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Alma guajira: de la escena al cine cubano

Luciano Castillo, 19 de diciembre de 2012

Luego de la temprana desaparición de Enrique Díaz Quesada, el «Padre de la Cinematografía Nacional», en 1923, y las primeras incursiones de otro pionero, Ramón Peón, tras las cámaras, en Cuba proseguían los intentos por realizar un cine nacional, en el cual el sonido era aún inimaginable.

Mario Orts Ramos perseveró y escogió como argumento para su nueva película la pieza teatral Alma guajira o Charito (1928), escrita por el narrador, dramaturgo y periodista Marcelo Salinas (1889-1978).1 Este nombre constituyó toda una revelación al obtener el primer premio en el Concurso de obras teatrales de ambiente cubano convocado por la Secretaría de Instrucción Pública (Ministerio de Educación), a iniciativa de la muy celebrada actriz argentina Camila Quiroga, quien se presentaba en La Habana con su compañía2.

El galardón consistió en quinientos pesos y medalla de oro para el ganador. El 27 de enero de 1928 la obra fue estrenada en el teatro Payret, por la Compañía de Arte Dramático Camila Quiroga, para nutrir así su repertorio con una obra de tema nacional, en este caso en torno al campesino cubano, que no excluía algunas décimas en un guateque.

Los elogios no escasearon, entre estos los de Enrique José Varona quien expresaba que ese convincente drama rural «tiene la recia trabazón y la raigambre pasional de la vida y el arte puro». Según Renée Méndez Capote escribió ese drama en tres actos era un reflejo del «alma del guajiro cubano, apresada, vertida maravillosamente, en unas escenas todo verismo, humanidad palpitante, realidad dolorosa». Esta pieza fue muy representada en toda la isla. Max Henríquez Ureña opinaba que su argumento no era complicado y aunque en él se entremezclaban diversas intrigas que, por momentos, se estorbaban unas a otras, la obra se desenvolvía de forma agradable y mantenía el interés de principio a fin. Alma guajira era un reflejo fidedigno del ambiente del campo cubano y en sus diálogos se advertía la captación con naturalidad y nostalgia del lenguaje típico del campesino. Para Natividad González Freire, «con escueta sencillez dramática desarrolla vigorosamente, un trozo de la vida cubana»3, a lo cual añadió la naturalidad en el diálogo y el verismo apasionado en sus personajes.

La trama, abigarrada por acontecimientos diversos, expone en cada acto un nuevo conflicto a resolver: en el primero es muerto Florencio, en el segundo Lico se entrega a la guardia rural y el tercero aborda la huída de Charo de su amado. Salinas solucionó con precipitación estos enredos en el desenlace de la obra. La película sintetizó el argumento acerca del conflicto de Juan Antonio, hijo de don Lico, enamorado de Charito, muchacha honesta que fuera recogida y criada por la familia del joven guajiro. Ella, a su vez, es atraída por Zaragoza, un español acusado de un crimen cometido por don Lico. Sin el menor derecho, el egoísta Juan Antonio se opone a esa relación y termina por ser culpable de la desgracia de Charito, abandonada por el celoso Zaragoza, quien la cree deshonrada. 

Todo indica que para la producción de la versión fílmica de Alma guajira fue constituida una compañía con el nombre de Orts Films, tan efímera como la mayoría de las surgidas en la época. Las labores ejecutivas las asumió José Ramón Medina, animado por el éxito de su hijo en esas funciones en Con los ojos del alma. A él se unió el Dr. Núñez Mesa, que compartió la dirección con Orts Ramos, quien a su vez se reservó uno de los personajes en calidad de actor. El reparto lo encabezó un trío de primeras figuras de la escena: la tiple cómica Blanca Rosa Bárcenas, la tiple Consuelo Novoa, de gran experiencia en el teatro bufo, y la novel actriz Lolita Berrio, acompañadas por Eddy López, Fernando Mendoza, Noel Domingo Castellanos, Anselmo Fonseca, Mercy Mezquida, Guillermo Moreno y el niño Pepito Álvarez Domingo. En su primera incursión en el cine, aparecía Paco Alfonso (1906-1989), uno de los fundadores de la Federación de Artistas Teatrales, que ya iniciara una trayectoria en puestas teatrales y zarzuelas.

Para la dirección de fotografía fue contratado alguien de la experiencia de Juan Díaz Quesada. En los créditos, como asistente de dirección, jefe de producción y editor, figuró Raúl Medina. En cuestiones relacionadas con la producción el equipo técnico contó con la colaboración de Enrique Perdices.

El estreno de Alma guajira se realizó en el propio teatro Payret, donde fueran aclamadas sus representaciones, el viernes 19 de abril de 1929.

Los anuncios precedentes en las páginas de El Mundo, acompañados por fotografías promocionales, apelaban a los sentimientos de cubanía del público para apoyar con su presencia la magistral adaptación a la pantalla del drama de Salinas que «le hará a Ud. sentirse orgulloso de ser cubano»4.

De acuerdo a la crónica de esa primera exhibición, publicada por Santiago Longoria en Heraldo de Cuba, el 26 de enero, esa noche el filme fue proyectado con el acompañamiento de una partitura musical compuesta por el maestro Francisco Rojas. Fue precedido por un gran prólogo escenificado del director de coros Carlos Moreno Vallés, de ambiente y música criolla, por los mismos artistas de la película y la soprano Gloria D’Armiñán, sobre un escenario decorado con adornos florales por el gran jardín El crisantemo.

El 16 de abril el dibujo de un campesino voceaba: «¡Oiga, amigo! Aquí en Cubita bella también hacemos buenas películas con artistas del país». El Mundo anunció que a petición de innumerables familias, el cine Rialto ofrecería una matinée el 20 de mayo, a las 8:00 pm. Los precios eran: cuarenta centavos los mayores y veinte los menores. El realizador filmó por este tiempo actualidades en combinación con el Diario de la Marina.

La única reseña crítica hallada sobre Alma guajira fue publicada por Ricardo Delgado en su sección de Civilización. Él confesó la dificultad para escribir acerca de esa producción nacional por estar ligado a ella como fotógrafo y conocer de sobra las luchas denodadas, los «titánicos esfuerzos y los grandes sacrificios» necesarios para producir una película. Del texto seleccionamos estos fragmentos:

[…] la cinta carece de esos momentos culminantes que hacen levantar al espectador, pero es que Orts Ramos se ha ajustado a la obra teatral y no ha querido caer en la truculencia de las escenas violentas cuando no son lógicas. Orts ha hecho un esfuerzo supremo al dirigir la cinta e interpretar a la vez el papel dificilísimo de Don Lico. Es demasiada labor para quien no cuenta a su lado una persona con suficientes conocimientos para que lo ayudara. Don Lico está bien, aunque hay momentos que se le nota cierta incertidumbre en la escena; ¡es natural! La falta de una persona que le diga cómo luce el conjunto, cómo están los demás, sus mismos movimientos que él no se puede ver, necesitan un norte que los guíe y, luego, la actuación de los demás artistas que tiene que supervisarla a la vez que se hace la suya. […]

Para ver Alma guajira hay que despojarse de toda influencia americana, ya que es distinta técnica y distinto es el ambiente donde se han filmado las escenas. Si hay interés en ver los asuntos que se desarrollan en las praderas americanas, cómo no ha de haberlo en nuestro campo glorioso, donde habitan nuestros «guajiros», los tipos más nobles que darse pueden5.

Las fotografías que han sobrevivido del rodaje de Alma guajira y de la propia película, atestiguan algo explicado por Ricardo Delgado: la abundancia de filmaciones en exteriores con escenas mínimas en interiores por la carencia de un estudio. Como en este caso se trataba de un ambiente humilde, bastaba «destechar una casa y dejar que el sol penetre» para solucionar el problema de la iluminación. A juzgar por los criterios vertidos por Delgado, la función de Núñez Mesa como codirector fue nula. Todos los méritos de la cinta, si los tuvo, recayeron en Orts Ramos, al que aplaudió el crítico por sus conocimientos sobre el arte silente hasta hace muy poco tiempo y auguró mucho público en todos los lugares donde fue exhibida esta tercera y última película que realizara.

Años más tarde, Pierre de la Chandeé evocaba sus impresiones sobre Alma guajira: «solo el recordar a aquella “guajirita” que era Blanca Rosa Bárcenas, con sus sendos tacones Luis xv... y a aquella “mulata rumbera” en la sencilla fiesta campestre... y a Eddy López en un “tap” con el revólver en las manos, en la parte más culminante... a la verdad, vuelvo la cabeza a otro lado»6.

NOTAS
1 Marcelo Salinas, nacido en Batabanó, al sur de la provincia de La Habana, fue un hombre de reconocido prestigio en las letras cubanas de las primeras décadas del siglo xx. Vivió una agitada existencia que le condujo a desempeñar el oficio de tabaquero. Fue amigo personal de Rubén Martínez Villena y un revolucionario audaz, posición política que lo llevó a las cárceles de España y Estados Unidos. Escribió la novela Un aprendiz de revolucionario (1936) y el libro de cuentos Sabotaje (1941). Fue incluido por Salvador Bueno en la Antología del cuento en Cuba (1902-1952). Falleció en 1978. (Miguel Terry Valdespino: «Un Alma en el cinematógrafo», en: diario El habanero, 6 de octubre de 2006).
2 Los restantes premios fueron para Tiempo muerto, de Jorge Mañach, El mundo anda revuelto, de Carlos Loveira y recibió una mención El viejo Capuleto, original de Ramón Sánchez Varona.
3 Natividad González Freire: Teatro cubano (1927-1961), Ministerio de Relaciones Exteriores, La Habana, 1961, p. 29.
4 El llamado al orgullo nacional fue reiterado en otra nota informativa: El Mundo, 20 de mayo de 1929, p. 9.
5 Ricardo Delgado: «Alma guajira»: Civilización, sección Crítica cinematográfica, s/fecha (1929).
6 Pierre de la Chandée (Angelo Biaggi): «Cinematografía cubana»: Cinema, Año III, No. 68, La Habana, 21 de marzo de 1937, p. 8.