelas reverenciadas por el cristianismo popular en Cuba. Justa y Rufina nacieron en la ciudad de Sevilla, en el siglo II de nuestra era. Eran de familia humilde, ambas hermanas vendían recipientes de barro cocido. Consideradas como fanáticas peligrosas por romper una vasija decorada con imagen pagana, fueron apresadas y torturadas para que abandonasen sus ideas, pero sus enemigos no lo lograron. Justa, murió en la cárcel sin abdicar de sus creencias y a Rufina, le aplastaron el cráneo con una piedra de gran tamaño. En Cuba, son patronas de los alfareros y su día se celebra el día 19 de febrero.

Concordancias significativas

Obsérvese la concordancia en el mitologema de los gemelos heridos, torturados y quemados: en el caso de la mitología Maya de Centroamérica, con los héroes gemelos, Hunahpu y Xbalanque; en la mitología aborigen antillana, con Baibrama, domesticador de la yuca, quien también es quemado, desmembrado y rescatado por sus veneradores, siendo regenerado con el sumo del citado tubérculo, que luego desdobla en los gemelos Buya y Aiba (Feo y Malo). Así como  en las creencias del cristianismo popular, en las figuras de los santos Cosme y Damián, Justa y Rufina, también torturados, quemados y atravesados por saetas los unos y masacradas violentamente las otras, sin que lograsen hacerlos abjurar de su fe.

Los gemelos en el aporte afrodescendiente

Entre las corrientes de pensamiento afrodescendientes, que aportan extraordinario y profuso caudal al imaginario colectivo del pueblo cubano, los gemelos conservan gran significación.

 "Entre los abakúa"

Aberisún y Aberiñán son los gemelos albinos presentes en el relato de la sociedad secreta abakuá, quienes toman en su poder la güira donde se encuentra el pez mágico Tanze. Los hermanos  reclaman que se les dé comida antes de matar (en su drama ceremonial) a la princesa Sikán, personaje de la peculiar mitología abakuá, condenada a muerte por haber sacado de las aguas al pez creído sobrenatural. Aberisún es personaje litúrgico de la tragedia ritual de los ñáñigos. Es uno de los íremes o diablitos, encargado del sacrificio del chivo. Pero antes, Aberisún de rodillas debe mirar al cielo, persignarse, implorar en silencio. Luego describe un gesto suplicante con las manos y salta dos veces por encima del animal. Después de oficiar como verdugo, toca a la puerta del fambá (recinto sagrado), pero no lo dejan entrar y se marcha.

"Los Ibeyis de la Santería cubana"

Varón y hembra eran los Ibeyis, gemelos hijos de Changó y Ochún, pero criados con gran amor por Yemayá. Queridos por todos los orishas. Juguetones, golosos y traviesos, se les considera en esta línea de pensamiento devocional, patrones de todos los niños. Viven en el interior de la Palma Real. En la Regla de Ocha o Santería cubana, también se les conoce como: Taebo y Kainde (los más populares); también Araba y Aína (masculino y femenino); así como, Olori y Oroína. Aunque en otras ramas de la misma regla se les denomina con otros nombres, como: Alawa Kuario y Eddún; Ibbo Itagui e Idoú. Para algunos, los Ibeyis, son los patrones de los barberos y cirujanos en Cuba.

Los Ibeyis se representan a veces en la santería cubana, con dos pequeños muñecos tallados en madera, sentados sobre taburetes unidos por una cinta o cordel. El varón con un collar de Changó y la hembra con otro de Yemayá. Llevan dos pequeñas tinajas, cada una porta cuatro piedras y media mano de caracoles. Las piedras del macho son alargadas (en forma de falo) y las de la hembra en forma de vulva. Una simpática leyenda (Pattakí) oriunda de la cuna de dicho sistema de creencias, cuenta como vencieron al diablo bailando al ritmo del tambor, turnándose el uno con el otro, hasta rendir de cansancio al cornamentado y maléfico ser.

"Los mellizos del vodú"

Los Marassá (también Masá), son los gemelos del vodú, tal como se ha adoptado en sus variantes cubanas. Ocupan un lugar especial en esta corriente devocional, ya que pertenecen a una categoría particular de divinidades, “aparte” de los otros espíritus. Se dice que son más poderosos que los propios luases (dioses del vodú). Invocados y saludados (en algunos lugares) al comienzo de una ceremonia, los Marassá después la presiden. Según algunos autores, en una misma liturgia son conjurados por separado: los luases, los muertos, los Marassá y Dios.

"Entre los yurubas"

Entre las corrientes de pensamiento descendientes de los yorubas, en los secretos, intrincados y misteriosos caminos de la Regla Palo Monte, señorean los gemelos Ntala y Nsamba, que para muchos se consideran hijos de Siete Rayos y de Centella Endoqui.

La visión de los gemelos

Contemplada de esta manera, la visión de los gemelos en el imaginario popular cubano mantiene un carácter más bien simbólico en todas las épocas. Pueden vislumbrarse como figuras arquetípicas, que nunca mueren ni envejecen, con la eterna misión de comunicar enseñanzas más allá de preceptos religiosos e incluso filosóficos. En realidad, los gemelos en estos relatos mitológicos, se comportan como símbolos.

Al ser conceptuado todo simbolismo, como un proceso de mediación en función de un conocimiento concreto, puede inferirse que su carácter está en brindar una interpretación acorde al grado de desarrollo de la sociedad en que surge, provocando el establecimiento de patrones de conducta y comportamiento, para lograr con ello el acatamiento de una ética social del grupo que le acoge.

Las tradiciones filosóficas predominantes de Occidente, divulgadoras del punto de vista que la experiencia humana está basada en el concepto de las dualidades como oposiciones binarias (mente y cuerpo; masculino y femenino), pretenden vendernos la idea que el mundo está configurado en redes de fuerzas opuestas (dualismo cartesiano); lo que nos  lleva sin lugar a dudas a un universo moral muy acorde a facilitar la división en fracciones, que solo sirven de cimiento sólido a los tortuosos caminos por donde han de llegar los carros de la guerra.  Cuando la verdadera esencia que nos delegan estos mitos, es simplemente que: siempre seremos en esencia, contenedores de dos aspectos diferentes, de una misma y única realidad.

Las enseñanzas que nos han regalado los gemelos en esta visión del imaginario popular, es la imperiosa necesidad de equilibrio entre estos dos aspectos y las consecuencias de “lo que puede ocurrir cuando no existe este equilibrio.” Pero…, ¿cómo lograr esta armonía?, se preguntarán muchos. Esta misma visión multiétnica y polifónica nos está indicando, que cada cual tiene su propio camino para encontrarla. De esto trata el símbolo, de reducir los principios a hechos y condicionar al humano para su interpretación. Es por eso que cada pueblo del mundo posee su propia versión de los mismos temas.

Estos relatos míticos han estado presentes desde siempre en todo ser humano. Ya sea que se configuren en el plano mental y conformen en un inconsciente colectivo; o vengan con nosotros desde el nacimiento, en el más intrincado escondrijo del ser y pervivan en algún inexplorado rincón genético. Lo cierto es que, en sus símbolos están contenidos principios elementales que se eternizan, constituidos en una memoria ancestral. Una memoria inmanente, que bien puede ser el embrión de una temprana conciencia superior.

Fuente

Rivero Glean, Manuel y Chávez Spínola, Gerardo: Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba, Instituto de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2005. ISBN 959-242-107-2.

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