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Revista Matanzas, en el atrio de su centenario

Fernando Padilla González, 13 de agosto de 2012

Matanzas, revista artística y literaria de la denominada “Ciudad de los puentes” arriba a su centenario. Desde comienzos de año, varias han sido las ocasiones para festejar el siglo de existencia de una publicación que ha sabido abordar en sus páginas y a partir de la literatura, “el panorama cultural de estos tiempos e intentar, con la presencia de autores de toda la Isla, la inserción en los principales debates de la actualidad como reflejo de una época”, según afirma su actual director editorial, Alfredo Zaldívar.

A saludar la centuria de la publicación Matanzas y el medio siglo de la revista La Gaceta de Cuba se dedicó el coloquio Pasar Revista, efectuado en el Museo Palacio de Junco durante la celebración de la XXI Feria Internacional del Libro en la provincia matancera.

El momento fue oportuno, además, para dar a conocer al público asistente los derroteros, las aspiraciones y los compromisos futuros de ambos magazines. De igual manera, se resaltó la necesidad de estimular la creación literaria en el ámbito intelectual matancero y se destacó la importancia de la centenaria publicación como vocera de la cultura y en la difusión de los nuevos creadores. Momento emotivo constituyó la entrega de un galardón a Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura, por su composición poética “Escrito ante el portal de Saint John Perse”, que viera la luz en una edición anterior de la revista.

En la actualidad, Matanzas es una publicación de poco más de 60 páginas de la casa editora de la Atenas de Cuba y se imprime mediante la técnica risográfica. Su fundación se remonta a inicios del siglo XX, cuando los intelectuales Fernando Llés y Justo G. Betancourt aunaron esfuerzos para la creación de una revista que reflejase el quehacer creativo en la lírica, la narrativa y la crítica literaria. Entre sus primeros colaboradores se encontraron el propio Fernando Llés, José Ignacio Forn, Higinio Medrano y Eduardo Marquina.

Pese a ello, la publicación tuvo un carácter efímero y solo contó con unas pocas ediciones hasta desaparecer. Cultivador de los estudios filosóficos y la poesía, Fernando Llés no cejó en su empeño y retomó la revista en 1913, aunque correría con igual suerte. Dos décadas después, el promotor cultural, poeta y crítico de arte, Américo Alvarado Sicilia crea una nueva publicación bajo el mismo nombre de sus precursoras, Matanzas. En las postrimerías de la década del setenta, una nueva Matanzas nacería al calor de los empeños del narrador y también crítico, Arturo Arango.

Hoy la publicación se inscribe en el movimiento de las casas editoras provinciales encargadas de la promoción de los valores artísticos y literarios de sus regiones, como necesario complemento del amplio contexto editorial radicado en la capital de la Mayor de las Antillas.

Cada edición dedica un dossier homenaje a una figura cimera de las letras hispánicas. En reciente edición, la sección consagra sus páginas al poeta, ensayista, narrador, dramaturgo y periodista salvadoreño Roque Dalton. “Los muertos cada día más indóciles…”, “Roque Dalton, la patria intertextual” y “Discutiendo con un ángel: Poética de la revolución…”, son tres fragmentos de textos que próximamente serán publicados en la hermana nación mexicana, junto a otros estudios de jóvenes ensayistas y poetas latinoamericanos.

El primero de los trabajos sondea las lecturas del grito: “Los muertos cada día están más indóciles”. A criterio del poeta colombiano Fernando Vargas Valencia, Roque Dalton anuncia “la prisión de su sangre, ese goteo permanente que comparte con sus amigos en la clandestinidad del amor, porque el amor se hace clandestino en las sociedades del consumo del otro, en las ciudades donde la guerra agita su orden público de lamentos. Esa misma sangre que nos convoca desde y hacia Dalton, testigo ejemplar de su tiempo en la que pudo gritar sin temor a morir que «la sangre de vuestra sangre es mi antigüedad y mi memoria”.

En tanto, “La patria intertextual” reconoce “la extraordinaria riqueza interna del discurso poético de Roque Dalton que ha transcendido las fronteras del tiempo y del vacío que trae consigo la modernidad. El poeta salvadoreño es un ser atrapado entre diferentes estados y niveles del lenguaje precedidos por una tradición y los ecos de otras escrituras”.

Concluye la tríada, “Discutiendo con un ángel: Poética de la revolución y la revolución poética en Roque Dalton”. En el, su autor llama la atención sobre como “desde su primera juventud y hasta su trágica muerte, Roque Dalton se consideró a sí mismo un revolucionario comprometido con la emancipación social de los oprimidos y los explotados. El mes de su cumpleaños número cuarenta no lo sorprendió en los salones de la academia, sino combatiendo con las armas por la misma causa fundamental que había empezado a defender antes de cumplir los veinte.

“Ahora bien, esta coherencia ética, que mucho tiene de deslumbrante, no ha de cegarnos a los matices de la profunda evolución que a lo largo de los años experimentó su forma de entender la revolución y el papel del revolucionario que, necesariamente, tenía que manifestarse en su vida y en su literatura”.

Conceden a este número de Matanzas una visualidad excepcional en su gráfica la reproducción de varias obras del pintor de Iberoamérica Oswaldo Guayasamín, del artista chileno Roberto Matta y del mexicano Francisco Toledo.

Otras de las secciones de la publicación, “Deslindes”, sede espacio a un texto rubricado por Nancy Morejón con el sugerente título de “Alabanza y conversación para Roberto Fernández Retamar”. En prosa característica de la Morejón, se descubre la presencia de lo real maravilloso en la obra del autor de Calibán, quien —según los argumentos de la autora— es discípulo por elección de José Martí, lo que “supone aceptar un privilegio pues, entre los primeros méritos de su quehacer, versátil como pocos, está su condición de maestro, un maestro singular quien, al cultivar ininterrumpidamente la poesía, el ensayo y el periodismo, construía escuelas y trincheras; traducía a los poetas malditos del siglo XX; fungía como revistero impenitente, editor inefable mientras organizaba la promoción de una cultura que su propia obra gestaba sin cesar. Nada más caribeño”.

En hora buena para Matanzas sin y en cursiva. Cien años o un siglo, se escribe y se dice con pocas palabras, sin embargo, la azarosa pero persistente existencia de la publicación de la Atenas de Cuba da riendas del empeño por divulgar el rico acervo cultural de la provincia, que ha acogido como cuna o tierra natal a un sin número de prestigiosos intelectuales de las letras cubanas.