Y su corazón escapó para convertirse… en libro
El año pasado apareció en el apartado Juvenil de la colección Alba Narrativa, perteneciente a la Editorial Gente Nueva, el título …Y su corazón escapó para convertirse en pájaro, de la escritora Edna Iturralde; un libro pletórico de poesía e imaginación que forma parte de los homenajes con motivo del bicentenario de la independencia latinoamericana. Según su editor, Enrique Pérez Díaz, la obra narra, a través de leyendas y tradiciones recreadas de manera contemporánea, la historia del pueblo negro de Ecuador. Sin embargo, al avanzar en sus páginas, comprobamos que puede interpretarse y disfrutarse no solo localmente, a pesar de sus explícitas locaciones, sino continentalmente, pues este mismo imaginario sociocultural es conocido y reconocido por lectores de otros pueblos americanos y caribeños, incluyendo a Cuba, debido a las raíces comunes que se juntan en el punto de partida de aquella forzosa emigración africana.
Catorce cuentos integran este libro que podría calificarse de grandioso, a pesar de su modesto tamaño, por la muy lograda intención de llevarnos mediante un sólido hilo conductor —desde la captura y el tráfico de esclavos en un barco negrero hasta la contemporaneidad—, sin suscitar sospecha alguna de didactismos acerca de nuestros orígenes en el corazón del continente negro.
El libro parte de una fábula ancestral que cuenta cómo el orden del mundo fue subvertido por el monstruo Kamapa, creado por la intolerancia y el egoísmo. El monstruo devoraba personas, y desde su aparición en el mundo, cada ser humano estaba llamado a aniquilarlo, pero algunos decidían alimentar su existencia. Estaba en manos de cada quien escoger el camino adecuado y justo.
Sobre esta premisa anecdótica, se edifica una narración tras otra, hasta culminar con la última lección de amor, en un relato situado en el presente, cuando las personas dejan atrás el odio racial. Resulta particularmente curioso y original que la sugerencia de la finitud del monstruo se ubique, no en un futuro lejano o cercano, sino simplemente en el hoy; lo cual apunta hacia una evidente intencionalidad autoral de marcar una suerte de impaciencia o desesperación, experimentada y compartida por multitud de seres humanos, acerca de la urgencia de poner fin a la violencia, la humillación y la fría crueldad con que se vive aún en el planeta.
Las palabras que selecciona Iturralde para hacer disfrutables sus propósitos, los giros de su lenguaje, nada tienen que ver con una aburrida clase de Historia, llena de plecas para señalar hechos, causas y consecuencias, o con un discurso político de moda; se relacionan con una visión épica que ronda un sentimentalismo —en el mejor sentido de la palabra— muy actualizado, poseedor de la magia de la identificación estética. “Esto te pudo haber pasado a ti o a tus ancestros”, nos dice Edna desde sus páginas; mas no como castigo latente o supersticiosa amenaza secular, sino como vivencia entrañable de la cual somos deudores, desde una óptica amena e imponente a la vez. Tal resulta su arte escritural, donde la identidad americana se manifiesta claramente, pero sin saturación que conlleve molestos ruidos comunicativos.
Como bien señala el editor, este volumen no se compone de vivencias de personajes famosos y renombrados, sino de mitos y anécdotas reales, donde intervienen héroes anónimos —simplemente reconocidos en tanto abuelas, nietos, bisabuelos, hermanos, padres— que han quedado en los anales de cada pueblo o aldea, en ciertas páginas de diarios olvidados, o en libros de culto de los religiosos bantúes, carabalíes, yorubas o congos. A partir de esa semilla de realidad, construye la autora su efigie literaria. Cada hecho está acotado al pie de la página final de las historias, como este puntual dato en el último folio del primer cuento:
Entre 1450 y 1850, por lo menos 12 000 000 de africanos fueron raptados y vendidos como esclavos. La mayoría fueron embarcados desde África a través del Atlántico, en el Viaje Amargo del Dolor, hacia las colonias europeas de Norte, Centro y Sur América, y las Antillas. A esto se lo conoce como Diáspora, cuando los africanos fueron separados y dispersados. A pesar de esta forzada separación, los africanos esclavizados y sus descendientes llevaron con ellos mucho de su cultura, especialmente en la música y en las tradiciones orales, que han enriquecido a otras culturas en todo el mundo.
Asimismo aparecen las referencias orales o bibliográficas que marcan la procedencia histórico-literaria de las tradiciones o leyendas utilizadas para enhebrar la dramaturgia de los relatos; lo cual hace de la obra una riquísima fuente de estudio para los entendidos en materias de humanidades, como antropología, historia o literatura.
Para la infancia, deviene surtidor de fantasía, viaje legendario y aprendizaje inasible pero profundo de esa Historia que frecuentemente se rechaza. Edna Iturralde nos enseña una vía llena de lirismo, emotividad y fuerza, plasmada desde el título mismo de su colección de relatos.