Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 8 de diciembre de 2019; 1:52 PM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 115 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Anuario de Arqueología

Fernando Padilla González, 21 de diciembre de 2012

La visita a Cuba, en años recientes, de los arqueólogos Zahi Hawass, Edward C. Harris, Agustín de Azkarate, Roberto Parenti, Eudald Carbonell, entre otras prestigiosas personalidades del patrimonio mundial, amerita los innegables valores culturales que posee la nación caribeña, en especial, el legado histórico que yace en las antiguas edificaciones o en el subsuelo bajo nuestros pies. No resulta fortuito que la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declarara a La Habana y su sistema de fortificaciones, en 1982, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

En tal sentido, la Arqueología como ciencia, y su aplicación en la zona urbana más antigua de la capital cubana, ha sido protagonista en la labor de rescate del patrimonio histórico de la ciudad. No es este un hecho reciente, pues la tradición de estudios coloniales en el Centro Histórico de La Habana, se remonta a 1937, con la creación de la Junta Nacional de Arqueología y su Comisión de Arqueología colonial.

Tiempo después, en la década del 60 del siglo XX, el arqueólogo Rodolfo Payarés realizó una serie de lecturas estratigráficas en la Plaza de Armas, lo que constituye una de las primeras pesquisas arqueológicas de las que se tiene conocimiento en La Habana. Por primera vez, aparecen restos de cerámica, entre ellos mayólicas y porcelanas, incluso fragmentos de cerámica de tradición aborigen. Al unísono, Eusebio Leal Spengler dirigió una serie de cateos arqueológicos en el subsuelo del Palacio de los Capitanes Generales que conllevaron al descubrimiento de los restos de la Parroquial Mayor y de estructuras hidráulicas soterradas asociadas a los primeros acueductos de la ciudad, labor que hallaría continuidad en los trabajos del arqueólogo Leandro Romero.

La riqueza patrimonial en el contexto habanero motivó que, el 14 de noviembre de 1987, se creara el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador, con el objetivo de fomentar, analizar y exhibir los resultados de los estudios y de las excavaciones arqueológicas realizadas en La Habana Vieja y otros sitios del país, aspecto que, desde entonces, ha contribuido a una mejor comprensión del pasado de la ciudad, de la vida de sus antiguos moradores, de la manera en que dispusieron del espacio y de cómo se fue transformando el trazado citadino a través del tiempo.

Suscrito a estos propósitos, y heredero de los anuarios de ciencias físicas y naturales que circularon en los centros de reuniones académicos e intelectuales del siglo XIX cubano, el Boletín del Gabinete de Arqueología surge en 2001, como contribución esencial para la divulgación de los conocimientos de la Arqueología histórica en la Isla, ante una realidad ineludible: el gran vacío informativo que existía en el país con respecto a esta disciplina.

En su primer editorial sería definida la línea de trabajo, no solo por el equipo de la publicación, sino también por los arqueólogos, historiadores, etnólogos, restauradores de pintura mural y antropólogos, quienes han sido la razón de ser durante estos diez años de la revista:

“Aunque el mayor énfasis de esta publicación especializada estará centrado en la Arqueología urbana, aspiramos a que se convierta también en un vocero de otras áreas de la investigación arqueológica, la conservación y restauración del patrimonio edificado y mueble, las indagaciones históricas de inmuebles de valor patrimonial, la numismática y otras ciencias auxiliares de la Arqueología.”

Es por ello, y durante una década, que el Boletín del Gabinete de Arqueología ha cautivado a especialistas de temáticas afines a su perfil editorial, pero también ha ganado seguidores entre las personas que gustan de la historia y las tradiciones.

El pasado 14 de noviembre se celebró el primer cuarto de siglo del Gabinete de Arqueología, con la salida de un nuevo número de su publicación especializada. La edición, correspondiente al año en curso, refleja en sus 264 páginas la labor, anónima en muchas ocasiones, de hombres y mujeres quienes, luego de innumerables horas de prospección en los archivos y meses de excavaciones, van tras la revelación de las huellas del pasado.

Muchos de los resultados de la arqueología urbana e histórica son desconocidos tanto dentro como fuera de Cuba, pese a su aporte al conocimiento sobre el pasado y el devenir de la ciudad, de la historia y la cultura de nuestros antepasados y de las tradiciones o vida cotidiana de las sociedades que nos precedieron. El estudio de la cultura material ha permitido la recuperación de algunos rasgos del acervo arqueológico habanero, así como la interpretación y reconstrucción de la vida ciudadana en su tránsito por la urbe de idos tiempos.

El Boletín se estructura en varias secciones fijas. Bajo el título de Arqueología se aúnan una serie de artículos que, en esta ocasión, versan sobre los motivos simbólicos representados en la porcelana oriental hallada en contextos arqueológicos de la Ciudad de México, la evolución en el tiempo del cafetal habanero Angerona, nuevos estudios sobre antiguo asentamiento de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe y las condiciones ecológicas de los más tempranos pobladores del archipiélago cubano.

Así también se propone a los lectores trabajos relacionados con la datación del arte rupestre en Cuba y la historia del navío de línea Santísima Trinidad. Para los amantes de las curiosidades, el Boletín del Gabinete de Arqueología obsequia un coleccionable a manera de postal con variadas representaciones —en imagen y texto— del arte aborigen cubano.

“Lo mejor es que los estudios arqueológicos —afirma Roger Arrazcaeta, director de la publicación y del Gabinete de Arqueología— no se han quedado guardados en los archivos o circunscritos a la sabiduría de una élite científica, sino que están asequibles al gran público en los museos, sitios arqueológicos exhibidos e inmuebles restaurados. En los últimos años, al trabajo de investigación arqueológica del patrimonio colonial desarrollado en La Habana y Trinidad, se han sumado Santiago de Cuba, Bayamo, Camagüey y Cienfuegos. Seguramente, los estudios que desplieguen nos permitirán tener una comprensión más unitaria y coherente de nuestra herencia histórica, facilitarán el análisis comparativo entre ambas urbes y permitirán trazar una estrategia conjunta de investigación.”