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Música clásica en la Colección 21

Alina Iglesias Regueyra, 12 de octubre de 2012

Manguito Báez, Antonito Paz, la bella Zandra Alí Tojosa, Josefina Isolina, Fini, la enfermera; Romeo Ecuador y Hada Julieta Centella; José Marlon Blanco y Leoncio Erineo Taco, ambos policías; entre otros, son personajes que integran la trama de un simpático y original volumen publicado el pasado 2011 por la Editorial Gente Nueva en su Colección 21. Ellos habitan el entorno habanero de Los Muelles, zona reconocida por su marginalidad. Existe allí el solar de Sherwood, en el barrio La Tinajita, donde el maleante Robin Hood el Rubio hará de las suyas. Por su parte, una joven aventurera temporal trocará el ¿orden? existente, para desembocar en un inusitado final que nos dejará con una mezcla de asombro, optimismo e, incluso, alivio. Y es mediante la llamada música clásica que el autor armonizará las tan disparatadas tramas empleadas para lograr el prodigioso colofón.

Los botones de la camisa de Tchaikovski es el título del libro donde acontecen estas peripecias, mixtura de fantasía y realidad. Con un lenguaje que se traslada, a saltos, del más convencional y académico, al más popular y desmedido, Arnaldo Muñoz Viquillón enlaza rápidamente la atención del lector y lo sumerge en su juego dramatúrgico, donde se intercalan, además, figuras universales de la música de siglos precedentes, como el romántico alemán Richard Wagner, el compositor de óperas italiano Giusseppe Verdi, el francés Héctor Berlioz y el húngaro Franz Liszt. Otras personalidades de ayer y de hoy intervienen en menor medida, para otorgarle aún más riqueza y sazón a su línea temática: así, Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Alberto Durero y San Juan Bosco, los músicos Orlando di Lasso, Giovanni Pierluigi da Palestrina y hasta Bob Dylan, y también los cubanos Carlos J. Finlay, Manuel Saumell y Julián del Casal, son añadidos a esta ensalada posmoderna y carnavalesca que hace de la historia narrada un espectáculo literario sorprendente.

Arnaldo Muñoz Viquillón es un poeta, editor y narrador habanero que vio la luz en 1972. Ha sido premiado en varios concursos, como el Félix Pita Rodríguez, de 2003, y el Eliseo Diego, de 2004, por sus títulos El olor de la langosta y la torre de cerámica y La muerte segura de María Barrientos, respectivamente. En la editorial que le publica esta vez, en 2009 obtuvo el premio La Edad de Oro por su Arnoldo enamorado.

La edición de Los botones de la camisa de Tchaikovsky correspondió a Néstor Cabrera, el diseño es de María Elena Cicard y las ilustraciones fueron elaboradas por Juan Carlos Polo, quien, con sus viñetas al margen y su portada colorida, dinámica y equilibrada, logra atraer a quienes asiduamente asistimos a bibliotecas y librerías buscando mundos mágicos tras cada pequeña puerta de cartulina.

Además del sentido aventurero y atrevido (léase: de diversión) de Los botones…, la obra posee otro valor, a mi juicio, importante, para lidiar con la actualidad cubana (entorno donde se encuentra muy certeramente ubicada) e, incluso, mundial. Y es el de proponer el arte y, en específico, la música pura como opciones eficaces para hermanar, humanizar y comprender, para favorecer esa comunicación que, a ratos, se ausenta de nuestras relaciones interpersonales, simplemente por el extrañamiento o el desconocimiento que experimentamos hacia esos “otros yo” que sufren, viven y aman con la misma intensidad que uno mismo. El arte como dios universal, como lenguaje al cual todos podemos acceder, capaz de atravesar fronteras espaciales y temporales, sociales y políticas, históricas y económicas, es el mensaje de este autor a quienes compartamos su obra, con la que, además de propiciarnos una amena lectura, podemos escuchar en la imaginación, entre los muelles y los reflejos de la bahía de La Habana, la belleza tímbrica, armónica y melódica de la obertura-fantasía Romeo y Julieta, interpretada al piano por su autor: el mismísimo Piotr Ilich Tchaikovski.