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Mujeres en la poesía de Angola: Ana Paula Tavares

Olga Sánchez Guevara, 26 de julio de 2012

Desde que se publicó en 1849 el libro de poemas Espontaneidades da minha alma, de José da Silva Maia Ferreira, que marca para algunos el inicio de la historia literaria de Angola, la poesía de ese país ha recorrido un largo camino, con hitos muy conocidos para nosotros como Agostinho Neto1 , y voces femeninas como la de Alda Lara, de cuya lírica ofreceremos en trabajos posteriores.

Entre las poetas angolanas contemporáneas ocupa un lugar destacado Ana Paula Ribeiro Tavares. Nacida en Huíla, al sur de Angola, en 1952, es historiadora y máster en Literaturas Africanas de lengua portuguesa, por la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa. Fue jurado del Premio Nacional de Literatura de Angola de 1988 a 1990, y responsable del Gabinete de Investigación del Centro Nacional de Documentación e Investigación Histórica, en Luanda, de 1983 a 1985.

Tiene publicados los poemarios Ritos de passagem (Luanda, 1985, União dos Escritores Angolanos); O lago da lua (Lisboa, Ed. Caminho, 2000); Dizes-me coisas amargas como os frutos (Lisboa, Ed. Caminho, 2001); Exvotos (Lisboa, Ed. Caminho, 2003), y obras en prosa como O sangue da buganvília (Praia, Centro Cultural Portugués, 1998). Revistas de Angola, Brasil, Portugal, Alemania, Suecia y Canadá han publicado sus poemas y estudios sobre Historia de Angola.

La breve muestra que aquí presentamos ha sido tomada de sus libros O lago da lua (El lago de la luna) y Ritos de passagem (Ritos de pasaje); este último será publicado próximamente en Cuba.


Vinieron muchos

«La massambalacrece a simple vista».
Vinieron muchos
en busca de pasto
traían ojos arrasados de polvareda y sed
y el ganado perdido.

Vinieron muchos
a la promesa de pasto
de grama abundante
de las tranquilas aguas del lago.
Vinieron con las manos vacías
pero con ojos de sed
y sandalias gastadas
en busca de pasto.

Se quedaron poco tiempo
mas todo el pasto se gastó en la sed
mientras la massambala crecía
a simple vista.

Partieron con los ojos arrasados de pasto
limpios de polvo
se llevaron el ganado gordo y las jovencitas.


Canto de nacimiento

Encendido está el fuego
prontas las manos

el día detuvo su lenta marcha
antes de sumergirse en la noche.

Las manos crean en el agua
una piel nueva

paños blancos
una olla para hervir
mas el cuchillo de cortar.

Un dolor fino
para marcar los intervalos de tiempo
veinte calabazas deleite
que el viento trabaja mantequilla

la luna posada en la piedra de afilar.

Una mujer ofrece a la noche
el silencio abierto
de un grito
sin sonido ni gesto
apenas el silencio abierto así en el grito
suelto en el intervalo de las lágrimas.

Las viejas deshilan una lenta memoria
que enciende la noche de palabras
después se calientan las manos de sembrar hogueras.

Una mujer arde
en el fuego de un dolor frío
igual a todos los dolores
mayor que todos los dolores.

Esta mujer arde
en medio de la noche perdida
atrapando el río
mientras los niños duermen
sus pequeños sueños de leche.


El anón

Tiene mil cuarenta y cinco
carozos
cada uno con su circunferencia
A la vuelta
se agrupan todos
(acicalados)
en el pequeño útero verde
de la cáscara

 

 

Notas

[1] Su poemario Sagrada esperanza fue publicado por la Editorial Arte y Literatura en La Habana, 1976; 2da ed. 2010.

[2] Especie de sorgo.

Selección, notas y prólogo de Olga Sánchez Guevara, 2013-02-28
Traducción y nota de presentación: Rodolfo Alpízar Castillo, 2013-01-29
Selección, traducción y nota: María de los Ángeles Rezk Pimienta, 2013-01-15