La doctrina del shock: un viaje lúcido a los subsuelos del capitalismo contemporáneo
En los últimos 25 años se ha venido produciendo otra gran mutación en el funcionamiento general del capitalismo, donde todo en él ha cambiado, para que todo siga igual. Esto ha sido nombrado por sus patrocinadores y también por sus víctimas con el nombre genérico de “neoliberalismo”. Tan grande, drástica y devastadora ha sido la transformación generada en el modo de operar del sistema, que incluso sus antagonistas más acérrimos han llegado a equiparar la lucha contra el neoliberalismo, con la lucha contra el capitalismo en sí mismo.
Una autora como Naomi Klein, conocida por el público cubano por otro de sus libros No Logo, tal vez intuyendo el carácter eufemístico, clasistamente edulcorante del término “neoliberalismo” para describir la catástrofe que ha ocurrido en todos los niveles de la realidad que habitamos, ha decidido redefinirlo como La doctrina del shock, con lo cual también ha dado título al libro que reseñamos con el turbador subtitulo El auge del capitalismo del desastre.
Para aquellas sensibilidades marcadas por la idea de progreso la noción de “auge” difícilmente concebirían verla relacionada con la de “desastre” como lo hace Naomi Klein, con un libro que tiene entre sus grandes valores acercarnos a episodios cruciales de la historia socioeconómica contemporánea desde los propios actores que fueron protagonistas o víctimas directas.
El proceso de implementación de las terapias de shock neoliberales en países tan vinculados a nuestra historia reciente como Sudáfrica, Polonia, Rusia o Bolivia, transitan por las páginas de este libro con la carga conmovedora y dramática de los sucesos mirados desde adentro, aportándonos detalles fundamentales, imprescindibles para percibir hechos que en la imposibilidad de comprenderlos han sido masivamente olvidados.
Es así, que este libro nos devela el papel jugado por los actores y las agencias de gestión del capitalismo financiero global, en hechos claves y paradójicos del pasado fin de siglo XX como el gobierno obrero neoliberal del sindicato Solidaridad en Polonia, la dictadura económica del primer gobierno formalmente democrático en Rusia o el régimen de apartheid financiero sufrido por el primer gobierno no racista de Sudáfrica, por sólo citar tres de los varios magistrales estudios monográficos de los que la autora desarrolla en un libro que tiene siete partes muy bien articuladas.
Pero estos estudios de caso no son piezas aisladas, forman parte de un proceso mundial más amplio, documentado cuidadosa y organizadamente por la autora, que según ella tuvo su arrancada más nítida en el golpe de estado de Augusto Pinochet en Chile, donde se inauguró la metodología de la terapia de shock, producto del trabajo orgánico y conjunto entre las fuerzas armadas de ese país, la facultad de economía de la Universidad de Chicago, lidereada por el posteriormente célebre economista Milton Fredman y el capital financiero internacional.
De este sangriento polígono de pruebas socio empresarial que fue Chile a partir de 1973, se fueron delineando los procedimientos que fueron aplicados y corregidos paulatinamente a nivel global y cuya culminación más “exitosa”, según el corte cronológico de la Klein, ha sido la devastadora guerra contra Irak y la llamada “reconstrucción” urbana del estado de Louissiana después del huracán Katrina.
En este sentido es que afirmamos que estamos ante un libro de grandes proporciones, no sólo por las 678 páginas que contiene, si no consideramos las 17 páginas del índice temático, herramienta de lectura poco habitual en las ediciones cubanas. Es un libro de grandes proporciones porque es una obra que pudo ser articulada siguiendo los pasos de gigante, en múltiples caminos y simultáneamente, de la mortífera red del entramado empresarial e institucional del capitalismo global contemporáneo, verdadero monstruo social que se alimenta de la degradación total del mundo en que vivimos. Por otro lado es un libro que articuló y se benefició, según confiesa la autora, de una red de “conspiración mundial” de militantes, investigadores autónomos, académicos comprometidos con luchas sociales, activistas, amigos y familiares, donde la noción de autor distorsiona un proceso creativo colectivo de una riqueza que está contenida con creces en esta obra.
Frente a la notable cantidad de textos críticos que se han publicado en nuestros medios sobre el neoliberalismo, este libro destaca por no ser simplemente una obra de refutación teórica, desde la lógica de la economía como disciplina. El libro de la Klein podríamos definirlo como un tipo de periodismo de investigación económica en el terreno de los hechos sociopolíticos o para ser más exactos, una investigación de militancia social, que trasciende los límites disciplinarios de ciencias que en sí mismas han crecido bajo los efectos de los intereses del capital o reproduciendo su lógica íntima, es decir como mercancías académicas, sean ideológicamente de izquierda o de derecha, pero con un lenguaje y unos protocolos comunicacionales cerrados, para especialistas, que mucho daño han hecho a la comprensión profunda de los fenómenos que han ocurrido en el último cuarto de siglo.
Si existe un supra objetivo en este libro, es demostrar que la lógica económica no es una cuestión técnica de especialistas en la materia. Tal y como lo documenta Naomi Klein, la perversa experiencia que vivieron los heroicos militantes de base del mítico Congreso Nacional Africano de Sudáfrica en la década de los 90 del pasado siglo XX, fue que concentraron las energías revolucionarias en las “manifestaciones externas del apartheid, tales como torturas, malos tratos o desapariciones…” pero no prestaron atención a las negociaciones económicas cargadas de un tecnicismo críptico, de donde nació la posibilidad que los políticos del moribundo apartheid pudieran dejar “absolutamente incólume el sistema económico que esos abusos ayudaban a mantener”.
La doctrina del shock es un libro que forma parte de una activa red internacional de cronistas del neoliberalismo que Naomi Klein tiene la delicadeza de referenciar y utilizar activamente en su propio texto. Esa red, compuesta por periodistas, economistas, editores, empleados sensibles del mundo de las industrias mediáticas, académicos de importantes universidades e instituciones gubernamentales, han contribuido con sus trabajos de investigación a develar desde sus inicios las trayectorias de las figuras, las instituciones, las ideas y el perfil inicial de las políticas neoliberales, pero en un libro como el de Naomi Klein, estrechamente vinculado a ese entorno, se hace sentir la ausencia de los espectaculares como traumáticos procesos ocurridos en los ámbitos técnicos, industriales y de producción material del sistema capitalista y su impacto en el sistema, que tan popular hicieron a las ideas de Freeman en el mundo de los negocios.
Una sagaz estadista del capitalismo británico como Margaret Thatcher en una de sus primeras alocuciones públicas como primera ministra, frente a la potente huelga del sindicato ferroviario británico expresó:
“Los salarios altos, en lugar de inducir el agradecimiento y la mejora de la mente de los empleados, en muchos casos han servido de abrigo al orgullo y han suministrado fondos para sostener a los espíritu refractarios durante las huelgas que se han ido imponiendo alegremente sobre un grupo tras otro de empresas…”1
El gran éxito logrado por el capitalismo en las últimas décadas en la esfera de las relaciones laborales ha sido abatir ese orgullo proletario y ese triunfo ha sido una de las causas más determinantes para ese “auge del capitalismo del desastre” que la Klein analiza.
Los críticas más habituales al neoliberalismo se han centrado en la desvinculación de los Estados respecto a las prestaciones sociales y la seguridad social, los recortes a los presupuestos de bien público, convirtiéndolos en lucrativos negocios corporativos, pero han analizado más acríticamente el fulminante proceso de reconversión tecnológica que ha permitido a las grandes corporaciones industriales “librarse del intolerable cautiverio de la fuerza de trabajo” como soñaba Andrew Ure, uno de los primeros teóricos de la administración de manufacturas, la vieja idea compartida siempre tanto por industriales, como financieros, de un “progreso patronal ilimitado sin depender de la gente” o como más recientemente declaró en 1994 un ingeniero de IBM “…nuestra emancipación de los trabajadores humanos…”
Una de las ideas compartidas por los intelectuales anti neoliberales y gran parte del movimiento progresista actual es que la irresponsabilidad del capital financiero internacional es el culpable directo de la crisis económica actual, presuponiendo que existe una burguesía industrial tradicional, que execra por su propia esencia productora los métodos parásitos de los tiburones financieros y que debe ser ese empresariado industrial el protagonista de la necesaria rectificación del actual sistema basado en la especulación monetaria y financiera.
Un poco de estas nociones está latente en La doctrina del shock… Tan grande ha sido la devastación que ha derivado de la implementación de las doctrinas neoliberales en todo el mundo que la reacción social más inmediata y masiva ha sido el rechazo a la política económica y no al sistema social que le ha dado vida: el capitalismo. En tal sentido la publicación en nuestro país de un libro como este de Naomi Klein es una posibilidad única de informarnos analíticamente, de primera mano de los devastadores procesos de recolonización social de la vida cotidiana, llevados a cabo por el capital internacional en los últimos 25 años, cómo se han llevado a cabo, qué presupuestos ideológicos, qué expectativas colectivas han esgrimido, a la vez que indirectamente arroja luz sobre las especificidades y potencialidades existentes en nuestro país para evitar los cataclismos de laboratorio, planificados por el capitalismo del desastre.
Notas:
1- Battles for a free World, Penguin Books, Londres, 1985, p. 86.