Memorias de un Che testimoniante
A propósito de conmemorar el 45 aniversario de la caída en combate de Ernesto Guevara de la Serna en tierra boliviana, la colección Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau ha dedicado su más reciente cuaderno a la figura del Che, vista desde la perspectiva del hombre que hizo uso de los más variados recursos de testimonio gráfico y literario.
“Che testimoniante es el título que hemos querido dar a este cuaderno especial de Memoria para subrayar ese otro oficio —menos conocido, igualmente fecundo— que atraviesa la vida, los viajes, las acciones de Ernesto Guevara de la Serna, desde la inquieta juventud hasta la formidable madurez. Resulta estremecedor comprobar la sistematicidad con que lo ejerció, incorporándolo de hecho a su existencia. En esta publicación aparecen algunos de los caminos que tomó esa vocación testimonial: notas de viajes, cartas, poemas, crónicas y fotos”, afirma Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el prólogo de la revista.
Memoria en sí mismo es un testimonio de la evolución del ideario e inquietudes intelectuales del Guerrillero Heroico. En tal sentido, cada texto ha sido articulado de forma cronológica, en el afán de hacer mucho más revelador, para el lector, los derroteros por los que transitó su ejercicio testimonial. De modo que es posible seguir, de apunte en apunte, la búsqueda de la vocación, el desarrollo de las ideas, las certidumbres mayores de su vida.
En una misiva redactada en la década del sesenta, el Che comentaba: “Creo que escribir es una forma de encarar problemas concretos y una posición que por sensibilidad se adopta frente a la vida”. Contemporánea a esta, cursa correspondencia a un escritor al cual esgrime: “La única pasión que me guía en el campo que Ud. transita es transmitir la verdad (no me confunda con un defensor a ultranza del realismo socialista). Desde ese punto de vista miro todo”.
En apenas escasas líneas, Guevara hace alusión a aspectos esenciales para quienes cultivan la escritura. La sensibilidad humana ante todo, de la cual emana la artística, esa cualidad que permite el asombro, el estremecimiento y el pleno disfrute ante la presencia de una verdadera obra de arte, propia o ajena. Sin esa condición vital, me refiero a la sensibilidad, es imposible para el creador despertar en el espectador los múltiples sentimientos y la pluralidad de lecturas inherentes a la creación estética.
No menos importante resulta la acción práctica o cotidiana del ejercicio artístico, verdadera fragua para el profesional del lente que busca el encuadre perfecto y las condiciones de luz idóneas para la creación de una instantánea inmortal; el pintor que desafía la vastedad, pulcra y vacía, del lienzo virgen; el bailarín que codifica en el lenguaje de los movimientos fluidos su creación coreográfica; el actor que sucumbe ante la psicología del personaje y, más que conquistar el escenario, renuncia a la existencia propia y vive la diégesis dramática; o para el literato que ilustra, en la complicidad de la palabra escrita, la sociedad y los anhelos de una vida otra en imágenes evocadoras.
Al encuentro de Che testimoniante descubre sus páginas Memoria, y que mejor manera de iniciar que con la carta respuesta a María Rosario Guevara, quien en misiva anterior le interrogaba sobre sus orígenes. El comandante le responde el 20 de febrero de 1964: “De verdad que no se bien de que parte de España es mi familia. Naturalmente hace mucho que salieron de allí mis antepasados con una mano atrás y otra adelante; y si yo no las conservo así, es por lo incómodo de la posición. No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si Ud. es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante”.
Prosiguen reveladoras narraciones que recogen en detalles, con arte pintoresco, sus viajes por América Latina, a las que corresponde la conocida frase: “El sol cae a plomo sobre mi cabeza y rebotando contra el suelo me devuelve una ola de calor”. Eran tiempos en los que afanes aventureros conquistaban su espíritu de joven indomable, la meta entonces era desde Buenos Aires alcanzar los territorios de Santiago, Tucumán, Catamarca, La Rioja… Poco después el horizonte parecerá pequeño y alcanzable, al lado del inmortal amigo, Alberto Granados.
En Notas de viaje nos confiesa: “Entendámonos. El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra argentina, el que las ordena y pule, yo, no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo anterior”. El periplo que “en las precarias condiciones en que viajamos, solo queda como recurso de la expresión afectiva de la palabra” o “ese vagar sin rumbo por nuestra Mayúscula América”, como el mismo definió, había cambiado para siempre su mirada, había forjado el temple de hombre y afianzado su criterio y acción.
La lectura sucesiva no deja de cautivarnos. Acudimos ante un Che que ejercita la crítica literaria aplicada a la obra Martín Fierro, al tiempo que establece un diálogo entre el poema narrativo escrito por José Hernández en 1872 y la sociedad argentina que discurría ante su certera mirada.
La crónica de viaje es abundante en su obra literaria. En el texto titulado “La Paz, ingenua y cándida como una muchacha provinciana”, Ernesto Guevara afirma que la urbe boliviana es la Shanghai de América. “Una riquísima gama de aventureros de todas nacionalidades vegetan y medran en medio de la ciudad policroma y mestiza”. Que decir sobre sus impresiones de Palenque, de la cual resalta la magnificencia de sus ruinas: “Es digno de hacer notar la belleza y fragancia de sus bajorrelieves, estucados, hechos con un arte que se pierde luego, a medida que se avanza en los dominios del tercer milenio, donde ya se nota la influencia tolteca, más monumental pero mucho menos escultórica”. Si bien hizo todo cuanto pudo por legar un mejor futuro para el continente, el pasado de América es tema recurrente en sus escritos. Matices que revelan su aguzado criterio y sensibilidad artística caracterizan a textos como “Machu Picchu: Enigma de piedra en América”, “Para toda obra grande se necesita pasión”, “América será el teatro de mis aventuras”, los poemas que consagra a los mineros de Bolivia, a la lucha en Guatemala o “La Piedra”, impactante relato testimonial escrito por el Che en el Congo.
A modo de colofón, retomemos el prólogo titulado La verdad histórica debe respetarse: “Como en todo testimonio verdadero, en los textos reunidos en Memoria alientan los rasgos de la personalidad de su autor. La ironía y el humor, la crítica y la firmeza, la sinceridad y el autoexamen exigente conviven en la palabra de Che testimoniante. El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, sitio para la memoria y para el debate, para la imaginación y para la belleza, se siente honrado y feliz al preparar, junto al Centro de Estudios Che Guevara, esta reedición ampliada de Memoria con el que recordamos en octubre de 1998 su vida, su coraje y su inteligencia. Y que quiere traerlo nuevamente aquí: culto e incisivo, terrenal y apasionado, amoroso y testimoniante —es decir, vivo— hasta nosotros”.