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Cuentos para despertar a la abuela… ¡y a los nietos!

Alina Iglesias Regueyra, 12 de julio de 2012

Nelson del Risco es el seudónimo literario del escritor habanero Esteban Nelson Risco Gómez, nacido en 1951; quien es, además, licenciado en Educación, narrador oral e intérprete musical. Ganador en 2005 del Concurso Nacional convocado por la editorial del Oriente cubano El Mar y la Montaña, ha obtenido otros reconocimientos provinciales y municipales por su estilo imaginativo, grácil y poético de relatar.
 
Ediciones Extramuros, de La Habana, publicó el pasado 2011 su título Cuentos para despertar a la abuela. El libro se estructura en doce partes, y es una verdadera lástima que la obra evidencie ciertos errores –ocurridos supuestamente al encuadrar los textos-, pues al final de varios renglones se muestran palabras mal divididas, diptongos rotos, consonantes separadas de vocales en la misma sílaba, y otros entuertos que dañan su imagen final; los cuales sirven apenas para que los más avezados lectorcitos examinen su ortografía, al saltar con la desagradable sorpresa de que «este libro no lo escribieron bien». Y el juicio infantil puede prejuiciarnos ante el resultado total, aunque no debería empañar el contenido, pues cada historia goza de encanto, reflexión, diversión, y de un correcto engranaje dramatúrgico que se vale del viraje provocado por distintos puntos de giro en la narración, muy sencillos, pero colocados con mano maestra.

Son cuentos cortos, algunos tan certeros como los disparos de «El tirapiedras», que provocará ojos aguados a más de un lector ante su efectivo mensaje ecologista, humano y familiar a la vez. Otros, más extensos, harán guiños luminosos a los interlocutores, como «La varita mágica», donde Emily lucirá sus más originales ocurrencias:


   La vi subirse en una silla y pintarle con pasta unos aretes al cuadro de la Mona Lisa que colgaba de la pared, y me dijo:
 

  -¡Esa soy yo cuando sea grande!
 

Unos más, contarán con la particular complicidad de los infantes para terminar el relato, tal ocurre con «El Corcel», obra abierta donde cada niña o niño podrá imaginar su propio caballo. El «Pretexto» inicial y el «Epílogo» final, abren y cierran respectivamente el libro con las razones literarias  imprescindibles que justifican su existencia, argumentando el modo, el tiempo y el lugar de los hechos, y agradeciendo la ayuda de esta abuela multitareas que es capaz de hacer realidad los sueños de su nieto.

El volumen goza del diseño de cubierta y de las ilustraciones de Raúl Martínez Hernández, la edición de Dagoberto J. Valdés Rodríguez, y la corrección de Yenia Silva Correa. La portada atrae desde la primera ojeada por su colorido y trazo vivaz que recrean la campiña y el lomerío cubanos: el bohío de tablas de palma, el gallo dispuesto a cantar desde el tejado, la abuela hacendosa, reloj en mano, y ese cielo espléndidamente azul, iluminado por un sol que se despierta tímido a un costado. Merecen justa mención las imágenes interiores en las que, con excelente trazo y haciendo uso de efectivas gradaciones, el ilustrador logra igual calidad en la gama de los grises, haciendo magias del blanco más puro al negro más intenso que otorgan similar viveza al magnífico dibujo que acompaña cada historia.

Al finalizar el libro, una eficaz guía refiere en qué centros se puede adquirir el volumen, así como otras publicaciones de la misma editorial, servicio que he visto solamente en libros antiguos y que debería retomarse con el fin de brindar comodidad a quien lee y desea más de lo mismo.

Cuentos para despertar a la abuela es un libro para despertar, también en los nietos, la pasión por la fantasía fabricada con letras, aunque esta vez no estén bien colocadas del todo, estas células del lenguaje.