Armando Suárez del Villar: el teatro es uno de mis grandes amores
El director teatral y pedagogo Armando Suárez del Villar (Cienfuegos, 1936–La Habana, 2012), Premio Nacional de Teatro y de la Enseñanza Artística, marchó, el 17 de septiembre pasado, al espacio infinito, lleno de música, luz y color, a encontrarse con el Espíritu Universal; leitmotiv en la obra poético-literaria y periodística de José Martí, uno de los referentes éticos e ideo-estéticos en que sustentara su fecunda trayectoria profesional en el campo de las artes escénicas.
Al descubrir su temprana afición hacia el arte, se incorporó al grupo de fundadores del Conjunto Dramático de Las Villas, en los años sesenta del pasado siglo.
Suárez del Villar era doctor en Derecho por la bicentenaria Universidad de La Habana, pero se olvidó de la toga y el birrete, para dedicarse en cuerpo, mente y alma a formar profesionales del arte de las tablas y del canto lírico, en las aulas de la capitalina Universidad de las Artes (ISA), donde desempeñara la función de decano de la Facultad de Artes Escénicas.
Su pasión por la dramaturgia y por el teatro lírico lo mantuvo en activo hasta exhalar el último aliento. Entre sus más destacados montajes, habría que evocar las obras que formaron parte del ciclo de teatro clásico insular, que facilitó el re-encuentro con los autores cubanos más importantes del siglo XIX.
A él le debemos el estreno mundial de El becerro de oro, de Joaquín Lorenzo Luaces (1826-1867), que fue, sin dudas, su puesta en escena más relevante.
Recibió en vida infinidad de reconocimientos y distinciones, entre las que se destaca la de Maestro de Juventudes, que otorga la Asociación Hnos. Saíz. Por otra parte, era miembro honorario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
También se dedicó al montaje de óperas en el cincuentenario Teatro Lírico Nacional, donde estrenó la obra La Esclava, de Mauri.
Suárez del Villar vivía orgulloso de su linaje patriótico, ya que sus abuelos por línea paterna y materna participaron en las gestas independentistas. En su árbol genealógico, se registra el nombre del general Federico Fernández Cavada («Candela»).
Por lo tanto, era un cubano de pura sangre, que llevaba en los genes, y en el alma, el amor a la tierra que lo viera nacer y crecer, así como a la libertad de pensamiento y espíritu, que es, según el Apóstol, la verdadera libertad.
Duerma en paz, maestro Armando Suárez del Villar, el martiano sueño de los justos, porque ya terminó de escribir —en esta tierra— su fructífera leyenda personal.