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La poesía de Francis Sánchez

Tropos, 19 de marzo de 2012

La poesía de Francis Sánchez es de gran riqueza instrumental: con esos vivos utensilios erige un finísimo temblor ontológico, una  delicada angustia por el ideal perdido. Su postura enunciativa se asienta en la eternidad de la poesía, en el sedimento histórico de la palabra: acarreando el idioma a través de todas las aduanas estilísticas entra en su circunstancia a levantar lo caído, a ofrecer su garganta a lo victimado por el destino. Sus asociaciones, aunque se ocupen de referentes inmediatos, se establecen en lo imponderable, en lo que ya es desasido, por haber encontrado una música melancólica y noble en las dibujadas brumas del espíritu. No se trata de poetizar, sino de aligerar el tránsito, de ofrecer un testimonio de la caída y la resurrección. El caos no parece sujetarse al número, pero el caos puede ser plasmado a través del número. Por eso sus poemas siempre tienen un ritmo benedictino, incluso cuando se aventuran en la asimetría, en lo deshilvanado del suceso. La circunstancia lo empuja hacia la oniria, y él pone la escala que acompasa la entrada en lo definitivo: el oculto ritmo y el símbolo alzado desde la anécdota. Aunque parece haber visto el zarcillo salvaje, despliega sus cundiamores en un cercado próximo a casa, donde habla con los suyos, y ve desde los suyos y el entrañable espacio de su infancia los episodios en que los hombres desorganizan lo perfecto. Su poesía batalla por restituir lo perfecto, sabiendo, con mucho dolor, lo imposible que resulta para la naturaleza humana, y para la palabra como instrumento de testificación y milagro. La aventura lírica de Francis Sánchez es una de las más interesantes del rico conjunto contemporáneo de la poesía cubana.

Roberto Manzano

Francis Sánchez Rodríguez (Ciego de Ávila, 1970.) Miembro fundador de la AHS Asociación Hermanos Saíz de su provincia natal, en 1986, cuando fue electo responsable de la sección de Literatura. En 1996 ingresó en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Pertenece al grupo de intelectuales avileños católicos que en 1997 fundó la revista sociocultural trimerstral Imago, en la que trabaja como redactor desde entonces. Es miembro fundador de la Unión Católica de Prensa de Cuba (UCLAP-CUBA) desde 1998. Actualmente trabaja como Jefe de Redacción de la Revista Cultural Videncia, y junto a Ileana Álvarez González componen la Revista Poética Digital Arbol Invertido.  Tiene publicados, entre otros, los siguientes libros: Empapado por virutas (plaquette de poesía), 1985; Revelaciones atado al mástil (poesía, finalista del Premio Nacional de la Crítica), 1996; El ángel discierne ante la futura estatua de David (poesía, Premio “América Bobia”), 1999; La poesía cósmica de Francis Sánchez (poesía), México, 2000; Luces de la ausencia mía (poesía en décimas, Premio internacional “Miguel de Cervantes”, España), 2001; Reserva federal (relatos), 2001; Música de trasfondo (poesía, Premio “Poesía de primavera”), 2001; Dulce María Loynaz: La agonía de un mito (ensayo, Premio "Juan Marinello"), 2002; Cadena perfecta (cuento, Premio “Cirilo Villaverde”), 2004; Nuez sobre nuez (poesía), 2004; Un pez sobre la roca (poesía), 2004; Caja negra (poesía), 2005 y Extraño niño que dormía sobre un lobo (poesía), 2006. Textos suyos aparecen en diferentes antologías, tanto en Cuba como en el extranjero.

Premios y menciones obtenidas: Premio Concurso Nacional de Poesía «Regino Boti», Guantánamo, 1996. Premio Nacional de Ensayo «Juan Marinello», 2000. Premio de Internacional de Poesía «Miguel de Cervantes», Armilla, España, 2000. Gran Premio del Concurso Nacional de Poesía «Regino Pedroso», 2001. Primera Mención en el Premio Nacional de Edición, 2002. Premio Nacional de Narrativa «Cirilo Villaverde», 2003. 2do Premio del evento «Memorias» de las Romerías de Mayo, Holguín, 2004.

 
 

ACOTACIÓN DEL AMANUENSE

Supe desde el principio cómo mi obra
ardía en la mudez que arrastra el río,
izada en el albor informe y frío
de piedras que no suenan por el fondo. Zozobra
ni delirio buscaba en mi carcaj, al ver
la sombra, tan vacía. Asible agua
fui, donde se miró el rostro que fragua
el sueño sin contornos. ¿Detener
perpetua arena de oro, las orillas, al lado
de tener la continua certeza del pasado?

Supe alguien cual país o cielo undoso
muriéndose al final de mí, cual cebo
para atrapar la voz, suicida nuevo,
de sí echado a la cruz, para siempre en el foso
de leones que es el tiempo. No dictaban, no supe
un niño solo en un jardín tapiado,
con su hueca mano el rostro más odiado
cubriéndose. Y en nada de esto cupe
más que como otro pálido despojo de una estrella
al hundirse en el mar: fui, sin chistar, tras ella.

Los confines me atañen como vagas
ideas, instintos de un dolor oculto.
¿No debió a mí ocurrírseme el insulto
de las noches? ¿No a mí mucho antes estas plagas?
¿Qué grito, que luz propia se ahoga en las orillas?
Hago agua el corazón por devolver
arriba el galeón de oro en mi ser
hundido siempre. Sueño de rodillas.
Tal vez cuando el relámpago en su mayor pobreza
caiga, me hará inclinar distinto la cabeza.


ATLAS

he aceptado mi cuerpo. máquina grasienta donde son descorazonados minuciosamente los plausibles gorriones. esas gaviotas tullidas que sólo anuncian horizontes aplastados contra la tierra artificial del jardín. lo he dejado crecer. levantaba el piso. agrietaba sordamente las paredes.
adonde quiera que huía, marchaba delante de él, presintiéndolo. dentro de mi memoria, siempre irradiaba por delante de mí con la autosuficiencia de una colina para acoger el desfogue de dos ejércitos tras largas jornadas de ostracismo, niebla y rabia. sin darme cuenta, reunía, arrancaba mis primeras armas en sus propias pendientes abruptas.

salí afuera, y lo miré desde arriba. es torpe como una carreta cargada de carbón. vendrán por él. pagarán sus jorobas y sus llagas con abismos talados y sonantes. y no tendré dónde esconderlo. no habrá una sola muerte en mi vida que parezca de su tamaño. ni una pérdida sola, ni una cruz vacía habrá, apuntalando el almidón de mis noches, que lo justifique.


VOZ INTERIOR

Y el que había muerto salió,
atadas las manos con vendas,
y el rostro envuelto en un sudario.

(S. Juan, 11, 44)

Como de ojos es el fondo.
Ten blanda fe. Vuelve al río
distinto siempre, el vacío
de la culpa, y sé más hondo.
Sé tú: grito solo, orondo
día afuera de Dios. Cuaja
tu sed: corazón, migaja
donde apoyar la cabeza:
sombra entre la sombra espesa.
¡Ven, Lázaro, otra vez! Baja...


CONFESIONES DEL TONTO DE LA COLINA A LA BELLA DURMIENTE

Gigante a cada paso espantando la risa
de un niño como enferma bandada de palomas,
carcelero de sombras chinescas y de aromas,
lobo que ensambla un pífano con su amarga ceniza
para salvarse lejos, en el eco, en la misa
oscura de la sangre... ¡Soy yo, Bella Durmiente!
Todos somos el Cíclope, el mar con una ardiente
astilla atravesándonos desde la infancia al ojo.
A morir me acostumbro, a soñar el mar rojo
de tus labios, prohibidos, eternos de repente.
Me hizo crecer el miedo. Crecía como un monte
buscándote entre musgos. Aunque eran mis pies blancos
aullidos en gavillas, ni sobre los barrancos
pude hacia ti juntarles... Hendías tu horizonte
con el vino de un sueño, el Leviatán bifronte
que azoro, mientras me iba domesticando el frío.
Una rosa en lo oculto del bosque es mi extravío,
un ruiseñor que juega a desmentir su fe
sin espejo, sin ecos... ¿Algún día tendré
ante el sol la estatura perfecta del rocío?


INVOCACIÓN A ILEANA ENTRE LAS SÁBANAS DEL CREPÚSCULO

Descansa de ti un poco sobre esta rama en flor,
abreva la espumosa leche hurtada al abismo
de mis huesos y corta con tu desvelo el mismo
éxtasis que estirábamos desde el sueño al dolor.

Enseña como un par de anillos el temblor
de mi agua que penetra en tu garganta oscura
clamando por sus gárgolas, fino temblor que dura
el doble de mis dientes en el fiel de tus ojos.

Mira, ya robar puedes uno a uno los rojos
nenúfares que soy, el pan sin levadura
con que se han consolado siempre alegres zagales
a través de las frías y aisladas cordilleras.

Fui levantando un muro en torno a las primeras
caricias, y ya nadie más a estos manantiales
puede imponerles mansos nombres: mis catedrales
son, donde adoro un fuego vedado a toda zarza.

Ven, reposa otra vez, mi herida y dulce garza,
en esta rama en flor, en un feliz gemido,
antes que el sol nos halle hurtándole su nido
y una sed negra sobre nuestros cuerpos esparza.


REZO CORAL A ERNESTO

No me dejes morir perdido en mis espaldas
a través de esta hedionda cruz de amables costumbres.
Todo el tiempo hice trampas. Jugué a perder las cumbres
de los fuegos que asciendes y las nieblas que escaldas.
Huía contigo al monte alzándole las faldas
con los ojos de un niño —descascaraba un trueno.
Hazme de una costilla nueva, otra vez sereno
como el amplio naufragio del mar ante el crepúsculo.
Haz que la ofensa sea el melodioso músculo,
ágil lámpara oculta bajo carreta de heno.
Ah, tantas emboscadas nos tendiste en la brisa
para expulsar de nuestro eco a los mercaderes.
Nos quisiste pagar todos los alquileres
vencidos, la inocencia, la cebolla, la risa.
Mi sangre a veces sueña manchar la camisa
cuando exige el fotógrafo que alce la copa y brinde.
Recuerda un poco a Sancho, el tonto que se rinde
ante los destronados gigantes de la sombra,
y hazle espacio a mi angustia en la mágica alfombra
de tu asma, donde cruzas la alta y nevada linde.


CONTRICIÓN POR LA BLANCURA DE MI MADRE

A mi madre, Gladys Esther,
desde el fondo de los siglos.

Joven ilusionada en la noche de fiesta
donde van a elegir la rosa entre las rosas,
hoy te estrujé el vestido, la risa y dos pecosas
mejillas como estrellas cortadas en la cesta.
Huiste por mi ventana bajo la fiel protesta
de un soldado y un ángel de plomo derretido.
Corazón de memorias sin pétalos, caído,
calle abajo ignorabas la trampa en mí, la angustia.
Se abre el silencio en todos los relojes y... ¡mustia
es la flor con que sueña el Rey! Pero te has ido.
Nievas sola, tapiada por el olor a aceites
y acelgas, mientras sueño que pasas en un cisne.
Mientras hierve la leche pura se queda el tizne
de tus ojos al fondo en hostiles deleites.
Mi niña de ceniza... inocencias y afeites
como los polvos mágicos se han ahorrado las hadas.
El oro ya culmina, el baile en las doradas
alturas del palacio. Mudo a ti volveré
aunque haya muerto, siempre, a probarte en un pie
mi alma, mi soledad, mis doce campanadas.


TAREA

esta misma mañana volví a dejar la escuela
con la camisa sucia y el cabello revuelto.
dormido, esta mañana misma de pronto he vuelto.
sobre mi espalda el sol repujaba una espuela.
angostura del cielo como humedad de tiza
hundía entre los dedos sin ver dónde rayaba.
ciego el aire por montes de jazmín me aguijaba.
¡qué jinete tan ágil yo era sobre mi risa!
cuando mañana vuelva allá, pondré en un vaso
ángeles de alas negras y hondas como los rizos
de aquella niña alegre que nunca me hizo caso.
aprenderé a guardar mis labios en los suyos
y a cazar con la astilla de un lápiz más sumisos
silencios —¿ya mañana?—, los obesos cocuyos.


DISCIPLINA MATINAL O RODRIGO DE TRIANA

no estás ahí, tierra. te has vuelto contra mí.
pájaro de memoria menos que transparente.
sales cuando entro. te petrificas si avanzo
como un rayo más, fijo, en la alta rueda.
no. ¿por aquel vano lucro de ajar las tardes
con amor de atleta dormido al fuego?

veo descomponerse
agnóstica paridad que decía envolver
la chispa de mi cuerpo
y llevarla a otra orilla,
sucio país más alto.
ay tierra de mis ojos.
¿entonces nunca fuiste, breve espuma?

sumisiones agujereadas cercan el mar donde iba el tacto.
se mueven por instinto, atraídas por ausencia.
¿no?  hubiéramos empezado
opima bestia de difusa coronación
y sería más fácil mendigar nuestra joya,
convencer al rey de que nadie sabe dar
silencio sin ver oro.

no veo cómo enyugar quimeras en mi diario hacia el punto final.
y he aquí que el final de todo eres tú
arrebatada al agua, abierta piedra al grito.
—¿con qué lealtad me salvas
de quien siempre florido te salvó?

vendrá un origen como por añadidura
al salterio, al bufón puesto en lo oscuro,
soledades que a nadie despierten sin espalda.
vamos a almohazar desesperación dulce
obligada un instante a recordar la espiga.
pastaremos ayer
juntos oveja y tigre.

toda fe cabe menos que la trampa en el aire.
toda paloma que asusto, vuelve.
no estás ahí, tierra: sólo tierra.


APRENDIZ DE SUICIDA

Cumplió la orden del cielo.
Inscripción en el sarcófago de Antinoo.

No se sientan culpables porque huya de esta casa
si en el yunque del agua íbamos a atribuir
mi corazón al hábito de encallar y vivir.
No espiaré más la rosa como el toro una plaza.
Aceché entre pavesas asombro suficiente
para ignorar postigos de la carne [tachado]
y me quemó la estrella perdida a ambos lados
de un dulce mirar fijo. Cruzaba la tangente
del sueño sin retorno, ventana sin batiente.
Si amanece [borrón] creerán que es increíble
mi alma, calidoscopio del silencio, un horrible
truco de saltimbanquis.
Taller hallé en la meta,
padres, la numerosa m... [palabra incompleta]
He encontrado un oficio, un nombre [ilegible]


TARDE DE PESCA

La patria infinito cuento
de unos pescadores que
vuelven frustrados y se
sientan en mi sentimiento
Hablan del agua y el aliento
de un gran pez que partió el hilo
Sueñan sudan más que el filo
del quinqué entre gordas brisas
sin quitarse las camisas
por pudor ante el pabilo
Vibra en la rosa el laúd
Se irisa de mano en mano
la miel con ron     Sobre el guano
del techo tiembla un alud
de escamas     ¿Qué beatitud
fugada en los labios es
la patria?     ¿Qué enorme pez?
Se callan los pescadores
Se van secando las flores
de espuma bajo mis pies.