Entre la espada y la rosa, un regalo excepcional de Marina Colasanti
Hace apenas unos días, la Editorial Gente Nueva cumplió 45 años de fundada, y su equipo de trabajadores festejó el onomástico con grandes proyectos. Uno de ellos es continuar editando la colección 21, excelente serie de libros dedicada a actualizar al pequeño y joven lector nacional, con obras de autores cubanos y extranjeros. Escritas para provocar el disfrute y la meditación, algunas son ocurrentes, otras graves, otras extremadamente sensibles. Y de estas últimas he seleccionado, para apoyar la presente celebración de la casa editora de la infancia cubana, la titulada Entre la espada y la rosa, de Marina Colasanti, volumen de escasas e intensas páginas al que muchos auguran la suerte no solo de un best seller —ya cumplida—, sino también de permanecer en el tiempo, tal como sucedió con El principito de Saint-Exupéry.
Marina Colasanti es una creadora nacida en Asmara, Etiopía, en 1937, que ha recibido importantes premios por obras como Doce reyes y la joven en el laberinto del viento, Lejos como mi querer y Una idea toda azul. Actualmente vive en Brasil y, además de escribir, conoce de artes plásticas pues ha estudiado pintura, grabado y periodismo en la Escuela de Bellas Artes. Acostumbra ilustrar sus propios libros, aunque en esta ocasión, la cubierta e ilustraciones interiores pertenecen a Duchy Man, a quien agradecemos su exuberante lirismo de líneas de borde negras y trazos ondulados muy definidos, así como el empleo de la gama cálida y la sutil expresividad en los rostros y las poses de los personajes.
La traducción del libro estuvo a cargo de Francisco Hernández Avilés, quien evidentemente no cumple el prejuicio tan llevado y traído de traicionar la fuente original (traduttore traditore), sino que, a juzgar por la lectura, potencia en cada palabra un significado exacto y deseado. A ello se suman la magnífica edición del texto y su corrección, las cuales han descansado en las sabias manos de Enrique Pérez Díaz e Ivelice Echezábal Martínez, respectivamente. El diseño es de María Elena Cicard Quintana y la composición correspondió a Caridad Sanabia de León.
Incluido en la Colección Escolar del año 2009, puede leerse de forma rápida, por su amenidad y la prontitud con que gana simpatías y toca el corazón del lector. La fantasía y la crudeza de la vida se entremezclan en interesante amalgama, para florecer en diez títulos como el que bautiza el volumen, sumados a «Cinco cipreses, a veces dos», «El hombre atento», y «Por el rumbo de la estrella», que destacan entre los restantes.
Minuciosas y aparentemente clásicas historias de hadas ofrecen interpretaciones valiosas acerca de la bondad, la ambición, la identidad personal y de género, la realización o el fracaso de los sueños, tal ocurre en «Como un collar», «Una voz entre los arbustos», «El reino por un caballo y «En el castillo que se va». Amor y crueldad, profecías y castigos, maldad y perdón, se entrelazan en sintéticos y hermosos cuentos, abundantes en imágenes literarias —a la larga metafóricas o simbólicas—, evidencia indudable de una mano experta en la escritura. Las frases se deslizan y nos precisan a conmocionarnos con los hechos narrados. Alternan oraciones breves, impactantes y certeras, ricas en descripciones, lo cual otorga a los relatos un dinamismo inusual que aviva la atención de los más pequeños, aunque sus disímiles lecturas abarquen todo un amplio espectro de edades y niveles intelectuales.
Leyendas como «En noches de luna llena», acerca del origen surreal de las fases de nuestro satélite natural, contrastan con «La dama del abanico», una chinería deliciosa donde los personajes dibujados en esta prenda oriental cobran vida propia. «Por el rumbo de la estrella» nos entrega una historia de amor imposible, en la dualidad secular que afronta este sentimiento universal con la muerte.
De un proceso de creación demorado y cuidadoso, nos habla la autora desde su íntimo prefacio: «Mis cuentos de hadas son plantas de romero. Y si por un instante les falta la leche, entonces las hojas se secan y refugian en el invierno. Pero yo espero; y espero, excavando la tierra, porque conozco la primavera que me invade cuando un día, de repente, comienzan de nuevo a brotar.»
Por su parte, el editor nos orienta con su visión muy particular al respecto: «Cuentos de antes, cuentos de ahora con sabor a siempre. (…) este libro, original como pocos, parte del cánon de la literatura para niños para trascenderlo con valentía, al tejer historias sin edad con una ética defensora de la libertad y autodeterminación más genuinas.»
Una excelente lectura, ideal para adolescentes mas, a su manera, pueden también niños y adultos disfrutarla y profundizar en vivencias y sentimientos acumulados o experimentados por primera vez. Un libro para releer cuando necesitemos ayuda espiritual, cuando nos encontremos, por esos azares de la existencia, entre la espada y la rosa.