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Un libro ecologista escrito hace casi cincuenta años

Alina Iglesias Regueyra, 26 de noviembre de 2012

Doralina de la Caridad Alonso Pérez, conocida por todos los cubanos como Dora Alonso, comienza en 1964, bajo el seudónimo de D. Polimita, la escritura seriada de su noveleta Aventuras de Guille. En busca de la gaviota negra, que ve la luz en el suplemento para la infancia ofrecido por el diario Revolución. Nueve años más tarde, Aventuras de Guille es el libro de más demanda entre los adolescentes y jóvenes cubanos, según una encuesta nacional realizada en las bibliotecas del país. Diez años después, en un encuesta de la recordada revista Opina, Dora Alonso aparece en la lista de los escritores cubanos más populares. Para ese entonces, otros muy famosos títulos, como El cochero azul y La flauta de chocolate, ya habían salido de su inspirada y creativa pluma. Estos datos, tomados de estudios sociales y reflejados por diversas fuentes periodísticas, refieren la importancia y el interés que despertó su muy conocida obra, leída durante nuestra enseñanza escolar primaria, hace unas cuantas décadas ya, por quienes en la actualidad contamos entre treinta y cincuenta años.

A pesar de su aparente antigüedad, Aventuras de Guille muy bien podría enmarcarse dentro del actual movimiento ecologista. Se debió a la prisa que la autora sentía por referir a los más pequeños el reto de la búsqueda e identificación de un ejemplar de la gaviota negra, con el fin de criarlo en el Zoológico. Y podría entenderse cual una suerte de testimonio o pasaje autobiográfico, pues la aventura por los parajes de la costa norte de nuestro archipiélago, idénticos a los descritos en el libro, fue vivida por Dora junto a un amigo científico, en la obra nombrado Mario Rivas.

Mas esta actitud suya no fue gratuita: quienes la conocieron dicen que visitaba con frecuencia el Zoológico —al igual que el protagonista— y sentía lástima por los animales encerrados. Es por eso que, en Aventuras de Guille, explota la necesidad de independencia y expansión que, por instinto, como seres vivos, reclaman la persona o el animal. Así deviene una lectura sumamente agradable, al potenciar, mediante el arte de la descripción, sensaciones de liberación profunda a través de imágenes rebosadas de paisajes marinos y campestres donde los personajes protagónicos corren, nadan o reman tras sus descubrimientos, acciones estas que ponen en contacto directo con el entorno natural al mismísimo lector. Mientras leemos, nos invade el aire puro perfumado de las plantas o sentimos en nuestro rostro la más deliciosa brisa marina.

Con líricas y coloridas ilustraciones de Alein Somonte Castillo, excelente edición de Suntyan Irigoyen Sánchez, diseño de María Elena Cicard Quintana y realización de cubierta de Armando Quintana Gutiérrez, la Editorial Gente Nueva lo publicó en 2009 en su colección Centenario.

Entre los eventos narrados en sus doce capítulos, destaca el de la pesca de la aguja por el niño y su viejo amigo Juan Quinconte, un evidente homenaje a un grande de la literatura universal: Ernest Hemingway, y a su novela El viejo y el mar. Otra alusión indiscutible, llevada a lo largo y ancho de la novela, es la referida a la vasta obra de Julio Verne, a quien evocamos en sus amplias descripciones de la naturaleza de distintos lugares del mundo, similares a las logradas por Dora sobre los parajes cubanos. El “Vocabulario” final ofrece una herramienta interesante y muy útil para los lectores que desean conocer más de las especies descritas durante la travesía verbal, siempre identificadas por su nomenclatura científica, además del nombre común, lo que demuestra una exhaustiva investigación previa.

Narradora, poeta, mujer de la radio, dramaturga y periodista, Dora Alonso es la autora cubana más traducida y publicada en el extranjero en cuanto a literatura para la infancia y la juventud. Su estilo se basa en un lenguaje sencillo y fluido, magistral en la conformación de imágenes, y en sus textos siempre resalta la presencia del campesinado cubano, sus valores humanos y las ventajas logradas por este sector social tras el triunfo de 1959, referidas a la posibilidad de superación social, estudio, trabajo, cooperación y emancipación humana. La autora de Aventuras de Guille no escatima elogios hacia los prometedores cambios, en palabras del personaje Juan Quinconte sobre su hija Estrella, quien estudia en una beca otorgada por el gobierno revolucionario:

—Tú no puedes darte cuenta de todo lo que yo siento cuando veo su retrato o cuando recibo sus cartas. ¿Cómo iba yo a pensar que mi hija podría salir algún día de este rincón donde se crió huérfana y sola como los cangrejos y las iguanas, entre la soledad y la miseria? Cada vez que la veía ayudándome en las redes y en el trabajo de la casa, me dolía imaginar que, siendo tan lista y tan inteligente, se fuera a quedar tan bruta como yo y sus abuelos. Pero con la Revolución llegó la alegría de la gente pobre, que esta vez sí tuvo amparo y escuela y buen trabajo.

Dora Alonso nació en Matanzas el 22 de diciembre de 1910, hija de un emigrante asturiano y una campesina criolla, en un entorno rural que marcaría su vida y su profesión. Se hizo corresponsal de guerra cuando el ataque a Playa Girón. Su vasta labor periodística incluyó, además de prensa plana, espacios en las emisoras Radio Taíno y Radio Progreso. Sus obras literarias fueron adaptadas a la radio y la televisión.

Diversos reconocimientos le fueron entregados en vida. Por la totalidad de su obra, obtuvo el Premio Nacional de Literatura y la Orden “Félix Varela” de Primer Grado, la más alta distinción cultural que concede el Consejo de Estado de la República de Cuba. También recibió el Premio Mundial de Literatura “José Julián Martí”, otorgado en Costa Rica, y la categoría de Miembro Emérito de la UNEAC. Mereció la Distinción por la Educación Cubana, y los premios Los Zapaticos de Rosa y La Rosa Blanca. Dora Alonso dejó este mundo el 21 de marzo de 2001, a los 90 años. Por deseo expreso, su cuerpo fue cremado y sus cenizas esparcidas en el Valle de Viñales, en la occidental provincia de Pinar del Río, donde ubica la acción dramática de algunas de sus obras. Pero Aventuras de Guille transcurre en Rincón Francés, en su natal Matanzas, cerca de la célebre playa de Varadero. Hacia esa belleza nos traslada la lectura de este libro ecológico, escrito por Dora Alonso hace casi medio siglo.