Américo Castro: sus dos estancias habaneras
"Gerardo Machado, en el poder desde 1925, ha hecho saber sus intenciones de prolongar su "estancia" palaciega y por presiones suyas se aprueba en junio de 1927 la reforma constitucional que extiende el mandato de cuatro a seis años.
Jóvenes, estudiantes, sectores obreros y ciudadanos reciben la noticia de mal grado y vislumbran los propósitos ocultos de Machado. Un panorama muy sombrío se avizora cuando el Diario de la Marina anuncia en la primera de sus páginas que el viernes 2 de noviembre de 1928 arriba el Alfonso XIII que, procedente de México, trae al escritor español Américo Castro.
La primera de las conferencias, y todas las demás, se imparte en el teatro Martí, de Dragones y Zulueta, a las diez de la mañana del domingo 4. "Con fácil y elegante palabra, el doctor Juan Marinello presentó el conferencista al numeroso público", apunta un diario habanero, en tanto Marinello destaca que "tiene Américo Castro, cultura de culturas, pleno lujo vital".
El 7, en la tarde, da una segunda charla y el 9 la tercera, sobre el tema: "El movimiento eramista en España y la novela picaresca". Dice entonces: "Erasmo, en todas sus doctrinas, se manifiesta plenamente humanista. Sus teorías tienen gran influencia en los espíritus más excelsos de España".
En el orden físico, don Américo, joven aún, luce abundante luchana y tras los espejuelos, destacan los ojos vivaces.
El día 14, sobre el tema de la picaresca, observa que "el Lazarillo de Tormes refleja toda la España de su tiempo (...), a su autor lo inspiraba un propósito de crítica social".
En la mañana del domingo 18 se enfrasca en "La divina feminidad de Santa Teresa", ocasión en que remarca la influencia de la escritora sobre autores posteriores, desmitifica falsos conceptos y errores sobre la personalidad de la religiosa de Ávila.
Los socios de la Institución Hispano Cubana de Cultura respaldan con su asistencia las lecturas en el teatro Martí. El 23 conocen acerca de "La sensibilidad y el arte en Lope de Vega", quien "plasmó el arte popular", en palabras del propio visitante.
Para el domingo 25 deja un asunto de especial interés: al creador insigne del Quijote, de quien opina que, "en las obras de Cervantes se encontrarán todas las virtudes del alma española: tacto, mesura, falta de pedantería, anhelo de contrastes... La lección que nos da Cervantes en su obra, la repite en su vida".
Le escasea el tiempo libre en La Habana al profesor, inmerso en programa cargado de charlas y conferencias, la última el día 29 en el Aula Magna de la Universidad, sobre "La enseñanza del idioma español", ocasión en que alerta contra el hábito de enfatizar demasiado en la gramática, descuidando así el estudio de la riqueza del lenguaje. En la misma fecha del 29 de noviembre, asiste al acto de despedida que la Academia Universitaria de las Letras le organiza en Vedado Tennis Club.
Diez años después, en julio de 1938, volverá y como a "un viejo amigo de la casa" lo recibe Fernando Ortiz. Ofrece dos lecturas, ambas en el Colegio Zapata de la Sociedad Económica de Amigos del País. El 20 de julio corresponde a "La vida social y privada en el siglo XV español", cuando "el orden tradicional de la Edad Media sufre perturbación y el ser humano, dejado un poco de la mano de Dios, se esfuerza por hallar un sentido a su propia vida". En la del 31 de agosto, sobre "Lo barroco", observa cómo este movimiento comprende formas del arte y la literatura que van del siglo XVI a comienzos del XVIII.
Es la suya una presencia olvidada, pero que en modo alguno resultó intrascendente.