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En el centro del mundo hay un universo habitable, con mundos diversos.

Edel Morales, 26 de abril de 2012


(A propósito del libro De la ligereza o velocidad que también es perfume. Seis poetas contemporáneos del Ecuador: Albuja, Cevallos, España, Miranda, Quevedo, Secaira, publicado por el FE del Ministerio de Cultura de Ecuador)

En el centro del mundo el universo se ordena desde la palabra poética. Una búsqueda permanente preside ese ordenamiento, que es reflejo, memoria, sentido, fragmento, coherencia, y es también delirio, oficio, vacío, respiración, ascenso hacia el próximo peldaño, o espacio del deseo que tal vez encontremos en la exploración interior de lo propio, donde la intuición, las emociones, el conocimiento develan el misterio del poema en soledad, con libertad y precisión, pero que tal vez se manifieste a plenitud en su lóbrega lucidez final, en la negación del discurso, la ironía sin patetismo, la cruda vida de este tiempo global y comunal.

Por el verbo y el verso seis poetas del Ecuador nos acercan con este libro de complicidades a la trashumancia y permanencia del ser contemporáneo que somos, en estos años signados por un cambio de época. Estructura y esencia se expresan aquí en una arquitectura a la medida humana, sostenida por la belleza, la velocidad, la resistencia, y la apuesta decidida por el lenguaje y la construcción de centros y/o universos nuevos, también poéticos, ordenados desde un espacio y un tiempo en transformación donde se precisa ir a la raíz de todo en cada cosa.

Tres ellas y tres ellos confluyen en estas páginas. Albuja, España, Quevedo, Cevallos, Miranda y Secaira poseen voces individuales con solvencia suficiente para ordenar desde su palabra poética orbes propios. Lo han hecho antes. Aquí construyen de conjunto un universo habitable, con mundos diversos, conectados o distantes, entradas y salidas situadas en puntos distintos, y oxígeno suficiente alrededor para que cada cual pueda ser él/ella mismo/a, y entrar o salir a su antojo, e invitar a quien quieran a este espacio suyo compartido sin conflicto con los otros. En un lugar así, el Lector se siente a gusto, y esa es la primera cualidad de esta travesía: el placer que proporciona la visita, la ganancia ética y estética que la visita facilita, el deseo de volver a encontrar sus textos en páginas reunidas o propias que el lector hace patente, como experiencia de lectura.

Se trata de una poesía escrita con intelecto y sentimiento, que comunica bien su circunstancia y la trasciende para hacernos ver desde ella misma la vitalidad contemporánea de ese centro del mundo que es el Ecuador, las emociones que viven y las preguntas que se hacen sus poetas y artistas pero con ellos también los ciudadanos que habitan un universo en proceso de ser ordenado. Una forma específica de habitar la poesía, que apuesta por renovarse radicalmente en su comercio con otras literaturas al mismo tiempo que es continuadora de una tradición donde el reflejo de lo propio tiene un alto peso específico.

Desde esa entrada de cielos donde Albuja solicita-demanda «la liviandad de la neblina» hasta el cierre final en el cual Secaira anuncia-restalla la  «Quemazón de un hielo tan duro como la piel regada por años de lo mismo», hay un laberinto casi mítico de variaciones comunicantes y múltiples significados que el lector aprecia y agradece, donde somos parte de esos «pueblos errantes sobre la frontera desértica» que Ceballos asume-edifica, mientras compartimos la exigencia-necesidad de «amarnos en las mismas diferencias» que propone España, y observamos «el aguijón dispuesto como una interrogante» que estudia-precisa Quevedo, o nos hacemos cómplices de la manera en que Miranda define-clarifica que «Virgilio canta el susurro de la piedra».

Es este un libro que se deja leer y se agradece, un libro útil a la medida martiana, un universo habitable, con mundos diversos, como queda dicho, que habla a favor de sus autores y se permite un espacio de diálogo para interactuar en libertad con sus lectores.

La Habana, abril y 2012.