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Un jesuita de la literatura

Jesús Dueñas Becerra, 09 de noviembre de 2012

Con el objetivo de evocar con dignidad el centenario de Virgilio Piñera (1912-1979), el actor Osvaldo Doimeadiós, Premio Nacional del Humor 2012, llevó a las tablas del teatro Trianón, sede de El Público, el unipersonal Un jesuita de la literatura, del insigne poeta, escritor, dramaturgo y periodista cardenense. La dirección de la puesta fue del maestro Carlos Díaz, mientras que la versión correspondiente estuvo a cargo del crítico y ensayista Norge Espinosa.

Quien está habituado a reír con los personajes humorísticos creados por el talento natural y la fértil imaginación de Doimeadiós, estoy seguro que se enfrentará con alguien que se desdobla, se metamorfosea en escena, para trasmitirle al público las virtudes y defectos, necesidades no satisfechas, contradicciones, conflictos y debilidades en que se estructura el entramado psicológico del personaje, en el que se aprecian pinceladas biográficas del autor de «Muerte de Narciso», y al que le entrega no solo el cuerpo, sino también el alma.

El laureado actor se vale de su carisma para incursionar por diferentes estados afectivos que embargan al protagonista, con pleno dominio de los recursos humorísticos y dramáticos, que lleva al auditorio de la sonora carcajada a la reflexión más profunda, acerca de la intensidad del conflicto intrapsíquico.

Así se mueve en un espacio escénico edificado con pocos elementos, que son expresión —en ocasiones— del deterioro que evidencia el sencillo nivel de vida de Piñera, y que reflejan no solo el desgaste del artista en su anhelo por continuar conjugando el verbo crear, para él sinónimo de vida, sino también el desgaste de un país, donde ocurría nada, para decirlo con las mismas palabras utilizadas en uno de los parlamentos de Aire frío.

Digámoslo de una vez: Un jesuita… deviene un espectáculo artístico construido a partir de la egregia figura de Virgilio Piñera. La interpretación se focaliza en la controversial personalidad de quien escribiera Dos viejos pánicos y Electra Garrigó, dos clásicos del teatro cubano y universal, para —con el alejamiento racional de los estereotipos estáticos que opacaran su imagen— mostrar a un ser humano más íntimo, más verdadero y más caótico (¿por qué ocultarlo?).

Doimeadiós y Piñera se componen y descomponen continuamente en un mismo esquema corporal, y ambos hilvanan una dramaturgia escénica, que incluye un discurso verbal y gestual.

En ese contexto, el espectador debe tener en cuenta la construcción que hace el actor del personaje de la madre, cuando combina piezas de ropa para narrar sus aventuras y desventuras en la cola para comprar el pollo en la carnicería (hecho común y corriente en nuestro entorno cotidiano).

Por otra parte, caracteriza a disímiles personajes del barrio donde vive, y además, relata su viaje en taxi en compañía de una palangana. Escena que destaca la relación entre el absurdo y la realidad que identifica la obra y la vida personal no solo del genial dramaturgo, sino también del cubano en general; elementos separados por una línea imaginaria que el versátil actor «transgrede» con indiscutible profesionalidad.

Analizar, con espíritu crítico, Un jesuita… es una forma de repasar la fecunda trayectoria artística de Doimeadiós en el unipersonal; género que le ha permitido escudriñar en los más intrincados parajes de la psiquis y el alma humanas.

Esa puesta en escena constituye, sin ningún género de duda, un sincero homenaje a Virgilio Piñera, el auténtico, el que fuese clasificado, con razón o sin ella, de «conflictivo» o «no confiable», durante el llamado "quinquenio gris" —que durante la década del 70 atravesara la cultura cubana— y, en consecuencia, silenciada su producción intelectual y espiritual.

O con otras palabras, una ocasión excepcional para conocer sus temores (no miedos, porque lo hubieran paralizado y no lo habrían dejado actuar y crear como lo hizo), necesidades de diversa índole, crisis existenciales, modos de vida, y sobre todo, su compromiso ético, al que nunca renunciara, con el arte y la literatura; disciplinas humanísticas de las que fuera un verdadero siervo… hasta que exhaló el postrer suspiro.       

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