Las razones de Papyrus
Sucede con los libros como con las personas. Algunos llevan una vida tranquila y respetable, domésticamente atrincherados en espacios bien definidos. Otros, reacios a cualquier orden, viven una existencia aventurera, llena de afanes, como si su carácter efervescente les impidera detenerse. Papyrus, Premio de Cuento Alejo Carpentier, escrito por Osdany Morales y recientemente publicado por Editorial Letras Cubanas, pertenece al segundo grupo.
Forzada a clasificarlo, Papyrus es un libro de cuentos. También lo es Las mil y una noches. A ambos los empuja y define un objetivo, una especie de iter hacia la salvación. Ambos deben librar una batalla contra el tiempo. Los dos tienen, como armas, las múltiples historias que los recorren como nervaturas o como esos hilos de colores con los que Scheherezada tejió las noches de Bagdad. Ambos poseen un argumento central que inicia en la primera mayúscula de la página primera y termina en el último espacio en blanco del folio final. En Papyrus, un escritor está buscando Siete Bibliotecas esparcidas por el mundo. Una vez halladas, debe, a cambio de permanecer una noche en cada una de ellas, escribir una historia y dejarla en depósito.
En esta búsqueda, el autor-protagonista-interlocutor-contador y receptor de historias, nos lleva con absoluta desenvoltura y sin maniqueísmos por Zurich, Montevideo, Shanghai, Belgrado, Londres, San Petersburgo, Estambul, Alejandría, Karachi, Bombay, El Paso, Wellington, Rio de Janeiro, Manhattan, Tokio. Por la Toscana del 1400 y la Francia del 1789.
Todos los personajes que encuentra en este recorrido le "cuentan" (como en Las mil y una noches) una historia. Todos tienen una historia que contar en Papyrus. Todas son sorprendentes, deliciosas, magnéticas.
Todos ellos, como Scheherezada, habrían obtenido de Harun al-Rashid, la gracia soberana de una noche más de vida: el taxista negro que recorre Manhattan con la guantera de su yellow cab convertida en biblioteca portátil, llena de libros de frases célebres que usa para entablar conversación con sus pasajeros. Las camareras soñolientas que, en la mañana de un bar de gasolinera en El Paso, se cuentan una a la otra el sueño de la noche anterior. Los marineros bebedores y vociferantes de la taberna en Nueva Zelanda. Los jugadores de cartas en la sala de juegos de Bombay. La adolescente serbia que recorre el mall en Shanghai, mientras recita la historia de las zapatillas Converse, enfundada en una camiseta con la imagen de Mijail Gorbachov. El dueño francés del hostal Calipso, el vendedor de bolígrafos de Montevideo, los obreros de la fábrica de ventanas en Londres, los pasajeros espías del tren, la cobra pakistaní que baila en su cesta y el sapo que toma el sol en una de las esquinas de una fábrica alemana.
Esta profusión delirante, indetenible de historias, me hizo recordar esos juegos de cajitas que se contienen unas a las otras de modo tal que al abrir cada una, por más pequeña que sea, encontraremos otra, que a su vez, alberga una más en su interior.
Papyrus es un libro meticulosa y reticularmente organizado. También absurdo y lúdico, "disparate" de un espíritu encantadoramente travieso. Suma de lógica-matemática y arquitectura delirante.
Pecando de reduccionista, la estructura de Papyrus puede describirse de esta manera:
-Historias introductorias en las ciudades introductorias, aquellas a las que arriba el protagonista en busca de pistas sobre la Biblioteca que debe hallar.
-Historias en las ciudades de las Bibliotecas, una vez halladas. Y es que las Bibliotecas de Papyrus se encuentran en tabernas, salas de juegos, en los restos de una fábrica o en las radiantes galerías de un metro ruso. O, como en el caso de Alejandría, se cobijan en la menuda figura de un chico que nos anuncia que no hay biblioteca en la ciudad y en cambio, indica al protagonista cómo llegar al hotel.
-Las historias contenidas en los libros que el autor-protagonista-escritor-cazador de Bibliotecas perdidas, escribe para dejar en depósito antes de abandonar cada una de ellas.
Este último bloque, se repite siete veces. Son siete los libros escritos y consignados a los Conservadores. Y son muchas las fábulas que los preceden y acompañan en el viaje de búsqueda y encuentro.
La estructura antes descrita resulta ser como un bastidor profusamente vestido, recubierto, bordado, recamado, incrustado y abrigado por las fábulas. Una ecuación perfecta, poblada por una imaginación frondosa, exuberante, desenfrenada como la hiedra golosa que asciende por las paredes hasta cubrir cada centímetro de hormigón armado.
Recordemos la oculta geometría de los cuadros florentinos, la sección áurea de la pintura renacentista. Descubrir tras los rostros y mantos, tras los colores de las pasiones y los paisajes, composiciones estructuradas a base de complejos e intrincados juegos de líneas, planos, puntos de fuga, arcos, cuadros, ángulos y círculos. Rigor geométrico y sentido técnico, como bambalinas de la delicadeza poética y el frescor imaginativo.
Los Siete Libros que conforman Papyrus son:
Libro I: El Libro de la Escritura
EL COPISTA
Ambientado en la Toscana del 1400, la escritura como traición o venganza, sed de justicia, demonio, salvación, demiurgo y destino. Un amanuense escribe un libro obedeciendo al dictado de su señor. Cada noche, destruye lo copiado y escribe su propia obra.
Libro II: El Libro del Tiempo.
TEMPO
Una historia de aventuras y magia en la Francia del 1789, escrita por una mano, único resto del protagonista, a la que unos niños han dado pluma y papel. Una reflexión sobre el tiempo y la trascendencia.
Libro III: El libro de la Perfección
A PROPÓSITO DE LA NIEVE DERRETIDA
En una habitación barata de San Petersburgo en invierno, una prostituta descubre y lee la correspondencia que un autor, agobiado por las angustias de la creación y problemas financieros, ha escrito a sus editores.
Libro IV: El Libro de la Bestia
DECLARACIÓN DE AMOR ETERNO A JIM JARMUSH
Un cirujano, que ha perdido todo contacto con su hijo escritor, se encuentra en un hotel en Rio de Janeiro para un congreso. Debe encontrar un libro que su hijo le ha pedido, un ejemplar raro, difícil de hallar. Cada noche en la televisión del hotel, mira sin entender pero sin perder un detalle, películas de Jarmush.
Libro V: El Libro de los Contemporáneos
EL CLUB DE LA PELEA
Anécdotas de escritores de su generación (nacidos después de 1975 y hasta los años 80). Guiños en los ligeros cambios de nombres de los autores y un análisis de los porqués, los temas, los medios de esa generación, a través de la reseña y caracterización de algunas de sus obras.
Libro VI: El Libro de la Fama
PERDIDO EN LA TRADUCCIÓN (OVA)
Por las calles de Tokio, un taxista adicto a la lectura y su pasajero, un famoso escritor, debaten, usando términos de los animes, sobre literatura japonesa, cubana y universal. El taxista le cuenta una noche de fiesta en la que Scarlett Johansson, la protagonista de Lost in translation, el film de Sofia Coppola, le contó su vida.
Libro VII y último. El Libro del Libro
PAPYRUS…
En la página 165, el autor, de forma entre hastiada y vencida, como reduciendo sus esfuerzos a la nada conseguida, describe los Siete Libros de esta forma:
...Un relato sobre la pérdida de la inocencia y los orígenes de la escritura. Una historia de magia sobre la emigración y la trascendencia. Una variación de cierta melodía rusa con suicidios y disparos imperfectos. Las memorias de un padre que ha enviado su hijo a una bestia. Las aventuras y desventuras de mis contemporáneos. La perplejidad de un escritor súbitamente famoso y perdido en una gran ciudad. El mismo viejo cuento.1
Papyrus es un libro culto, erudito, lleno de información. Pero, a diferencia de otros que son solo eso "información + erudición= que listo soy", todo eso que lo compone: las enumeraciones, las citas, los guiños, la música, el cine, la pintura, la historia, la geografía, la filosofía, están en función de contar historias rebosantes y desbordantes de imaginación. De "contar cuentos" en el sentido más clásico, rico y mágico del término. Papyrus es eso que su autor declara y mucho más. Es literatura en el tiempo y los tiempos, en el espacio y los espacios, en la oralidad de cada encuentro casual o predestinado y en la escritura de los Siete Libros que lo componen.
Un libro sabio y juguetón, agudo y lírico, reflexivo y gozoso. Cosmopolita, moderno, fílmico, pictórico, musical y fotográfico. Es, aunque parezca una redundancia, un Libro Literario.
Y sobre la literatura y sus razones, se pregunta o se responde el autor:
...se puede escribir literatura por compromiso o por remordimiento. Por miedo a la muerte. Por dinero, asumiendo, no sé con qué argumento, que la literatura es el camino a una vida de placeres. Se puede escribir también por entretenimiento, por misantropía, por desidia, por añoranza de la niñez, por competitividad hacia contemporáneos o hacia otros, ya muertos, que todavía hacen literatura. Por una percepción tan ridícula de la vida que da lástima o ánimo. Por demostrar algo, como si en ese caso el texto fuera una reflexión trigonométrica. Por creer que hay un buen camino y que solo el que escribe puede verlo. O por creer que no hay tal buen camino y solo el que escribe puede dar fe de ello. Por pasar la noche en Siete Bibliotecas del Mundo, pero siempre, en cualquiera de los casos, que son menos de los que aquí se han insinuado, siempre se escribirá literatura explorando una comunicación con un abismo desconocido y habitual, al que llamamos tal vez paciente, grotescamente, lector...2
No sé por cuál de estas razones escribe Osdany Morales. Pero sea por una o alguna de ellas, o por todas juntas o ninguna, espero que continúe haciéndolo porque Papyrus es lo que desea ese lector. Una buena historia, bien contada.
La Habana, noviembre de 2012
Notas:
(1) Osdany Morales. Papyrus. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2012, p. 165.
(2) Ibídem.