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Dulce María Loynaz: La dama de la casa de 19 y E

Leonardo Depestre Catony, 04 de diciembre de 2012

Hacerse popular en su majestuosa senectud, porque de seguro tuvo conciencia de ello, debió representar una experiencia acerca de la cual nunca pensó Dulce María Loynaz. Otra cosa es la celebridad que, en el mundo de habla hispana, palpó desde mucho antes de que le llegaran importantes premios.

"La poesía debe tener una proyección universal, ¿no?, declaró a la altura de sus 90. Si se queda en un solo pedacito de tierra yo creo que es que no ha podido ir más lejos. Yo tengo poesías muy cubanas. No tanto por el tema sino por el sabor, el sabor al trópico. El último poema en prosa de uno de mis libros está dedicado a Cuba, isla mía, ¡qué bella eres y qué dulce! (...) La poesía debe ser para el mundo entero, si no, no tendría razón de ser. Cuando tengo que ser cubana lo soy de verdad".

La ilustre moradora de la casona de 19 y E, en El Vedado —casa familiar, que lo fuera además de los hermanos Carlos Manuel, Enrique y Flor— ofició de anfitriona de Federico García Lorca, de Juan Ramón Jiménez y de Gabriela Mistral, al paso de estos tres escritores por La Habana.

Dulce María publicó sus primeros poemas en La Nación hacia 1920, época por la que viajó a Estados Unidos y a Europa, en periplo que abarcó hasta el exótico Egipto, que le inspiró su célebre “Carta de amor a Tut-Ank-Amen”. Al respecto, quien fuera su amigo y admirador, Eliseo Diego, no titubeaba en afirmar: “Hay uno especial para mí, la “Carta de amor a Tut-Ank-Amen”. Es de esos poemas que se escriben, y sólo con ellos basta para toda la vida”.

En realidad, la hija mayor del brigadier del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo —autor del Himno Invasor—, recorrió el mundo todo. En sus andares llegó hasta Turquía, Siria, Libia y Palestina, Suramérica, México e Islas Canarias, que la declarara Hija Adoptiva —nada extraño si se tiene en cuenta que escribió Un verano en Tenerife, seductor libro de viajes.

Abogada de profesión y encasillada a veces como poetisa, se olvida su labor prosística con novelas como Jardín (España, 1951); Un verano en Tenerife (ya citado) y varios trabajos ensayísticos expuestos, en ocasiones, a manera de conferencias. Su obra poética, tampoco extensa, goza de gran preferencia entre lectores y lectoras: Canto a la mujer estéril, Versos, Juegos de agua, Poemas sin nombre, Últimos días de una casa, Poesías escogidas...

Todo un enigma para quienes no la conocieron; mas quienes compartieron el reducido grupo de sus afectos, la recuerdan poseedora de una bondad profunda, si bien a veces triste.

En cuanto a premios llegó más lejos que cualquiera de sus contemporáneos. En 1992 se le otorgó el Miguel de Cervantes, considerado el Nobel de las letras españolas. En Cuba recibió el Premio Nacional de Literatura 1987 y la Orden Félix Varela de Primer Grado. La Universidad de La Habana le otorgó su grado Honoris Causa. Dirigió la Academia Cubana de la Lengua y, en 1968, accedió a la Real Academia Española de la Lengua, en calidad de miembro.

Nacida habanera el 10 de diciembre de 1902, de estirpe mambisa, refinada cultura y testigo de un siglo de enormes transformaciones, confesaba al final de su vida: "A veces me parece que estoy sentada en una sala de cinematógrafo, y veo pasar una película, unas veces borrosa, otras veces clara, otras veces cortada, interrumpida, pero así es como me siento".

Es considerada la más importante de las voces líricas cubanas del siglo XX. También la más universal. Una vez escribió:

Soy el viajero tímido que pasa
entre abrazos ajenos y sonrisas
que no son para él..

La poetisa fue dura consigo misma. Los abrazos y sonrisas sí eran para ella. Es más, siguen siéndolo a 110 años de un acontecimiento tan fausto para la cultura cubana como su nacimiento.