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La nueva Ortografía del 2010. Partes de la nueva ortografía. Capítulo 3

Elizabeth Díaz, 10 de diciembre de 2012

Continuamos reseñando las diferentes partes que componen el libro de la nueva Ortografía de la lengua española (2010). En este artículo concluiremos de hacerlo para iniciar ya, en la próxima entrega, la exposición comentada del contenido mismo de esta nueva ortografía, que es lo más importante para nosotros, pues servirá para su aplicación inmediata en la redacción de textos.

La Segunda Parte: Ortografía de expresiones que plantean dificultades específicas.

Capítulo VI. La ortografía de las expresiones procedentes de otras lenguas. Se inicia explicando la importancia de los préstamos lingüísticos, o sea, la adopción de voces de otros idiomas, como un enriquecimiento de la lengua propia, nada censurable, cuando sirven para denominar realidades para las que la lengua propia no dispone de vocablo. Se pone el ejemplo de tomate procedente de la lengua indígena nahua tomatl, fruta oriunda de América. Así el español se ha enriquecido, haciéndolos propios, con arabismos, galicismos, indigenismos, italianismos, anglicismos… Pero en otros casos se trata de mimetismos lingüísticos de otras lenguas y así estas palabras introducidas entran en competencia con palabras de la propia lengua con igual significado, lo que debería evitarse. Los préstamos lingüísticos que se acomodan a los patrones de nuestro idioma y adoptan una pronunciación y grafía acordes al español mediante procedimientos diversos son explicados en el capítulo. Ejemplo: del francés fléche al español flecha. Estos préstamos incorporados al español desde hace tiempo pueden considerarse ya voces españolas puesto que el hablante no tiene conciencia de su origen. Asimismo los extranjerismos o préstamos adaptados de más reciente incorporación, ya sea por el proceso de modificar la grafía originaria para adecuarla a la pronunciación igual o parecida en español, ya sea dejándolo tal cual al no presentar problemas su pronunciación en español o solo añadiendo una tilde, se consideran vocablos del idioma y por tanto deben escribirse sin ninguna marca especial (ejemplo: del francés boulevard al español bulevar, del italiano spaghetti al español espagueti, del inglés condom al español condón). No así los extranjerismos crudos, que conservan la grafía y pronunciación de la lengua extranjera, los cuales deben ser escritos en cursiva preferentemente (en redonda si el texto está en cursiva) o entre comillas en los textos manuscritos por considerarse palabras extranjeras (ejemplo: software, piercing, apartheid). Esto, claro está, tiene sus complicaciones, así palabras como ballet, jazz, pizza o blues tan usadas en nuestra lengua son consideradas extranjerismos crudos por no haberse adaptado su grafía a la pronunciación. Y a veces hay diferencias en el uso entre el español de España y el de América, así nosotros pronunciamos iceberg como áisberg, siendo por tanto un extranjerismo crudo que debería escribirse en cursivas y en España se pronuncia izebérg o isebérg por lo que debe escribirse en redonda y así aparece en el diccionario de la Real Academia (DRAE).

   Mención aparte necesitan los latinismos, por provenir de una lengua de la cual se formó la nuestra aunque ya esté en desuso. Así hay que aclarar que se consideran latinismos «todas las voces tomadas del latín en un momento histórico posterior a los orígenes del español», o sea, fuera de lo que se llama «léxico heredado o patrimonial», y que al igual que los demás extranjerismos hay latinismos adaptados y latinismos crudos. La mayoría de los latinismos son fácilmente adaptados con solo una tilde, o la simplificación de una letra geminada (doble), o las sustitucion de y por i, qu por cu, añadiendo una e ante s latina, o cambiando la terminación us o um en o, entre otras. Hay latinismos que conviven con su adaptación al español, la RAE recomienda usar el vocablo ya adaptado. Ej. sumun (súmmum), cuórum (quórum), y tratar estas palabras latinas semiadaptadas como latinismos crudos, es decir, sin tilde y en cursiva. También de otras lenguas coexisten vocablos adaptados y no. Ej.: beige (del francés) y beis (adaptación). Es una de las pruebas de que la lengua no es estática y evoluciona. Así la RAE acepta palabras latinas incorporadas a la lengua “que cubren necesidades expresivas en el habla de hoy” siempre y cuando se les ponga el acento que llevarían en español, algunas que quizás sentimos aún alejadas, como pódium, péplum, plácet, desiderátum, factótum, y otras de este estilo, lo cual quizás nos confunde un poco (así estaba establecido en las normas de 1959 para todas las palabras latinas). Debemos aclarar que las locuciones, dichos o citas en otras lenguas deben siempre marcarse tipográficamente (cursiva o entrecomillado). Pero cuando se reproduce un fragmento de un autor extranjero en su lengua original dentro de un texto en español, bastarán las comillas. Sin embargo podrá usarse la cursiva si la cita es breve sin entrecomillar.

   Sobre palabras extranjeras con grafías cuyo uso es ajeno al español como ph, cq, ck, sh, s + consonante, por decir solo algunas, se nos indica que se deben adaptar a nuestras grafías, aunque siendo lo más fiel posible a la extranjera. Ej.: whisky- wiski (anteriormente la Academia había propuesto güisqui). Hay que aclarar que ya muchas fueron adaptadas anteriormente y están establecidas con esos cambios. Ej.: kangourou-canguro. Y muchas tienen variantes válidas. Ej.: bikini / biquini, kurdo / curdo, póker / póquer. Sobre este tema hay mucho más que decir y merece un artículo aparte que esperamos poder ofrecérselo. Asimismo en el caso de la asimilación de nombres propios y préstamos de voces que no utilizan el alfabeto latino o que utilizan escritura no alfabética como la ideográfica o silábica (ejemplos del chino o el japonés) es necesaria la conversión al alfabeto latino y para ello se utiliza la transliteración (intentar reproducir fielmente la sustancia gráfica original cambiándola por caracteres latinos, esto es usado principalmente por lingüistas o filólogos) y la transcripción (intenta reproducir la sustancia fónica buscando equivalencias aproximadas para fonemas de la lengua original que no existen en la de acogida), por esto la transcripción de una palabra será diferente en idiomas diferentes. Ej,: Alá (español y portugués), Al-lá (catalán), Allah (francés, inglés, italiano y alemán). De ahí que debamos evitar la incorporación de voces transcriptas de otros idiomas. Ej.: yudo (español) y no judo (del inglés o francés, transcripto del japonés) o al-Yazira y no al- Jazeera. Esperamos poder extendernos sobre esto en otro momento.
 

Capítulo VII. La ortografía de los nombres propios. Trata de los antropónimos (nombres de personas) y los topónimos (nombres de lugar). No tienen un tratamiento especial que los exima de la observancia de las normas ortográficas, aunque este subconjunto particular dentro del léxico está muy permeado de préstamos de otras lenguas, de convivencia de formas arcaicas con modernas y de neologismos creados por los hablantes. Se nos habla de la ortografía de los hipocorísticos (formas abreviadas, diminutivas o infantiles del nombre propio), de los apellidos, los seudónimos, alias, sobrenombres y apodos. De los antropónimos de otras lenguas se nos indica que la tendencia más generalizada en nuestros días es conservar la grafía original cuando están en alfabeto latino, sin marca tipográfica especial, aunque esto convive con la hispanización de estos nombres hecha en otras épocas y en algunos casos se pide la traducción literal, la equivalencia o la adaptación, como en los nombres de los miembros de las casas reales, de los santos, personajes bíblicos, históricos o célebres, los connotativos como Cenicienta, el Hombre Araña, etc. Además se trata de la adaptación de antropónimos extranjeros que ha quedado restringida en la actualidad a las transcripciones de los que no tienen alfabeto latino.

   La ortografía de los topónimos hispánicos es bien presentada, así como de los extranjeros las formas tradicionales, las autóctonas, los cambios de denominación, la acentuación. La transferencia, traducción e hispanización de los topónimos y las transcripciones de nombres propios de lenguas que no utilizan el alfabeto latino son examinadas finalmente.


Capítulo VIII. La ortografía de las expresiones numéricas. Comienza con lo que pudiéramos llamar una introducción sobre los sistemas de numeración. Seguidamente se refiere a los números escritos en cifras, los romanos y los arábigos, y sus respectivas ortografías. En la de los numerales se refiere específicamente a la ortografía de los cardinales, ordinales, fraccionarios y multiplicativos. Hay todo un epígrafe dedicado al uso de cifras o palabras en la escritura de las expresiones numéricas y otro a expresiones numéricas específicas como la hora, la fecha, porcentajes y otras expresiones cronológicas.

    Por último están los Apéndices: Lista de abreviaturas, Lista de símbolos alfabetizables, Lista de símbolos o signos no alfabetizables y Lista de países y capitales con sus gentilicios. Al final una Nómina de textos citados: autores y obras, publicaciones periódicas y portales electrónicos. C’est tout, por el momento.

(Continuará...).