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Opus Habana, pilar del patrimonio cubano

Fernando Padilla González, 20 de abril de 2012

El año en curso, 2012, conmemora el vigésimo aniversario de la declaratoria de la Habana Vieja y su sistema de fortificaciones como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (UNESCO).

A decir de Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad:

Presentamos este número de Opus Habana, el primero correspondiente al volumen XIV, cuando finalmente se agolpan sobre nuestro escritorio artículos, noticias e ilustraciones. Ha quedado todo listo para la imprenta, y el trabajo amorosamente acicalado durante meses puede darse al impresor.

Aguardamos con ansiedad el momento en que sus ávidos seguidores, aquellos de espíritu fecundo y crítico, acogerán el resultado primoroso: las páginas que, ya encuadernadas, siguen a la creación del artista.

Tal y como hemos defendido siempre, la revista es y quiere ser el espejo de la obra restauradora de La Habana. Como esencia de esa voluntad, mantiene un posicionamiento claro ante los valores de la cultura que han de permitirnos afianzar el sentimiento nacional.

A tono con las dos décadas de la ya citada declaratoria de la UNESCO, se presenta el trabajo “Torreón de San Lázaro. Un vigía a los pies del mar”. Pequeña pieza en el sistema defensivo costero de La Habana colonial, el torreón era clave en la acción de escrutar el horizonte en busca de velas enemigas, en el cuidado de las flotas que permanecían en el Real Fondeadero, al tiempo que custodiaba los embarques de tozas de madera provenientes de las márgenes del río Almendares con destino al Real Arsenal, e impedía el posible paso de fuerzas agresoras hacia el Bosque Vedado del Rey y la Zanja Real.

El artículo devela, desde una óptica antropológica y social, los diferentes estamentos militares vinculados a la custodia y defensa del enclave. Criollos en busca de reconocimiento social, pardos y negros por algún sustento para mantener a sus familias, españoles arrancados de su tierra natal en sucesivas levas y soldados de los regimientos reales tras la gloria de su servicio, hicieron de la plaza habanera un sitio inexpugnable.

Apetecida por británicos, franceses, holandeses, piratas y corsarios, solo fue vulnerada en 1762 por la mayor flota que hasta entonces había cruzado el Atlántico, hecho del que se cumple el 250 aniversario. El trabajo finaliza con la evocación de aquel día en el que en lo alto del torreón de San Lázaro, y ante la mirada de su vigía, aparecieron cientos de velas que, por espacio de 11 meses, opacaron el azul del horizonte habanero.

Voz impresa del patrimonio cubano, Opus Habana, dedica un merecido espacio al sitio arqueológico Los Buchillones, declarado Monumento Nacional en junio de 2011. Situado en el pueblo de Punta Alegre en el municipio de Chambas, provincia de Ciego de Ávila, Los Buchillones se ha convertido en un enclave excepcional para la arqueología del Caribe.

Sin precedentes en las Antillas, el hallazgo de más de un centenar de piezas de madera en excelente estado de conservación —trabajadas con las técnicas utilizadas por los tainos— y estructuras de sus viviendas, incluidas las techumbres de guano, otorgan un carácter único a dicho emplazamiento, al tiempo que ha permitido profundizar en el estudio de la cultura material de nuestros aborígenes.

“La Habana del adolescente Alejo Carpentier” es el texto encargado de abrir las páginas de la publicación. En ellas se nos descubre a un “adorador de la prodigalidad de su entorno, defensor de su esencia barroca y perpetuo transeúnte por sus arterias más enigmáticas. Cronista de La Habana de todos los tiempos supo desentrañar la poesía contenida en su totalidad”.

Más adelante, se enfatiza: “Ciertamente, La Habana será uno de sus mayores desvelos y una de sus más caras posesiones. A ella consagrará páginas desconocidas, u otras ya antológicas, como las del aludido ensayo La ciudad de las columnas, testimonio del privilegiado caminante adorador de su entorno vital. Así pues, habrá que imaginarlo siempre poseído por las inquietantes sensaciones de estar inmerso en el gozo generoso y extraño de los más recónditos rincones habaneros”.

Entre cubanos, sección que dialoga con personalidades de la cultura nacional, en esta ocasión comparte “Instantes de vida con Margarita Ruiz”. Promotora de las primeras generaciones de artistas formados por la Revolución, entre sus logros destaca su labor a favor de la escultura de gran formato y la Declaratoria de Patrimonio de la Humanidad para el Centro Histórico de Camagüey.

Tal y como ella misma confiesa, Margarita Ruiz Brandi es una mujer privilegiada por haber participado en importantes acontecimientos de la cultura cubana. No es de extrañar entonces que, al mostrarme las fotografías de su archivo personal, relate anécdotas a partir de una u otra imagen, dando riendas a su impetuosa personalidad.

Nuestros primeros encuentros habían tenido lugar en la terraza del Museo Biblioteca Servando Cabrera Moreno, al amparo de sus imponentes vitrales, pero después la conversación se hizo más fluida en su entorno doméstico, donde su nieta nos dio la bienvenida y, a ratos, se acomodaba en el regazo de su abuela para escuchar más de cerca.

De esta manera, la entrevistadora familiariza a los lectores con una mujer que tuvo a la ciudad de Cárdenas como cuna y que gracias a sus ingentes esfuerzos en favor del arte cubano llegó a rectorar los caminos del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

En esta ocasión, la revista consagra su portada y la sección El artista y la ciudad, a manera de pinacoteca del arte contemporáneo cubano, a la obra de Maykel Herrera. “Portadores de aspiraciones, vivencias, sueños e inquietudes, los niños son retomados por este joven artista como personajes sempiternos para, mediante su ternura y fragilidad, unir la reflexión a la contemplación”.

Catalogado por el etnólogo y antropólogo Fernando Ortiz como “luchador con gallarda genialidad italiana por la libertad y la cultura de Cuba”, el napolitano Orestes Ferrara y Marino participó o fue testigo de los más trascendentales procesos públicos de la Cuba republicana, a donde regresó por última vez en 1955, tras una dilatada ausencia de 14 años.

En “Orestes Ferrara. La última visita”, su autor ahonda en la controvertida personalidad del hombre que marchó de Italia con destino a los campos insurrectos de Cuba y que luego, en la etapa republicana, ocupara importantes cargos de representación gubernamental, además de ser reconocido como un destacado intelectual de las letras y el periodismo.

Cierra el volumen XIV, primero de 2012 de Opus Habana, un artículo dedicado a desempolvar de la memoria la historia del balompié en la Mayor de las Antillas, así como su rivalidad desde un inicio con el deporte nacional, el beisbol, en la disputa por los célebres espacios del Almendares Park, y los campos Armada, Polar y La Tropical.