Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 9 de diciembre de 2019; 6:10 PM | Actualizado: 09 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 271 | ver otros artículos en esta sección »
Página

El lobo, el bosque y el hombre nuevo: clase magistral de actuación

Jesús Dueñas Becerra, 07 de septiembre de 2012

La obra teatral El lobo, el bosque y el hombre nuevo, basada en el cuento homónimo del escritor, periodista y guionista cinematográfico Senel Paz, subió —una vez más— a las tablas de la capitalina sala Adolfo Llauradó. El carismático actor Jorge Luis López vuelve, en esta ocasión, como director y protagonista de la pieza que estrenó hace dos décadas y que tiene en su haber más de cinco mil funciones.

La versión es de Jorge Luis López, quien ha incursionado con éxito en el teatro, la radio y la televisión insulares; mientras que la música original es del maestro Jorge Luis Álvarez, y su interpretación in vivo estuvo a cargo de Lilian Ávila y Oscar Garrido.

La trama gira alrededor de  relación amistosa entre David, joven campesino, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), machista y homofóbico, y Diego, intelectual, religioso y gay.

Jorge Luis López se desdobla, entonces, en esos dos personajes, quienes aparentemente no tienen puntos de tangencia, ya que en su trayectoria vital siguen líneas paralelas que, supuestamente, jamás se encontrarán.

La responsabilidad que asume el actor constituye una verdadera «prueba de fuego», tanto para él como para un novel artista, ya que mantener la atención y el interés del público durante más de una hora requiere darlo todo sobre las tablas, o sea, quedarse vacío interiormente, pero sin perder la esencia de las características personográficas que lo caracterizan e identifican en escena y fuera de ella.   

Sin embargo, Jorge Luis sabe transitar por esos intrincados parajes —llenos de flores y espinas— con aplomo, madurez, seguridad y confianza en sus capacidades histriónicas, reales y potenciales, para dar lo que el personaje le exige.

Por otra parte, dosifica en su justa medida, el discurso dramatúrgico mientras que las transiciones fluyen, no hay nada forzado, ni sobreactuado. El comportamiento de los dos «antagonistas» es natural para poder otorgarle credibilidad ante el auditorio.

Ahora bien, cada palabra, cada insinuación con la mirada, cada gesto corporal, están muy bien estudiados y ejecutados, sin constituir —nada más lejos de la realidad— una camisa de fuerza a la que tenga que adaptarse… sin excusa ni pretexto.

López actúa con libertad de pensamiento y movimiento para que el espectador pueda captar el sentido del mensaje ético-humanista que el texto le transmite: un canto a la amistad, percibida como un encuentro en el espíritu entre dos personas, con independencia de su ideología,  orientación sexual o forma de ser.

En un diálogo con la prensa, luego de finalizada la función, Jorge Luis López declaró:

Diego es gay y David es la cara opuesta de la moneda: machista y homofóbico […], pero son dos cubanos que —con virtudes y defectos— viven, aman, crean y sueñan en la Cuba de hoy. Por lo tanto, en el escenario, hay que representarlos tal y como son, sin idealizaciones ni conformismo de ningún tipo. Y para lograrlo, hace falta —en primer lugar— cultura, rigor intelectual, compromiso moral con el ‘respetable’, al que no podemos ni debemos defraudar, así como el valor de correr los riesgos necesarios, menos el facilismo, la chabacanería o la grosería, lo cual es anti-ético en nuestra profesión, fuente nutricia de humanismo y espiritualidad (entendida esta como el conjunto de acciones que el hombre y la mujer realizan y que le dan pleno sentido a su vida).

En relación con su representación del cuento de Senel Paz comentó:

Esta obra fue bien concebida, bien hecha, bien escrita, por lo que me sentía obligado a dar lo mejor de mí en el escenario. Los valores literarios, dramatúrgicos y ético-humanistas sobre los cuales se estructura se funden en cálido abrazo; y para mí constituye un honor, un privilegio, haber llevado a las tablas esa joya del teatro cubano contemporáneo, que ha obtenido entre 1992 y 1998 seis premios: tres nacionales y tres internacionales.

Más adelante López precisó:  "[…] yo creo, sinceramente, en la bondad de las artes escénicas como manifestación suprema de la belleza (concebida como todo aquello que contribuye a enaltecer la condición humana del hombre y la mujer), pero solo comprendo y justifico su utilidad y su razón de ser cuando tiende a reflejar e interpretar angustias, ensueños, anhelos e inquietudes de los seres humanos."

Por último, destacó:  "[…] creo y he creído siempre que la premisa básica de un actor es la de ser sincero con el público y consigo mismo. Yo he procurado permanecer estrictamente fiel a ese criterio; y a través de los personajes que interpreto en cualesquiera de los medios donde he incursionado […], no soy más que yo mismo."  

Jesús Dueñas Becerra, 2017-09-07
Jesús Dueñas Becerra  , 2017-08-24
Jesús Dueñas Becerra  , 2017-08-17
Jesús Dueñas Becerra, 2017-08-10
Jesús Dueñas Becerra, 2017-08-03
Jesús Dueñas Becerra, 2017-07-28