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Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales: Apuntes para una primera valoración y estudio

Tomás Fernández Robaina, 20 de junio de 2012

No somos pocos, quienes nos preguntamos si realmente existe entre nosotros una crítica bibliográfica profesional, de carácter general o particularizada de las obras poéticas, novelísticas, ensayísticas, históricas, fílmicas, artísticas, televisivas y radiales. No me refiero al comentario promocional, y mucho menos al que se hace entre amigos, por supuesto que también apreciamos de vez en vez, determinados debates, polémicas, que no siempre mantienen el rigor necesario para analizar una obra y se convierte en una querella más personal que profesional pero ¿dónde está el crítico con la sensibilidad mínima para detectar los aportes, y por tanto, los valores de una obra que no siempre tiene el impacto social e intelectual merecido en la colectividad por su deficiente promoción y su pobre tirada?

Una vez más las preocupaciones me dominan al pensar sobre ese asunto. No hace mucho le oí decir  a Aida Bahr, escritora, quien ocupa una de las vicepresidencias del Instituto Cubano del Libro, que habían libros que no necesitaban promoción por el tema y el autor. Siguiendo ese razonamiento, los libros del cubano Leonardo Padura, por ejemplo, no la requieren; él es un escritor que ha demostrado talento, inteligencia, profesionalidad, transparencia y honestidad en su identificación plena con nuestra sociedad, nuestra cultura, realidad histórica y contemporánea.

Por todo lo anterior Padura se ha ganado un sólido prestigio, además de tener una reconocida posición como cultivador  de uno de los géneros novelísticos que más atrae a los lectores, el policiaco; pero que en el caso específico de sus obras —además de entretener— ayudan críticamente a la reflexión de sus lectores. Señalo como obras paradigmáticas en esa dirección La novela de mi vida, que está muy lejos de ser únicamente la versión literaria de la posible vida de Josó Maria Heredia (1803-1839) y El señor que amaba los perros, acerca de León Trosky, y el ejecutor de su asesinato; ambos títulos nos hacen dialogar y muestran las contradicciones de sus contextos históricos, políticos, ideológicos, generacionales y culturales. También nos dan elementos para valorar ese pasado, el presente y nos arman práctica y teóricamente con sólidos elementos para luchar en la actualidad  por una sociedad más justa.

Tal vez ambas novelas no requieran de una gran promoción para su venta, pero si sería justo que entre nosotros se promoviera su lectura entre los sectores populares de nuestra sociedad, sobre todo entre las nuevas generaciones.

Entonces, en ese sentido considero de suma importancia la publicación de Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales, selección que estuvo a cargo de Daisy Rubiera e Inés Maria Martiatu. Dicho volumen da a conocer las inquietudes, sentidos de pertenencias de 38 mujeres —negras, mulatas y blancas— de diferentes generaciones, profesiones y puntos de vista pero que unidas y conscientes de la necesidad de que se oigan sus voces, exige sus derechos y arrebatan los espacios de los cuales fueron marginadas.

Obviamente, aún perviven prejuicios raciales, genéricos, sexistas, religiosos, etc. que de manera solapada o no, se oponen a los derechos de determinadas personas y al progreso, en términos de inclusión, de la sociedad cubana, la misma que precisa de todos los hombres y todas las mujeres, y que tiene como meta que disfrutemos por igual los beneficios que nuestra Constitución proclama. Justamente, muchos —por no decir todos— de esos prejuicios son  cuestionados en los textos incluidos en Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales, lo que constituye un elemento relevante de dicha selección.

Pero, antes de adentrarme en la valoración del libro, creo prescindible manifestar mi simpatía y adhesión al título: Afrocubanas; releyendo los escritos que integran esta obra recordé el magnífico ensayo de Gustavo E. Urrutia, escrito en 1937: «Punto de vista del nuevo negro».

En ese enjundioso análisis, Urrutia definía a ese ¨nuevo negro¨ como el afrocubano ya consciente, orgulloso de su pasado, de sus culturas y religiones de matrices africanas, de su historia y participación en la formación de nuestra nacionalidad y, por tanto, decidido a luchar por sus derechos, por hacer visible sus contribuciones, particularmente al desarrollo económico del país durante el periodo colonial y republicano y muy seguro del digno futuro que le depararía el destino.

Muchos años después de aquella brillante conferencia, Afrocubanas... es portador de las ideas expresadas por Urrutia, por lo que puede decirse que afrocubanas son las mujeres negras, mulatas o blancas conscientes de nuestro legado cultural, religioso e histórico de las primeras generaciones africanas, y de sus descendientes, que desde su condición de mujer lucharon denodadamente para conquistar un espacio, orgullosas de ese legado, y de lo que han obtenido en ese largo batallar.

Por tales razones, Afrocubanas... es una muestra más del nivel alcanzado en nuestro  debate para romper la sordera que ha prevalecido hasta hace poco y que afortunadamente ha comenzado a quebrarse.

Entre los textos sobresalientes en este sentido pueden citarse Los negros, de Antonio Bachiller y Morales (1812-1889) y los artículos de Juan Gualberto Gómez (1854-1933), José Martí,(1853-1895), Martín Morúa Delgado (1856-1910), Rafael Serra (1858 -1909), entre algunos intelectuales en el siglo XIX, sin pasar por alto el antecedente más directo del movimiento actual de nuestras afrodescendientes: las mujeres que se nuclearon alrededor de la revista Minerva (1886-1889), quienes evidenciaron el nivel de análisis socioeconómico y educacional alcanzado por ellas, reflejándose las contextualidades, tendencias sociales y políticas prevalecientes entonces.

Durante la República (1902-1958), otros intelectuales animaron debates desde donde combatió contra la desigualdad económica, social y educacional de los amplios sectores negros de nuestra sociedad. Asimismo, escribieron textos que analizaban dicha problemáticas desde diferentes aristas. En ese sentido recordemos a Gustavo E. Urrutia (1881-1959), Fernando Ortiz (1881-1969), Alberto Arredondo y Sixto Gastón Agueroi, entre otros.

Más cercanas a la Cuba de hoy, se elevaron voces triunfalistas creyendo honestamente que la problemática racial en Cuba había desaparecido pero también hubo voces, como la de la actriz Elvira Cervera, que llamaban la atención acerca de la ausencia de la mujer y del hombre afrodescendiente de nuestra televisión, teatro y cine. Cervera documentó su lucha personal en el libro  El arte fue para mí un reto (2006).

Reyita, sencillamente (1996), primera obra trascendental de Daisy Rubiera, nos muestra de manera desgarradora las consecuencias de que los afrodescendientes porten actitudes prejuiciosas en contra de sus propios hermanos y hermanas negras, lo cual se explica si reconocemos el aporte decisivo de los procesos de aprendizaje social e interiorización de los códigos éticos, culturales, etc., que instituciones como la familia y la escuela reproducen.

Sandra Morales aporta un importante texto a este debate al dar a conocer El negro y su representación social. Aproximación a la estructura cubana actual (2001), donde brinda datos y ejemplos de la situación racial hasta aquel momento. No debe llamar la atención que estos títulos fueran asumidos por mujeres, pues es considerable la cantidad de tesis de licenciaturas y doctorados que reflejan la cada vez mayor presencia femenina como autoras —negras o blancas— así como en el abordaje de estos temas. Lamentablemente no todas estas investigaciones no han sido publicadas.

Otros autores, antes del periodo revolucionario y durante el mismo, abordaron analíticamente desde diferentes perspectivas, la complejísima relación entre negros y blancos, como lo hicieron Juan René Betancourt (1918-1976), en su Doctrina Negra (1955) y El negro, ciudadano del futuro (1959). Walterio Carbonell (1924-2008) en su Crítica: cómo surgió la cultura nacional (1960) y Carlos Moore (1942) en su «Tienen los negros su lugar en la Revolución cubana» (1966, Presencia Africana).

Posterior a estas primeras aproximaciones se publicaron El problema negro y su solución definitiva (1986), de Pedro Serviat; El negro en la sociedad colonial, de Rafael Duharte Jiménez (1988); de Tomás Fernández Robaina: El negro en Cuba: 1902-1958, apuntes para la historia de la discriminación (1990, 1994, 1997); del  mismo autor: Cuba: personalidades en el debate racial (2007), Identidad afrocubana: cultura y nacionalidad (2009).

Por su parte Aline Helg da a conocer, en 1995, su: Rightfull Share: the Afrocuban Strugque 1886-1912, libro que se traduce y se edita en La Habana cinco años después con el titulo Lo que nos pertenece: La Lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba, 1886-1912 (2000).

También, Alejandro de la Fuente efectúa una muy importante contribución con Una nación para todos. Raza para todos. Desigualdad y política en Cuba. 1886-2000 (2000). Existe la versión en inglés, que se publicó después de la versión castellana: A nation for all, race inquality and políticas in twenty century (2001)


De Carmen Victoria Montejo Arrechea circula su importante contribución: Sociedades negras en Cuba 1878-1960 (2004). El politólogo Esteban Morales se inserta en este campo con sus Desafíos de la problemática racial en Cuba (2008) y con La problemática racial en Cuba. Algunos de sus desafíos (2010) y el joven historiador Alejandro Fernández Calderón también incursiona en esta área con su La situación social del negro después de 1912 (2011).

Un aporte de suma importancia radica en Las relaciones raciales en Cuba, estudios contemporáneos (2011), obra que debió aparecer mucho antes, para que se patentizara el anónimo y valioso trabajo que durante años han realizado los antiguos y actuales investigadores del antiguo Centro de Antropología, devenido hace ya algún tiempo en  el Instituto Nacional de Antropología; no era posible pasar por alto estas contribuciones, entre otras que  por razones de espacio no se mencionan, donde en mayor, menor o en  ninguna medida se analiza la problemática de la mujer afrodescendiente del modo como lo hacen las autoras de Afrocubanas...

Por todo lo expresado, resalta la importante contribución y novedad de los textos contenidos en Afrocubanas, historia, pensamiento y prácticas culturales. Este título  subraya un hecho cualitativo y cuantitativo imposible de medir todavía en toda su dimensión, por ser un volumen que se puso a la venta en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana, es decir, hace tan solo seis meses que circula entre los lectores, especialistas, librerías y bibliotecas; sin embargo, se sabe que grupos de estudiantes, sobre todo universitarios, están abordandos algunos de sus artículos, como objetos de ponencias que debatirán en diferentes eventos estudiantiles y científicos.

Sé que habrá quienes valorarán mis criterios como resultado más de mi subjetividad que de la objetividad, al considerar que domina más en mí el apasionamiento que la razón. Si así fuese, mi apasionamiento no llega de manera superficial, impensadamente, sino como la consecuencia lógica de un análisis profundo que me hace reconocer y ponderar la trascendencia de este texto y por tanto concluir reiterando algo ya expresado:  Afrocubanas... nos aporta miradas muy novedosas, con diversos enfoques analíticos, de acciones, costumbres, tradiciones, portadoras, además, de una muy transparente concientización y orgullo de ser cubanas, con las peculiaridades que les otorga la presencia cultural e histórica de nuestros ancestros africanos, dándonos a conocer también nombres de mujeres importantes —olvidadas o poco conocidas— y rescatándolas para nuestra población.

Debe tenerse muy presente que lo anterior tiene la finalidad de desconstruir la sentencia juangualbertista de que el origen de las  desigualdades de los negros cubanos con los cubanos blancos radicaba en que los primeros habían sido traídos por la fuerza como esclavos, y los segundos vinieron como amos. No es una quimera anhelar y luchar para que esa frase no sea un hecho real en el futuro, como es aún en la actualidad.

Afrocubanas... es una  llamada singular y fuerte, dirigida a  la mujer negra, mestiza y también a la mujer blanca, intelectuales, amas de casa, trabajadoras, estudiantes, de sectores urbanos o campesinos, con conciencia práctica y conceptual de la urgencia de que todas ellas participen de forma activa en el proceso actual en pro del cambio de nuestras mentalidades, despojándonos de los prejuicios de toda clase, enraizados en nuestros cerebros por siglos. Y por supuesto, ese cambio no puede lograrse por sí solo por la voluntad de quienes asumen la vanguardia de esta lucha. Por tal razón, ese llamado se extiende más allá del sector genérico que lo propone sino que también involucra a los hombres que desde hace tiempo batallan en contra de las desigualdades sociales, económicas y culturales del sector afrodescendiente y de las mujeres negras en especial

Por eso, Afrocubanas...  es la respuesta concreta del proceso cada vez mayor de la concientización de la mujer afrodescendiente física, o intelectualmente,  y de la huella que permanecerá de  ese quehacer en los diversos soportes genéricos y transmisores del conocimiento: ensayos históricos y reflexivos, obras literarias, fílmicas, plásticas, musicales.

Muy objetivamente Sandra Álvarez, autora de la bitácora Negra cubana tenía que ser, ha subrayado el hecho inobjetable de que este libro es el resultado del activismo que las propias mujeres han realizado durante mucho tiempo; es la obra que legitima, de manera contundente, lo que se ha estado haciendo de manera colectiva e individual, que en sus diferentes contribuciones persigue el mismo objetivo: expandir el conocimiento, propiciar la reflexión, buscar el cambio de mentalidad de sus lectores y lectoras, para que de modo consciente trabajemos por el mejoramiento de nuestra sociedad.

Además Afrocubanas... es también el resultado del blog del homónimo creado por Inés María Martiatu y alimentado con las contribuciones de muchas de las autoras incluidas en el libro.

Aplaudamos, por lo tanto, la aparición de este título, y confiemos que su lectura y estudio se incorpore de manera efectiva en las diversas carreras, seminarios y cursos de postgrado vinculados con las ciencias sociales y a las humanidades, que se imparten en nuestros centros de enseñanza superior y media.

Graziella Pogolotti, 2017-03-17
Jorge Ángel Hernández, 2017-03-07
Graziella Pogolotti, 2017-01-16