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José Antonio Portuondo, un estudioso esencial de las letras cubanas.

Marta Lesmes Albis, 16 de marzo de 2012

 José Antonio Portuondo (Santiago de Cuba, 1911- La Habana, 1996), cumpliría cien años el 10 de noviembre de 2011. Como hombre de indiscutibles aportes al legado de los estudios literarios en nuestro país y en toda Iberoamérica, como hombre de letras que dio prestigio a la cultura cubana, justo es que se le recuerde.

Desde muy joven afloraron en él inquietudes literarias, tanto creativas como analíticas. Su iniciación parece estar asociada a la literatura y el periodismo literario a la vez, pues, en esos años, escribió poesía y prosa de manera simultánea. Pero la creación parece haberle motivado primero y de ello da fe la aparición del cuento «Muchacho nuevo»1,en el periódico estudiantil La Salle, en enero de 1932. A partir de entonces, la narrativa sería una inquietud suya constante. Es conocida su intención de escribir una novela policial, esfuerzo que nunca llegaría a concretar. En cambio, su interés por el género se vería recompensado con una de las vertientes de su quehacer que, al cabo, lo consagraría, el de estudioso de la literatura, mediante importantes trabajos críticos como la antología Cuentos cubanos contemporáneos (1946) y En torno a la novela detectivesca (1947), entre otros. Aquel mismo año de 1932, debuta en tendencia crítica de su obra cuando publica una nota2 sobre Uno, el primer libro de poesía de Angel Augier,3 en el Diario de Cuba de su ciudad natal (Santiago de Cuba),4 al parecer, su primer texto crítico conocido sobre el género. La crítica sería un ejercicio arduo que lo acompañaría a lo largo de toda su vida, a través de comentarios periodísticos acerca de autores cubanos como José Antonio Ramos, Félix Lizaso, Rubén Martínez Villena, Luis Felipe Rodríguez, Enrique Serpa, Rómulo Lachatañeré, Juan Marinello, Nicolás Guillén, Carlos Montenegro, Mirta Aguirre, Alejo Carpentier y José Soler Puig, entre otros.

No es de extrañar, pues, que conjugando las propias inquietudes artísticas con los ecos de un procedimiento crítico como el biográfico, Portuondo ofreciera su concepto de la poesía de Julián del Casal, a través de un texto cercano a la biografía novelada, dentro de una concepción biográfico psicologista de la crítica literaria. Buena parte de Angustia y evasión de Julián del Casal (1936) posee un encanto similar al de cualquier obra narrativa o biografía. Sin embargo, el acento fictivo no esconde una intención socializadora presente desde los inicios. Desde el párrafo inicial, se declara la posición social del joven poeta al nacer, su parentesco por parte de madre con el apellido de la Lastra, de estirpe eclesiástica y, por parte del padre, con el abolengo marinero de los Casal. Tan sensibilizado está el autor con el tema, que no logra el distanciamiento necesario para explicar el objetivo de su acercamiento, así como también es consecuencia de esta mirada tan aprehensiva suya la no referencia al movimiento literario en el que Casal se inscribe, sus valores y aportes. Solo cuentan allí el poeta y su circunstancia. Nada se habla del modernismo latinoamericano, no se esgrime ningún juicio de valor sobre el movimiento y sin preámbulos, se aboca a sus propósitos y cae in media re.

La elección del método tiene aliados circunstanciales. Manifestar la crítica a la manera de la ficción, es rasgo común a muchos de sus coetáneos. Durante la primera mitad del siglo, muchos críticos comparten su quehacer con los escritores de ficciones y suelen presentar sus textos críticos como hibridaciones donde la prosa reflexiva, concretamente el artículo periodístico, se permea de elementos de la prosa literaria, particularmente de la narrativa.

Sus incursiones en el campo de la creación alcanzan también al campo de la poesía con sus versos de tendencia negrista.5 Pero, indudablemente, la mayor contribución de Portuondo a la cultura cubana se produjo desde la Academia, desde el campo de las Humanidades, ese lugar tan denostado a veces por quienes conservan el criterio decimonónico de que el crítico o el estudioso de la literatura no es también un creador. Portuondo pudo visualizar el estudio de la literatura cubana, así como el de la iberoamericana, desde una perspectiva totalizadora, dentro de la concepción clásica de la Ciencia de la Literatura. Puede decirse que, en la tendencia marxista de los estudios literarios, José Antonio Portuondo es autor, en Hispanoamérica, de textos fundadores.

Sus diversas preocupaciones sobre problemas literarios, serían expresadas desde sus inicios como crítico, si bien la emergencia definitiva del ensayista no se produciría hasta 1936.6 A partir de entonces, se profundizan las ideas que luego se concretarían con amplio registro en lo

sociohistórico, lo estético y lo cultural, bajo el tutelaje de intelectuales de la talla de Juan Marinello, Pedro Henríquez Ureña, Fernando Ortiz y Alfonso

Reyes.

Cuando dicta su primera conferencia, Angustia y evasión de Julián del Casal, ya Portuondo ha demostrado estar imbuido del espíritu cientificista de las primeras décadas del siglo, dando pruebas de sus posibilidades para emprender, como ha afirmado Luis Toledo Sande, “una labor analítica y difusora de nuestra cultura, a través de un curso radial publicado después con el título de Proceso de la cultura cubana”,7obra con la cual se

anticipa a la tendencia historizadora de la cultura y de la literatura cubanas que se producirá en la década del cuarenta. Este texto, además de su valor fundacional, sobresaldría, al cabo, por el profundo conocimiento demostrado y las atinadas reflexiones sobre el devenir cultural nacional, expresadas por el autor, a pesar de su juventud. Sin haber alcanzado el merecido y unánime reconocimiento posterior, sin ser el ensayista rotundo de años futuros, la calidad del texto es indiscutible.

El gesto individualizador de sus primeros enfoques críticos, entrelazado a las perspectivas biográfico-psicologista y a la social contextualizadora, tendrá cierto predominio en su producción ensayística posterior y total protagonismo en textos como El contenido social de la literatura cubana (1944) donde demuestra un postulado esencial: la función social de la literatura es una de sus funciones trascendentales. Al explicar los propósitos de la obra verificamos que los mismos serán determinantes en la estructuración de sus investigaciones antes y después de su aparición, y tanto en Angustia y evasión de Julián del Casal, como en José Martí, como crítico literario (1953), Portuondo aplica rigurosamente dos principios de su metódica, el enfoque con interés en: a) las cuestiones humanas en su específica circunstancialidad; y b) los problemas ¨nuestros¨ que exigen de una meditación teórica y una solución práctica.8

Años después, al publicar José Martí, crítico literario Portuondo no se ha desentendido del todo del método biográfico, pero es indudable una mayor coherencia y organicidad de sus ideas marxistas, aplicadas esta vez al estudio de una faceta en la obra de un autor. Se libera del lastre de la variante psicologista de la crítica, pero el método biográfico se fortalece con la perspectiva sociológica.

Fue Portuondo uno de los primeros en dedicarse seriamente a Martí como crítico literario. El interés por la figura y su obra, será constante a lo largo de su trayectoria y en particular presentará el tema de la crítica literaria martiana en varios de sus acercamientos. En 1942 aparece su trabajo «Aspectos de la crítica literaria en Martí» que precede a José Martí, crítico literario en casi una década. Su interés particular armoniza con la investigación en aspectos esenciales de la crítica literaria. No debe perderse de vista el hecho de que Portuondo había analizado el comportamiento de la crítica literaria, particularmente la de nuestro continente, en varios trabajos anteriores como «Fidelino de Figueiredo y la Criteriología literaria» (1946) y después lo haría en sus recordados ensayos de carácter histórico Situación actual de la crítica literaria hispanoamericana (1949) y Crisis de la crítica literaria hispanoamericana. (1952).9

Solo cuando ha realizado el estudio previo de determinadas problemáticas teóricas, metodológicas y epistemológicas sobre la crítica literaria en general y sobre la ejecutoria individual martiana, Portuondo puede ofrecer uno de los primeros intentos de establecer las principales coordenadas del quehacer martiano en tal sentido con una probada experiencia analítica.

En medio de su ejercicio crítico, se yerguen las preocupaciones teóricas de Portuondo sobre la literatura y estas se plasmarán en un texto fundador del pensamiento literario en el continente: Concepto de la poesía (1945). Es esta una obra capital, que muchas veces se ha considerado creada bajo la tutela de Alfonso Reyes durante sus años de estudio en El Colegio de México. Con Concepto de la poesía, Portuondo se anticipa a su maestro.

Los detalles históricos acerca del surgimiento y aparición pública de ambas obras han sido debidamente aclarados.10 En 1944, aparece en México

el libro iniciador de los estudios teóricos en materia literaria en Hispanoamérica: El deslinde; prolegómenos a una Teoría de la Literatura (1944). De acuerdo con Roberto Fernández Retamar, el texto constituía la base de un curso que se impartiría entre junio de 1943 y marzo de 1944, en El Colegio de México, según confesiones de su autor, el insigne Alfonso Reyes (Fernández Retamar, 1982: 218). Concepto de la poesía (Introducción a la teoría de la Literatura), había sido presentado por Portuondo como tesis para optar, en 1942, por el grado de Doctor en Filosofía y Letras, por la Universidad de La Habana. El entonces doctorando hizo constar el aporte fundamental de su obra en nota de advertencia, donde especifica la novedad de la misma tanto en lo que concierne a su carácter teórico, cuanto a la inusual orientación de su enfoque científico, la adopción del materialismo dialéctico como criterio científico rector. Sería después, entre 1944 y 1946, que Portuondo realizaría estudios e investigaciones de Teoría Literaria bajo la orientación de Alfonso Reyes, al mismo tiempo que ejerce la docencia en El Colegio de México.

Concepto de la poesía, difiere sustancialmente de El deslinde. En el texto «Alfonso Reyes y la teoría literaria», de 1944, Portuondo explica, crítica y rigurosamente, la contribución del ilustre mexicano a los estudios literarios desde la perspectiva teórica, así como da cuenta de sus indagaciones previas al respecto en su importante trilogía: La crítica en la edad ateniense (1941), La antigua retórica (1942) y La experiencia literaria (1943). Al tiempo que reconoce la contribución de Reyes a la sistematización de las ideas sobre la literatura, realiza en el mencionado texto otras observaciones y precisiones importantes. El método fenomenológico aplicado por Reyes tiene validez “deja abiertas innumerables posibilidades a ulteriores investigaciones y es todo él una invitación a penetrar en los problemas de la teoría literaria”, pero lo desautoriza como instrumento de análisis de la literatura, vista como fenómeno histórico y cultural, y como función social. Cuando aparece «Alfonso Reyes y la teoría literaria» en La Gaceta del Caribe, en 1944, aún Portuondo no ha publicado su Concepto de la poesía, como sabemos anterior, pero publicado al año siguiente de El deslinde. Al hacerlo, realiza un acto de justicia al reconocer los méritos del autor, pero también va condicionando el terreno para la presentación de su propia obra, que el público no realice un vínculo mecánico entre ambos textos, no establezca una deuda a priori, sino que se tengan en cuenta las sustanciales diferencias entre ellos respecto del método seguido porque, si bien la fenomenología es parcialmente útil, el método marxista es para él, totalmente idóneo en la investigación de la literatura, desde cualquier ángulo.

Aún está por sistematizarse todo el pensamiento teórico de Portuondo acerca de la literatura, pues aunque Concepto de la poesía (1945) resulta un texto capital, no agota en él todas sus teorizaciones al respecto y sus ideas permanecen dispersas entre los numerosos trabajos intencionadamente teóricos, así como en aquellos en donde ejerce la crítica o realiza aproximaciones de carácter específicamente histórico, habida cuenta de las lógicas interrelaciones entre la Teoría, la Historia y la Crítica literarias, así como entre otras disciplinas cercanas como la Estética. De hecho, Concepto de la poesía es la demostración perfecta de cómo lo teórico, lo histórico, lo estético y el ejercicio de la crítica, constituyen una unidad fundamental en el pensamiento y la obra de José Antonio Pportuondo. Muchos de los ensayos de corte teórico (Concepto de la poesía) o crítico (Angustia y evasión de Julián del Casal y José Martí, como crítico literario) ofrecen a través de lo histórico una parte de la explicación de los fenómenos literarios en sus procesos evolutivos. Si en sus estudios teóricos y críticos importa la historia y a través del análisis diacrónico se determinan conceptos de actualidad, se caracterizan etapas y movimientos literarios, o se contextualiza la obra de algún creador, debe recordarse que también cultivó trabajos de corte propiamente histórico donde ocurre el proceso inverso, como en «Períodos y generaciones en la historiografía literaria hispanoamericana» (1948), «Realidad y falacia de las generaciones» (1950), La historia y las generaciones (1958) y Bosquejo histórico de las letras cubanas (1968), entre otros.

El temprano interés de Portuondo en la teoría generacional y sus constantes trabajos, “lo sitúan entre los iniciadores y principales exponentes de la historización literaria de la etapa y aún del siglo”.11 Exponente de la aplicación de la teoría y el método generacionales al estudio de la literatura,

desde la óptica del materialismo dialéctico e histórico, la mayor contribución de sus trabajos de este corte es la crítica a su uso indiscriminado y su enfoque seudo-científico. Se afana en explicar cómo las categorías históricas no pueden tener un valor absoluto, pues no son más que instrumentos para la ubicación, la caracterización y la determinación concerniente a una época, una etapa, un género o específicos códigos expresivos de un autor. Carecen de valor per se y deben verse a la luz de las condicionantes de la sociedad en un momento histórico determinado.

Al tiempo que con su obra historiográfica se proponía realizar determinaciones temporales propias, estaba consciente del alto nivel de problematización del método adoptado y de su carácter altamente polémico, y en cualquier caso el suyo era, como afirmaba, un interés periodológico que aspiraba principalmente a proponer un tema de discusión a los historiadores de la literatura hispanoamericana y a los especialistas en Teoría Literaria, debido al lastre que representaba por el empleo de juicios contradictorios y caprichosas absolutizaciones por parte de quienes lo aplicaban. El principal aporte de Portuondo al emplearlo estriba en desentrañar y rectificar errores en su aplicación.

Con «Las generaciones literarias cubanas. El problema de las generaciones» (1981), Portuondo tenderá un puente entre su sentido histórico anterior y el último y más ambicioso de sus proyectos históricos, la Historia de la literatura cubana que viera la luz después de su muerte, pero que lleva el sello de su proyección teórica y metodológica. Las ideas contenidas en ese breve trabajo parecen ser las disposiciones metodológicas iniciales de esta obra mayor. El aspecto científico del enfoque sobresale y pone frenos a los imponderables.

José Antonio Portuondo dirigió, ya en sus últimos años de vida, la Historia de la literatura cubana, obra monumental de un numeroso equipo de investigación del Instituto de Literatura y Lingüística, fundado por él en 1965. En ella queda superado, no anulado, el empleo del método generacional, así como la idea de que tales tareas pueden ser obra de un solo individuo. Entre sus aciertos está el de entender la historia literaria dentro de la historia nacional y del proceso de la cultura. Se intenta una periodización donde lo propiamente histórico, lo cultural y lo literario se integran en una rigurosa, pero no incómoda periodización. Desde las posiciones del marxismo, un nutrido grupo de investigadores no tuvo solo en cuenta la bibliografía conocida, sino que indagó en fuentes bibliográficas primigenias (revistas, periódicos y materiales de archivo correspondientes a las etapas estudiadas) para acceder a la información sobre problemáticas poco trabajadas por la historiografía literaria anterior, así como fue de notable un hecho sin precedentes: la incorporación de la crítica dentro de la concepción literaria de la historia.

En la propia historia de la literatura cubana, cuyos cánones revisitados contribuyó a actualizar, José Antonio Portuondo destaca por: 1. la dedicación desde las posiciones del marxismo, al estudio de las disciplinas humanísticas, y más concretamente, de los enfoques literarios, 2. la formación de nuevas hornadas de investigadores, durante los años de elaboración de la mencionada historia de la literatura y 3. el fomento entre los jóvenes de una conciencia científica. Sus trabajos abarcaron las principales líneas de la Ciencia literaria. Utilizó adecuada y creadoramente los métodos científicos. Dominó temas y diversificó estrategias, trabajó la prosa con elegancia. Su obra, empero, reclama todavía el estudio sistemático que muestre, a la luz de nuestros días, sus principales aportes y todo su magisterio pleno de fecundaciones.

1 Este cuento y otros textos de Portuondo fueron presentados por el investigador Ricardo Hernández Otero en el dossier que dedicara La Gaceta de Cuba por el centenario de su natalicio, al destacado intelectual cubano, en el año 2011.

2 López Lemus, Virgilio. «El ensayo y la crítica marxistas en su desarrollo posterior: Roa, Augier, Portuondo, M. Aguirre y C. R., Rodríguez». En Historia de la literatura cubana. La Habana, Editorial Letras Cubanas, tomo II, 2003, P. 687.

3 Espinosa, Carlos. «Con Portuondo.» /entrevista/ Casa de las Américas; La Habana, n.131, pp.123-128. 1982, P. 125

4 Según la Bibliografía de José Antonio Portuondo, elaborada por Ricardo Hernández Otero y Antonia Soler, aún inédita.

5Yáñez, Mirta. «El Portuondo secreto.» /entrevista/ Revolución y cultura. La Habana, n. 1, enero, 1987, pp. 2.

6Ibidem, p.9

7Sande, Luis Toledo. «José Antonio Portuondo, martiano y marxista.» Casa de las Américas; La Habana, n. 203, abril-junio, 1996, pp.91-95.

8 Portuondo, José Antonio. El contenido social de la literatura. México, El Colegio de México, 1944, pp. 4.

9 Años después, su enfoque alcanzaría un mayor nivel de problematización de sus asuntos teóricos intrínsecos cuando diserta acerca de la condición del crítico literario en la sociedad cubana posterior al triunfo de la Revolución, en el trabajo «Más sobre la crítica» (1963), incluido en su libro Ensayos de estética y teoría literaria. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1986, pp.402-409.

10 Véanse textos como «El compañero crítico José Antonio Portuondo», de Roberto Fernández Retamar donde se explican. Universidad de la Habana; La Habana, n. 216, 1982, pp.212-226.

11 López Lemus, Virgilio. Ibidem. p. 670.