La poesía de Ernesto Carralero Bosch
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La poesía de Ernesto Carralero Bosch forma parte de una generación que salía a la creación poética desde el fondo de la tierra misma. Venía desde abajo hacia la luz de la escritura, traía adentro de sus versos todos los huesos de la estirpe, desplegaba ante las élites capitalinas de la poesía unas extensiones llenas de distancia y misterio, de rica poesía ancestral y telúrica. Hay en estos textos de Ernesto Carralero, y en la de aquellos integrantes sepultados de la poesía de la tierra, una ingenuidad que revela los ojos del niño, una bondad que asoma las manos de la madre, un ansia de justicia que se arrima con los hombros del padre. Siempre hubo en Cuba poesía de la naturaleza, pero nunca, como en el espíritu de esta poesía surgida en los años setenta, la naturaleza, la familia, la infancia, la historia, la justicia y la espiritualidad profunda de los que parecían no tener voz, encontró una fusión tan delicada y auténtica, que conmueve a los lectores que sepan de qué se está hablando desgarradoramente en esta poesía de la isla profunda y de la más soterrada sustancia humana. Se abrían literalmente el alma a través de las asociaciones vegetales, espaciales, demográficas que les había poblado sus dolorosas y alegres infancias. Las insulsas batallas estéticas, los oportunismos de toda índole, sepultaron este joyerío áspero y dulce del campo, ansioso de reconocimiento de su valiosa presencia, luchando desde la marginalidad de las sensibilidades por un puesto digno en la expresión de la luz. En ese oscuro ejército, Ernesto Carralero irá ya para siempre, a través de estos textos, ofreciendo sus armas delgadas y veloces como el viento hacia el testimonio imprescindible de Tierra Adentro.
ROBERTO MANZANO
Ernesto Carralero Bosch. Profesor, investigador e escritor nacido en Juan Sáez el 2 de junio de 1945. Historiador de la ciudad de Puerto Padre. Algunos de sus libros son: Poesía puertopadrense, Editorial Sanlope, 1992; Tancredo y los jazmines, cuento, Editorial Sanlope, 1992; Una historia cotidiana, cuento, 1993; Mini comerrosas, cuento para niños, Editorial Sanlope; Breve Cronología de Puerto Padre, Sanlope, 1996 y Cronología de Puerto Padre, Sanlope, 2001.
EL DUEÑO DEL CAMINO
Era yo el dueño solitario del camino.
Blanco cielo con su pedrerío de estrellas,
allá lejos los quietos cirros suspendidos.
El tenue olor de campanillas
cubriendo los mayales.
El cocuyo, pequeña brasa voladora,
se pierde entre las hojas.
Jesús, alguien toca guamica,
puede salir el duende
y qué malo si responde la tojosa.
Cantata de grillos y cucarros
acompañan la tajona de Manolo
hoy, ¿quién sabe dónde?
Por la raya blanca del camino
viene silbando el miedo.
¿Quién será? Qué sobresalto
al cruzarnos en el dulce misterio de la noche.
Arriba temblaban los luceros.
PADRE
Padre es viejo.
Su mirada se pierde allá muy lejos.
No recuerda las pequeñas injusticias,
los filos quemantes del cariño,
las respuestas hoscas y la altura de ídolo.
Se le pierde la suprema autoridad inapelable
y el miedo de nosotros, los muchachos.
Nunca vio el orgullo
por parecer su copia diminuta.
Qué ruda su mano no puesta en la cabeza,
no caricia, y sí dura, admonitoria.
Qué frustradas ansias de montar a caballito
en sus rodillas gigantescas.
Qué cerrazón a la dulce terquedad de niño.
Qué injusto: «¡Afuera los muchachos!».
Padre no supo qué difícil
es fabricar pistolas de madera
y arcos con flechas.
Ahora se duele de desvíos.
Indiferencias y olvidos que laceran.
Conversa con sí mismo y quién sabe qué dirá
su pequeño, antiguo yo.
Estoy aquí, papá.
MAYAL
Verde mayal de entonces,
precaria cerca y mucho más:
tu fruta —azúcar y sereno—,
alquimia de miseria campesina,
mató muchas lombrices.
Eras casa de caguayos donjuanescos,
de jutías andaraces,
nidal de las gallinas,
asombro de gallitos peleadores.
Con tu incendiada muerte
vimos en eclosión contra la noche
nuestros primeros fuegos de artificio.
HAITIANO
Monsieur Tisú Poll tiene un conuco en la montaña
donde habita Lovertoure con Petión y Dessalines,
Atibón Legbá con Cristo y Changó,
confusos, misteriosos y mordidos
por el sato «Napoleón».
Papá Tisú está en La Isabelica
sobre una piedra blanca
dentro de un pozo de sueños negros,
en la cabeza una carga de machetes
y un alud de cabezas rubias.
Lo trajeron de codazo
cuando el aquelarre de los millones
y dejó atrás sus generales
porque en Haití el hambre
era mucho más que general.
Ouí, papá, ouí, mamá, ouí, ouí, ouí.
Y se llamó Carbón, Machete, Palito, Pití, Peseta…
Le negaron el nombre y la vida
y le chupó los sueños el amo,
el nuevo Napoleón camagüeyano.
Sólo le dejaron guardarraya y barracón.
Después Tisú me dice que nunca vio
tanta luz en la montaña.
Ahora si, «mayestra»,
y me regala un gallo colorado.
LOS PERROS
Ladridos de los perros. Medianoche.
¿Espantan a la sombra?
¿Denuncian a quien furtivo esconde
la sórdida intención,
el acto innoble?
¿Conversan entre sí?
¿Son testigos del paso de la muerte,
heraldos del misterio?
ORACIÓN AL ÁRBOL
Árbol hermano a cuya sombra crecimos.
Árbol vecino en la gran casa común,
en la tierra herida.
Árbol generoso que nos diste flor y fruto.
Árbol pródigo, hogar de pájaros y sueños.
Árbol ubérrimo que oxigena el aire.
Árbol solícito, cuidador del agua.
Árbol hermoso de verdes ramas,
guardián del paisaje y de la luz.
Árbol tutelar que ofreciste cuna,
cama y mesa, casa y ataúd.
Árbol sabio, curador de dolencias.
Árbol simbólico de gloria, fuerza, valor.
Árbol asesinado por la ingratitud.
Padre árbol, protector de la vida,
hunde tus raíces poderosas
y confía aún en nosotros.
Amén.