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El narrador humano y el narrador alien en la literatura de ciencia ficción (II)

Erick J. Mota, 05 de abril de 2012

El narrador alienígena

Alienígena significa relativo a alien que es una palabra poco usada que proviene, a su vez, del latín alienus: ajeno. Se entiende por alien, aquello ajeno a nosotros. En la actualidad, la palabra se usa de dos formas. En las películas de ciencia ficción, el alien es un monstruo de aspecto no-humanoide, un ser vivo con metabolismo totalmente diferente de las formas conocidas de vida. Un depredador perteneciente a un ecosistema jamás estudiado. Esto se resume en una palabra: alien, ajeno, totalmente ajeno a nosotros, los humanos de la Tierra. De acuerdo con esta acepción, la palabra alien significa: ser no-humano, ajeno a nuestra lógica; especie de cosa viva que no responde a patrones humanos. Pero existe otra acepción. También se les llama así a los inmigrantes. Esto no significa que los espaldas mojadas que llegan a Estados Unidos se reproduzcan por huevos y tengan ácido en lugar de sangre. Es un término para nombrar a otro ser humano, pero que habla un idioma diferente y ajeno, posee una crianza acorde a patrones culturales diferentes (y ajenos) y, en la mayoría de los casos, también profesa una religión diferente. En este caso, un alien es aquel humano que proviene de otra parte, de otro lugar; cosa que lo convierte en ajeno.

Así pues, el narrador puede estar identificado con dos puntos de vista diferentes. El humano, que es el punto de vista del lector, que va descubriendo poco a poco los conceptos que causan el extrañamiento en el lector. En casos de narrador-personaje, el protagonista incluso se asombra o se cuestiona, igual que si fuera el lector. Tal es el caso de Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling:

El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado lo bastante grande hasta para Hagrid, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.

—Bienvenido —dijo Hagrid— al callejón Diagon.

Sonrió ante el asombro de Harry. Entraron en el pasaje. Harry miró rápidamente por encima de su hombro y vio que la pared volvía a cerrarse.

Cuando Harry Potter entra al mundo de los magos, su extrañamiento es comparable con el del lector. De esa manera, los detalles que refuerzan el nivel de realidad fantástica lo sorprenden igual que al lector.

Pero el narrador puede identificarse con un punto de vista ajeno al lector, esto es, el punto de vista alien. Y, como ya sabemos, existen dos tipos diferentes de alien. Uno, que difiere totalmente de nuestra lógica humana, y que llamaremos punto de vista alien no antropomorfo. En este caso, el narrador alienígena posee una lógica, una cultura y una forma de ver el mundo totalmente diferente.

Un buen ejemplo es el cuento “El hurkel es una bestia feliz”, de Teodore Sturgeon:

Al cabo de ese tiempo, el hurkel, que ya no era un cachorro, se encontró rodeado por una camada de doscientos jóvenes. Quizás fue el DDT o quizás fueran las curiosas radiaciones que recibió, pero todas las criaturas eran hembras partenogenéticas, como usted y como yo.

¿Y los humanos? Oh, ¡los criamos bien! ¡Y qué felices éramos!

Pero los humanos tenían la picazón errática y la picazón inflamada, y la comezón hormigueante o paraestética o tilitativa o punzante. Y no podían hacer nada por evitarlo.

Así que se fueron.

Este tipo de historias están contadas desde un punto de vista radicalmente no-humano. En tal caso, el narrador asumirá conceptos nuevos o diferentes para el lector, como si no existiera ningún tipo de relación entre la naturaleza humana y la naturaleza del narrador.

Veamos un caso de narrador alienígena no-antropomórfico en la fantasía. El siguiente ejemplo corresponde a la novela Harry Potter y las reliquias de la muerte, de J. K. Rowling:

No puede ser de noche, ya oísteis lo que pasa si alguien se mueve en el exterior en la oscuridad. El encantamiento aullido se activa, saldrán como bowtruckles sobre huevos de doxy.

El punto de vista del narrador alienígena no siempre proviene de un narrador-personaje extraterrestre. En el cuento “Los hombres son diferentes”, de Alan Bloch, el punto de vista que asume el narrador-personaje es el de un robot que está intentando comprender a los seres humanos.

Un día, sin razón aparente se quejó de calor. Yo examiné su temperatura y decidí que los circuitos de su termostato se habían fundido. Yo traía encima unos repuestos de emergencia, y él visiblemente padecía de algún desperfecto. Lo desconecté sin dificultad; empujé la aguja en el cuello para accionar el dispositivo que lo dejaría sin energía, y él cesó de moverse igual que si hubiera sido un Robot. Pero cuando lo abrí, vi que no era igual por dentro. Y cuando lo rearmé no pude conseguir que volviera a funcionar. Entonces fue como corroyéndose y, cuando a la vuelta de un año estuve listo para emprender el viaje de regreso, lo que quedaba de él eran únicamente sus huesos. Sí, los Hombres son en verdad diferentes.

Con esta inversión, el narrador-personaje desconoce lo que para el lector queda claro. Los seres humanos no se apagan con una aguja en el cuello para volverse a encender después. La propia incomprensión del concepto de muerte por parte del narrador refuerza, de una manera novedosa, el nivel de realidad no-real del cuento.

Existe también el punto de vista alien antropomorfo o narrador no-terrícola. Un alien antropomorfo es aquel que asume puntos de vistas humanos o humanoides en entornos sociales ajenos a la realidad social del lector. Es el caso de una historia que se desarrolla, dentro de miles de años, en colonias espaciales donde los humanos han olvidado conceptos propios de los planetas, como amanecer o nieve. El narrador alien, en este caso, asumirá un punto de vista narrativo que carece de estos conceptos terrícolas, identificado con un punto de vista no-terrícola. Un buen ejemplo lo tenemos en la novela Podkayne de Marte, de Robert Heinleim:

Toda mi vida he deseado ir a la Tierra. No para vivir en ella, por supuesto; sólo para verla. Como todo el mundo sabe, la Tierra es un lugar maravilloso para ser visitado, pero no para vivir en él. En realidad no resulta muy adecuada a la vida humana.

Personalmente, no estoy convencida de que la raza humana se originara en la Tierra. ¿Hasta qué punto puede confiarse en la evidencia de unos cuantos kilos de huesos antiguos y en las opiniones de los antropólogos —que de todas formas siempre están contradiciéndose unos a otros— cuando nos piden que veamos algo que desafía de modo tan patente el sentido común?

Piensen en esto: la aceleración de la superficie de la Tierra es indudablemente exagerada para la estructura humana. Sabido es que de ello resultan los pies planos, las hernias y los problemas cardiacos.

Los protagonistas, que no han nacido en la Tierra, sino en una luna de Júpiter, encuentran metáforas asociadas a su percepción no-terrícola, lo cual convierte al narrador-personaje identificado con este punto de vista de un nacido lejos de nuestro planeta, en un narrador-personaje alienígena.

El narrador alien en la literatura no fantástica

Este tipo de herramienta resulta muy útil para anclar el nivel de realidad deseado por el escritor en la literatura fantástica, pero no es de uso exclusivo del género. En la ficción puede ser usado como elemento de verosimilitud.

En casos de literatura no-fantástica, el narrador alienígena suele emplearse para caracterizar una situación humana desde otro punto de vista. El de un animal es el ejemplo más común. Los cuentos de Horacio Quiroga nos proveen de muy buenos ejemplos. Pongamos el ejemplo del relato “El devorador de hombres”:

Yo, Rajá, tigre real de Bengala, voy a contar en lenguaje humano cómo me vengué de mi dueño, el domador Kimberley, que me amansó. ¡Yo, Rajá, tigre manso! Este fue su error. Considerábase muy satisfecho de mi docilidad, de mi dulzura al permitirle hundir su cabeza en mi boca… Pero antes es menester que recuerde cómo fui cazado, y esto dará razón de cuánto oprobio y ardiente sed de venganza resecó mi alma de fiera real en mis cinco años de cautiverio.

Mi padre era el orgullo de los tigres de la comarca, y por consiguiente gozaba entre los hombres de la más sombría fama. Pasaban de treinta los hombres que habían abandonado instantáneamente el mundo al encontrarse con él, y justo es decir que mi padre había deseado y buscado estos encuentros, y sentía, ya desde muy pequeño, la soberbia de mi alto linaje. Mi más grande esperanza era llegar a ser lo que era mi padre: ¡un devorador de hombres! Este calificativo hablaba bien alto en pro de nuestro valor, de nuestra fuerza, de nuestra audacia. Antes, la selva era toda nuestra. Después, vinieron los hombres. ¿Por qué vinieron a la selva? Nosotros no íbamos a los campos. Y, como nuestra comida era la misma, no hubo paz posible…

En este caso, el punto de vista en el narrador-personaje alienígena es posible porque el cuento de Quiroga es una especie de fábula. Y las fábulas poseen su propio nivel de realidad. Sin embargo, en la literatura tradicional no es común, ni necesario, usar este tipo de narrador. Esto se debe a que el nivel de realidad mantenido en la mayoría de los casos es el de la realidad real. Por lo tanto, no es necesario ningún anclaje a esta, más allá de las descripciones o la situación misma de los personajes dentro de la realidad ficcionada.

Sin embargo, es posible emplear un narrador alien para adoptar el punto de vista de un extranjero con cultura, costumbres y ética diferentes. El contraste entre el punto de vista del narrador-personaje alien y el del resto de los personajes hace que salten a la vista elementos culturales de la sociedad “ordinaria”, que no se notarían tanto si se empleara un narrador-personaje tradicional.

Veamos un ejemplo en la ficción histórica, subgénero bastante arraigado al nivel de realidad real. En su libro Hércules y yo, Robert Graves ubica a un personaje de la Grecia antigua en la isla de Mallorca. Se trata de un narrador omnisciente identificado con los conocimientos sobre el mundo de su personaje protagónico, esto es, con la cultura helénica clásica. Cuando el personaje encuentra una naranja, el narrador describe la fruta de este modo:

La naranja es una fruta redonda y olorosa, desconocida en el mundo civilizado, que a poco de nacida es verde y luego se vuelve oro; su cáscara es caliente, y su carne, fresca y agridulce. Háyasela en un arbusto de tronco liso, hojas lustrosas y ramas erizadas en espinas, y madura mediado el invierno, a diferencia de las otras frutas.

En este caso, es un narrador omnisciente antropomórfico alien identificado con una cultura, en cierto modo, ajena a la del lector, para quien las naranjas ya no tienen efecto de maravilla. El narrador alien se emplea para ponernos en situación del momento histórico y la cultura del lugar donde se desenvuelven los hechos. Y, en cierta forma, lograr un efecto de maravilla a la inversa. No se trata ya de sorprender al lector con objetos, accesorios, conceptos o hasta lógicas, sino de maravillar al lector, por medio de personajes provenientes de una cultura ajena, con objetos comunes. Objetos que, para la realidad del lector, son ordinarios y, si se describieran desde un narrador ortodoxo, no ejercerían ningún efecto de maravilla.

El narrador alien como herramienta narrativa

El uso del narrador identificado con un punto de vista apartado de la experiencia real del lector es una herramienta útil para lograr extrañamiento, sentido de la maravilla y verosimilitud. Es más común en relatos enmarcado dentro de los géneros de ciencia ficción, fantasía y fantástico. Esto no significa que sea una técnica de uso obligatorio o que su empleo garantice el éxito de un cuento o novela. Como herramienta que es, dependerá del uso dado por parte del autor.

Sucede también que muchas historias, pese a desarrollarse en ambientes alejados de la realidad ordinaria, precisan de un narrador identificado con el autor (un narrador humano) para conducir la trama de manera que los sucesos, ambientes o tecnologías sean de fácil comprensión.

Existe un solo consejo válido, aplicable a la literatura fantástica: el relato debe funcionar como una historia cualquiera. Los sucesos, explicaciones y situaciones fuera de lo ordinario deben asimilarse por los lectores de manera natural y aportar al disfrute de la trama, en lugar de alejarlos de esta. Por otra parte, la historia debe ser buena y atrayente, incluso si el cuento o la novela no son de ciencia ficción. Este es un principio básico de la narrativa que no puede ser roto por aquellos que exploramos el linaje fantástico de la literatura.