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Historia de la Ciencia y la Tecnología en Cuba

Fernando Padilla González, 28 de noviembre de 2012

Los diferentes procesos históricos por los que ha transitado la isla de Cuba, desde su “descubrimiento” por el almirante Cristóbal Colón en 1492 y hasta el triunfo revolucionario, de enero de 1959, presentaban a una nación subyugada a los intereses comerciales, políticos, e importantes influencias en el ámbito social, de los designios españoles, en un inicio, y norteamericanos posteriormente.

Salvo casos aislados y muy puntuales, que respondían a estrategias económicas, Cuba no se caracterizó por el desarrollo y la variedad de la actividad industrial. En cambio, el surgimiento de una clase acomodada, fundamentalmente, sobre la base de la producción azucarera motivó el nacimiento de una conciencia que iba en la búsqueda de un sentimiento nacionalista, alejado de los cánones impositivos de la Corona española.

Revoluciones industriales y corrientes de pensamiento humanista, suscitadas en Europa, no tardaron en cruzar el Atlántico y despertar múltiples inquietudes en la germinante intelectualidad de los siglos XVIII y XIX cubanos.

Al amparo reformador e ilustrado de “centros cognoscitivos” o “templos del saber” —como el Seminario de San Carlos y San Ambrosio y la Universidad de San Gerónimo, de la orden dominica en La Habana—, se forjaron varias figuras que devendrían en personalidades cumbres de la sociedad criolla cubana.

Muchos de los egresados de las instituciones cubanas marcharon, vía marítima, al Viejo Continente para continuar sus estudios. A su regreso a la Mayor de las Antillas, emprendieron proyectos revolucionarios en los diferentes ámbitos de la vida colonial, con el objetivo de despojar a la nación del lastre medieval que imponía la metrópolis española.

Avances como la introducción del ferrocarril; la máquina de vapor para la navegación; el ejercicio investigativo constante y notable en el campo de las ciencias médicas —con importantes contribuciones a la sanidad de los isleños—; la fecunda actividad creativa e intelectual, como génesis conformadora de nuestra cultura nacional y el surgimiento del sentimiento patrio, que despertó las ansias libertarias, son tan solo unas pocas evidencias de cuan profundo calaron, en los ideales de los hombres ilustrados de la isla, las nuevas vertientes de pensamiento europeo.

La historiografía cubana presenta un amplio catálogo de obras que, a lo largo del tiempo, han sondeado la temática de manera bien particular. Estudios sobre la producción azucarera; los aportes científicos de hombres como Felipe Poey; Ramón de la Sagra o Carlos J. Finlay; el fomento de la cultura en los liceos artísticos y los primeros atisbos a manera de conspiraciones y acciones de protesta contra el yugo colonial, hasta llegar a la lucha armada; han sido minuciosamente abordados por la bibliografía investigativa.

Pese a ello, es notable la ausencia de obras con carácter enciclopédico capaces de abarcar la historia o evolución de los adelantos científicos y tecnológicos en Cuba.

Historia de la Ciencia y la Tecnología en Cuba
es la primera monografía que resume, de manera sistematizada, muchos de los hechos más importantes de la historia científico-técnica en la Isla, con el propósito de servir de introducción al tema a quienes se interesan en este importante aspecto de la cultural nacional.

Es, en cierta medida, la culminación de más de 20 años de trabajo de investigadores y trabajadores científicos que laboran o han laborado en el actual Museo Nacional de Historia de las Ciencias Carlos J. Finlay.

La obra compendia, en parte, lo publicado en un buen número de libros y artículos de estos científicos y otros investigadores. Además brinda informaciones y análisis que hasta ahora permanecían  inéditos.

Esta visión compacta del desarrollo de la ciencia y la tecnología en Cuba está concebida para un amplio círculo de lectores”, según recoge la nota de contraportada de la edición.

Publicado por Nuevo Milenio, Historia de la Ciencia y la Tecnología en Cuba, en algo más de tres centenares de páginas y seis capítulos, transita por los orígenes de la ciencia y la aplicación de la tecnología en la Mayor de las Antillas, hasta su consolidación contemporánea con importantes avances en el campo de la biotecnología y la ingeniería genética.

La compilación de los temas y la redacción general de la obra obedece al empeño del profesor Pedro M. Pruna Goodgall, quien se ha consagrado al estudio y la difusión de las ciencias en nuestro país. Con digno acierto, Pruna ha querido iniciar su viaje por la historia científica y tecnológica de Cuba, tomando como punto de partida a las aplicaciones tecnológicas de la cultura taína antes de la llegada de los europeos.

Luego desplegará, en los tres primeros capítulos, una variedad de temas que comprenden el inicio de la construcción de fortificaciones; la fabricación de piezas de artillería y su estrecha relación con las minas de cobre de Santiago de Cuba; La Zanja Real como primer acueducto cubano; la industria naval del Real Arsenal de La Habana; la introducción de la imprenta y la máquina de vapor; las observaciones astronómicas en el Colegio de Belén; la fundación de la Universidad en 1728; la figura de Tomás Romay y la vacunación contra la viruela; los ideales reformadores de Félix Varela, Justo Vélez, José Antonio Saco, Luz y Caballero y Alejandro de Humboldt; la creación del Jardín Botánico y la impronta de Ramón de la Sagra; la industrialización azucarera y la llegada del ferrocarril.

El cuarto capítulo de Historia de la Ciencia y la Tecnología en Cuba se consagra al movimiento científico en la segunda mitad del siglo XIX, con las semblanzas del pensamiento y la obra de hombres como Felipe Poey, Álvaro Reinoso, Antonio Mestre, Juan Cristóbal Gundlach, Luis Montané, Carlos J. Finlay, Francisco de Albear y José Martí, así como la fundación de prestigiosas instituciones: la Academia de Ciencias, el Instituto de Investigaciones Químicas, el Observatorio Físico Meteórico, la Sociedad Antropológica y la de Estudios Clínicos, el Laboratorio Histobacteriológico.

Los dos últimos capítulos recogen la creación de la Sociedad Cubana de Historia Natural, los estudios geológicos, cartográficos, arqueológicos, espeleológicos y etnológicos, el legado de Fernando Ortiz y Emilio Roig de Leuchsenring, la hornada de prestigiosos intelectuales y sus aportes a la cultura cubana, la obra de Pedro Kourí, la formulación de la política científica nacional tras el Triunfo de la Revolución y sus logros en astronomía, biotecnología, ingeniería genética e inmunología molecular.