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Remolino en las aguas

Jesús Dueñas Becerra, 18 de octubre de 2012

Mefisto Teatro, dirigido por Tony Díaz, llevó a las tablas de la capitalina sala Adolfo Llauradó, el monólogo Remolino en las Aguas, del escritor y dramaturgo Gerardo Fulleda León, e interpretado por la multifacética actriz Leidis Díaz.
 
Con buena acogida de público y de la crítica teatral, la obra fue —desde todo punto de vista— un éxito. Una puesta apoyada, fundamentalmente, en el talento de dos grandes de la escena cubana contemporánea: Díaz y Fulleda León. En esa ocasión, estuvieron acompañados por una novel, pero fogueada actriz, cuya versatilidad en escena quedara demostrada —sin ningún género de duda— cuando le prestó piel y alma a La Lupe, una carismática cantante cubana que alcanzó fama y popularidad en los años sesenta del pasado siglo.
 
Percibamos, pues, ese nuevo éxito de Mefisto Teatro como un leitmotiv: obras atrevidas, logradas por la genialidad de un hombre de la talla excepcional de su director, que con una capacidad creativa, y como único límite el cielo, logra hacer mucho con un mínimo de recursos materiales, de cuya escasez tanto se lamentan —hoy por hoy— algunos realizadores y directores en nuestro medio.

Cual don Quijote contra todas las carencias económicas, éticas, humanas y espirituales que nos azotan, esgrime sus principales armas: la constancia y la entrega incondicionales, en un infatigable quehacer artístico-profesional, para persuadirnos de que, con amor y tesón, sí se puede. Una frase que en Díaz deja de ser consigna o frase hueca, vacía, para convertirse en realidad tangible, palpable. Despojado de falsos oropeles y con el trabajo cotidiano en función del objetivo que se propone alcanzar, a través de una exigente labor de dirección actoral, uno de los muchos recursos que le aseguran el triunfo en cada proyecto dramatúrgico que emprende; trabajo que completa con un equipo de figuras «clave» de las artes escénicas insulares, hasta llegar a convencer al espectador de la vigencia y validez del teatro musical cubano.

Remolino… constituye una puesta que se ha ganado el reconocimiento por muchas razones, pero —sobre todo— porque  en ella se evidencia la exhaustiva investigación llevada a cabo por Leidis Díaz para interiorizar e incorporar a su estilo de afrontamiento actoral, vivencias no experimentadas como consecuencia de su corta edad, pero que es capaz de llevar al escenario con una fuerza que impresiona por su coherencia, originalidad y naturalidad.

En un aparte con la prensa, la actriz precisó: « […] mi objetivo no ha sido nunca imitar a La Lupe, porque ella es [única e irrepetible]».

Al respecto, Fulleda León expresó: 

[…] por no ser una anécdota real de su vida, se nos presenta aquí, con toda la pasión y la vehemencia de una mujer que logró superar sus miedos y mostrar en toda su dimensión y magnitud la grandeza creadora que la inmortalizara. Nuestro propósito es que quienes la conocieron la recuerden con afecto y respeto, y los jóvenes de mi tiempo la reconozcan y la admiren. Su contenido principal es el amor, la pasión y la defensa de lo auténtico, que condiciona la genialidad,  difícilmente alcanzada porque se necesita mucho coraje para ser diferente. Es un camino tortuoso, lleno de incomprensiones, pero válido, porque trasciende épocas y territorios.

A tono con dicha línea de pensamiento, señaló Leidis:

Este trabajo ha sido muy importante por todo lo aprendido. Es mi primera obra en solitario desde que me gradué de la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 2004. Con ese monólogo, logré culminar mis estudios en la habanera Universidad de las Artes (ISA). Remolino… me ha calado muy hondo, al poder acercarme a La Lupe, una gran artista, no solo en su vida como cantante, sino también en su lado humano, muchas veces estigmatizado por los medios. También estudié a otras cantantes que antecedieron a La Lupe o coincidieron con ella en tiempo y espacio. Hemos trabajado fuerte en colectivo y ojalá dicha puesta haya llegado al alma del público. Hay muchas personas a las que tendríamos que agradecer, pero la lista sería interminable […].

Concluyó su primera temporada Remolino… ─un gran reto vocal y actoral. En algo más de una hora, que se va como la espuma del mar o como las nubes en un cielo despejado, no hay recaídas. Todo es tan por encima que es encomiable el resultado obtenido por Leidis Díaz en su arrolladora fuerza dramática, en la danza, en los fuertes movimientos de expresión corporal, en el canto a capela, con una música de fondo, o incluso, cuando dobla su propia voz. Todo ello sin perder el arte frenético de La Lupe, pero sin sacrificar —en lo más mínimo— la esencia íntima de su personalidad, que la caracteriza e identifica no solo como actriz, sino también como ser humano.

Por curiosa asociación de ideas, mi archivo mnémico registra la magistral actuación de Lester Martínez en ¡Ay, mi amor! cuando el maestro Carlos Díaz, director de Teatro El Público, le dio el papel protagónico de ese monólogo, basado en las confesiones íntimas legadas por Llauradó a la posteridad, y estrenado —justamente en la sala que lleva su nombre— hace algo más de cuatro años. Contexto dramatúrgico en el que Lester adopta la estatura excepcional de ese gigante de la escena cubana contemporánea, pero sin renunciar a su yo, el auténtico, el verdadero. Estaba muy consciente de que en las tablas representaba o le insuflaba vida a Llauradó, pero sin perder su personalidad, su identidad.

En esa combinación dinámica de caracteres disímiles estuvo, en mi opinión, el as de triunfo, tanto de Lester Martinez como de Leidis Díaz.   

 

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