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Jorge Pérez Ávila: escribir es una forma de ayudar al prójimo 

Jesús Dueñas Becerra, 02 de agosto de 2012

No creo que, en la lengua española, haya un aforismo más exacto y preciso para justificar este diálogo con el doctor Jorge Pérez Ávila. Conversar con mi interlocutor, constituye un verdadero privilegio porque se trata de un facultativo que cultiva —con éxito de público y de crítica— la literatura científico-popular.

Las responsabilidades administrativas como director del Instituto de Medicina Tropical «Pedro Kouri», las alterna con su infatigable labor asistencial, docente-educativa, investigativa y editorial, aunque —en honor a la verdad— el doctor Pérez Ávila, al decir de la colega Lisandra Puentes Valladares, periodista del semanario Tribuna de La Habana, «juega con el tiempo hasta confundirlo».1

El también profesor consultante de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana es un experto, a escala internacional, en el tema del VIH-SIDA. Ha participado en congresos nacionales e internacionales, representado a la mayor isla de las Antillas en eventos celebrados en el exterior, y es miembro de sociedades científicas cubanas y extranjeras.

Tuve el placer inefable de conocerlo personalmente en la Asociación Cubana de Naciones Unidas, donde presentó —por tercera o cuarta vez, no recuerdo con exactitud— el libro Sida: nuevas confesiones a un médico; volumen que se distribuyó gratuitamente al público.

Una vez finalizada la actividad, me acerqué al autor y le comenté que había tenido el gusto de reseñar sus textos Sida: confesiones a un médico2 y Sida: nuevas confesiones a un médico3 para la sección Incitaciones del Portal CubaLiteraria. Y, al mismo tiempo, aproveché para solicitarle una entrevista, que me concedió de inmediato.

Cuando indagué las razones que lo llevaron a escribir esos dos libros, dedicados a relatar las secuelas bio-psico-socio-culturales y espirituales del —hasta ahora— letal VIH-SIDA, me respondió con la velocidad de un relámpago: «Escribir exige mucho tiempo, afirmó, pero no dudo en sacrificar horas de sueño, descanso, recreación y necesario intercambio afectivo con mi cónyuge, hijos y nietos, para dedicarme a esta noble acción, que hace crecer intelectual, humana y espiritualmente a quien la realiza […] y deviene una forma de ayudar al prójimo».   

Después, explicó por qué adoptó la decisión de publicar las incidencias acaecidas en el contexto de la relación profesional y emocional que estableciera con sus pacientes, de los cuales algunos ya no están entre nosotros: «Le voy a ser sincero, la motivación fundamental para llevar a la letra impresa esos testimonios desgarradores encontró eco en una frase de la doctora en Ciencias Elsa Gutiérrez Baró, profesora emérita del capitalino centro de educación médica superior: “los conocimientos, las vivencias y las experiencias que no se recogen en blanco y negro […], se pierden irremisiblemente”». 4

Hizo una breve pausa, y continuó la charla: «desde que escuché esa frase evoqué el cuarto de siglo que llevo entregado al estudio y tratamiento de esa afección viral, medité y finalmente, decidí dar a la estampa las confesiones que me hicieran, tanto los portadores del VIH, como los pacientes con SIDA, a lo largo de  veinticinco años. Durante ese lapso, he tratado no solo de aportar mi granito de arena para descubrir la causa o las causas del más terrible azote de las dos últimas décadas del siglo XX y primeras del XXI, sino también de diseñar una terapéutica más eficaz para mejorar la calidad de vida de portadores y enfermos, así como minimizar —hasta donde sea posible— los estragos que produce en el organismo humano, al que deja en un lamentable estado de indefensión ante la ocurrencia de enfermedades oportunistas, que pueden llevar al paciente a la muerte».

Por otra parte destacó: «no podría dejar de mencionar cómo influyó en mí una intervención de la M.Sc. Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) cuando dijo “El VIH-SIDA es una epidemia que pone en tela de juicio […] la cultura, los prejuicios, las creencias estereotipadas sobre el hombre y la mujer, la orientación sexual [del portador del VIH o paciente con SIDA], y todas aquellas actitudes que ponen límite a la solidaridad humana”». 

Con posterioridad, precisó: «le he descrito —en apretada síntesis— los factores que me llevaron a escribir, y consecuentemente dar a la publicidad, esos dos volúmenes, los cuales colocan al lector ante la vida de los infectados, los pacientes y los familiares. Sin embargo, debo advertirle que no configuran una novela de ficción o una antología de relatos cortos, sino que reflejan —desde una óptica eminentemente objetivo-subjetiva— el dolor, el sufrimiento, la sorpresa inesperada, la incertidumbre que genera angustia, la tristeza, la depresión, los cuestionamientos y los deseos de las personas de los dos sexos que han tenido contacto con esa infección de transmisión sexual por padecer o acompañar a quienes están contagiados o enfermos».

El doctor Jorge Pérez Ávila reiteró que las páginas de esas dos obras registran «diferentes facetas de los graves conflictos que subyacen detrás de los seropositivos o enfermos, y que enfrentan hijos, padres y hermanos en su entorno familiar. También analizo en ellas los dilemas éticos del personal médico, paramédico, administrativo y de servicio que establece contacto directo o indirecto con esas personas y las instituciones de salud que les prestan atención médica y psicosocial».

Para finalizar este fructífero intercambio, expresó: «estoy seguro de que dichos testimonios, escapados del alma de portadores del VIH y pacientes con SIDA, a los que he atendido con amor y devoción, no dejarán indiferentes a quienes se adentren en su lectura, y tengo fe en que los incite a reflexionar sobre su conducta sexual y actitudes hacia las personas contaminadas o enfermas, a las cuales debemos percibir como seres humanos únicos e irrepetibles, que por ser quienes son y como son merecen afecto, comprensión y respeto a su inviolable dignidad. De ahí, que la práctica médica sea valorada, en nuestro medio y fuera de él, como fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad».

Notas
1.Puentes Valladares, Lisandra. «Jorge Pérez se confiesa (I)». Tribuna de La Habana. 22 de julio de 2012: p. 5 (capitalina).
2.Pérez Ávila, Jorge. SIDA: confesiones a un médico. La Habana: Ediciones Lazo Adentro, 2006.
3.-----. SIDA: nuevas confesiones a un médico. La Habana: Casa Editora Abril, 2011.
4.Gutiérrez Baró, Elsa. Citada por Jesús Dueñas Becerra, en «Doctora Elsa Gutiérrez Baró: escritora por vocación» Disponible en www.cubaliteraria.cu (Diálogos).