Teatro completo de Virgilio Piñera


Con motivo del centenario de Virgilio Piñera (1912-1979), la Editorial Letras Cubanas dio a la estampa el volumen Teatro completo, que compilado, ordenado y prologado por el crítico e investigador Rine Leal, incluye la mayoría de las obras que integran la producción intelectual y espiritual del más ilustre representante del teatro del absurdo, en la mayor isla de las Antillas…, y de un poco más allá de nuestras fronteras geográfico-culturales.
El ilustre autor de Aire Frío y Electra Garrigó, dos clásicos de las artes escénicas contemporáneas, no fue nunca una persona que se ajustara al respeto que suscitara entre sus contemporáneos el nombre del genial poeta, escritor, dramaturgo, crítico y periodista cardenense.
Entre los muchos valores de ese texto, se destaca cómo muestra la amplitud de su diapasón dramatúrgico-literario, al colocar —simultáneamente— obras cercanas al drama realista con otras que bordean los límites de lo irracional, y en las cuales el espíritu inquieto de Piñera estableció sólidos puentes hacia las formas más revolucionarias para expresar el arte de las tablas.
En él, combinó elementos embrionarios de lo que hoy se denomina postmodernidad, y que —en su caso específico— era un tremendo riesgo personal que, no obstante, le facilitaba la utilización de intertextos, situarse como personaje de varias obras, y poner en crisis una tradición a la que nunca dejó de señalar sus puntos grises u oscuros.
Un lector convencional opta por la unidad teórico-conceptual que otros dramaturgos cubanos han ido elaborando (el caso de Abelardo Estorino, Premio Nacional de Literatura y Teatro, constituye un ejemplo fehaciente)…, pero sin el reto constante y provocador del creador de Muerte de Narciso, y su privilegiada capacidad para dinamizar los aparentes logros de nuestra escena insular, lo que hoy es —y no es— el teatro cubano contemporáneo no podría, en modo alguno, ser objeto de estudio con el rigor estético-artístico que con premura requiere.
Esta edición de lujo registra —con letras indelebles— los gestos principales, y algunos marginales (¿por qué ocultarlo?), de ese hombre único e irrepetible, que fuera Virgilio Piñera.
Desde la caribeña Electra… hasta El trac, los personajes creados por su ardiente imaginación luchan sin descanso contra el Destino (o Karma) y las Máscaras; mezquino recurso censurado por el venerable padre Félix Varela en su obra cumbre Cartas a Elpidio1, y lamentablemente empleado —con asiduidad— por el ser humano… a través de todas las épocas y todos los tiempos.
En escena, Virgilio va, del espíritu burgués —criticado acremente por la caricatura que hace del mito helénico— a un ser estropeado, deteriorado, que descubre la espiritualidad (conjunto de acciones que el hombre y la mujer realizan, y que le dan pleno sentido a su vida), ya en sus últimas piezas.
No queda nada —o casi nada— de los pilares fundamentales en que se estructura la obra que abre este libro cuando se llega a la primera glosa de Dos viejos pánicos; contexto donde solo se lucha por conseguir un par de camas desvencijadas, que Tota y Tablo usarán como trampolín para sus juegos letales.
Por otra parte, el teatro de Piñera cautiva por su carisma, por la capacidad de renovación y autoconciencia del autor, quien decidiera —con soberana libertad— no repetir mecánicamente los mismos moldes y recursos dramatúrgicos ad usum, sino avanzar con una calidad creativa capaz de abrir ilimitados horizontes a nuestra somnolienta dramaturgia.
De la lectura analítica de Teatro completo, se intuye el criterio —en extremo polémico— de que el universo teatral del insigne dramaturgo es, ante todo, un conjunto de enigmas, que los estudiosos de la vida y la obra de Virgilio Piñera deberán descifrar desde una óptica eminentemente objetivo-subjetiva.
Notas:
1. Varela, Félix. Cartas a Elpidio sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo, en Obras. Editorial Cultura Popular: La Habana, 1997. Tomo III: pp. 4-212.