Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 9 de diciembre de 2019; 3:25 AM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 112 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Federico Villoch. El más prolífico autor del teatro vernáculo

Jorge Tomás Teijeiro, 29 de diciembre de 2012

Federico Villoch Álvarez  (1868-1954) fue un escritor cubano que nació en Ceiba Mocha, Matanzas, pero cuando había cumplido dos años de edad su familia se trasladó para La Habana. En la capital realizó estudios de bachillerato y luego estudió cuatro años de Derecho, carrera que abandonó en aras de dedicarse a la poesía, al periodismo y a la dramaturgia.

En su temprana juventud se destacó en obras como A la diabla que le hicieron ganar prestigio como poeta. Colaboró, como periodista, en diversos medios tales como Unión Española, La Caricatura y la prestigiosa revista La Habana Elegante. En el Diario de la Marina aparecieron sus “Viejas postales descoloridas” donde demostró ser un artífice del costumbrismo. Fue, además, redactor de El Fígaro y fundador de la revista Luz y Sombra.

Fue, además, autor de varios libros, desde que en 1892 publicó Por esos mundos, impresiones de un viaje, hasta el último de ellos, dos tomos de sus “Viejas postales descoloridas”.

Con todo, se le recuerda fundamentalmente por las múltiples y muy buenas obras que escribió para nuestro teatro vernáculo.

Federico Villoch como autor teatral

Por la profusión de su obra Villoch ha sido nombrado “El Lope de Vega cubano”.  El escritor e investigador Eduardo Robreño lo calificó como “el más fecundo de los autores teatrales nacidos en Cuba”. Se le considera autor de unas 300 o 400 obras entre operetas, zarzuelas, revistas, sainetes y parodias; la mayoría de ellas estrenadas en el emblemático teatro Alhambra de Consulado y Virtudes, y, las más de las veces, con la partitura musical de uno de los grandes de nuestra música popular cubana, el maestro Jorge Ankerman.

Por lo limitado del espacio, le ofrecemos algunos fragmentos de dos de sus mejores obras: “La casita criolla” y “La isla de las cotorras”.

“La casita criolla” (1912)

En esta obra se hace referencia a la residencia del ingeniero Mario García Menocal, quien había sido convocado como figura prestigiosa de la época para competir electoralmente contra José Miguel Gómez, a quien llamaban “Tiburón” (de quien se decía “Tiburón se baña, pero salpica”). Al respecto nos explica Robreño: "Eduardo Dolz, columnista de La Discusión, se hizo cargo de la propaganda en la que se pretendía honradez, paz y trabajo y habló de la humilde “casita criolla” de donde habían sacado al general que venía a sacrificarse por la patria".

A continuación les presento el parlamento en verso del tercer cuadro de la obra donde hace su presentación El Azúcar Refino:
 
EL AZÚCAR REFINO
El asúca de refino
esa soy yo La Mulata
crìolla, que tiene asuca
en el cuerpo y en el alma.
Dicharachera y rumbera
y amiga de la jarana
el que me ve se disloca
y el que me sigue se mata,
pero muere muy a gusto
pues tengo dentro del alma
la gracia de Andalucía
y el fuego y el sol del África.
¿Qué por qué he venido aquí?
Salta a la vista la causa,
tratándose de una obrita
bufo-lírica cubana
¿Cómo es posible, señores
que faltase la mulata?
En la rumba sé triunfar
mas, si llega la ocasión
también tengo un corazón
para reir y llorar…
y en mi voz hay emoción
cuando las penas que siento
son melodioso lamento
¡en las notas de mi son!
Hablado
Mas si se escucha el bongó
con son de rumba y bachata
Yo contesto: “¡Aquí estoy yo!”
Y si en el ronco tambó
las manos prenden candela
palpita mi piel canela
¡con ritmo de guaguancó!

A continuación transcribo el diálogo entre Negrito y Negrita que aparece también en el Tercer Cuadro.

(Por la derecha Negrito y Negrita modernos: él, de bombín, chaqué, corbata roja, pañuelo de seda azul; ella a la moda, con sombrero.)

NEGRITO
Así me gustan a mí
la negrita sandunguera,
que se vistan retrechera
a la moda de Parí.
¿Me da uté el braso, señora?

NEGRITA
Con mucho perí, caballero.

NEGRITO
(Al público)
Échenle vita al sombrero
Chantecler de última hora
¿Qué má le guta a uté, el va,
los chotises o el air-estepe?

NEGRITA
Eso e de mucho julepe
y lo hace a uno sudá

NEGRITO
Pues, entonse, corazón
¿Qué cosa va a bailotearse?

NEGRITA
Eso no ha de preguntarse…

NEGRITO
No diga uté má: ¡e dansón!

“La isla de las cotorras” (1923)

Según la opinión autorizada de Eduardo Robreño, se trata de una obra simbólica y a la vez representativa. Y nos comenta:

En el desfile de personajes el Chino representa al presidente Zayas, a quien le decían “el chino Zayas”; el Papagayo, personifica al profesor universitario de la época contra el cual se levantó la protesta estudiantil; el Alcatraz traidor partidario de la anexión; los Jamaiquinos, representantes de los cortadores de caña que había que importar (…)

De mucha simpatía para el público fueron las coplas del Galleguíbiri y del Macuntíbiri, es decir, del gallego Muñeira y el negrito Tango. Algunos de ellos los transcribimos a continuación.

TANGO
¡Ay, Galleguíbiri! ¡Ay, Galleguíbiri!
yo te juro que me voy a envenenar
pues no tengo qué comer
ni he pagado el alquiler
y me canso de buscar y de buscar.

MUÑEIRA
¡Ay, Macuntíbiri! ¡Ay, Macuntíbiri!
Si tú quieres yo te puedo socorrer
Aquí está mi capital
que remediará tu mal

TANGO
¿Y de donde es este check?

MUÑEIRA
¡Del Banco Internacional”…

TANGO
¡Ay, Galleguíbiri! ¡Ay, Galleguíbiri!
El gobierno de Cubita está muy mal
y se dice que se trata
para no meter la pata
de formar un gabinete muy formal.

Así escribía para la escena el encomiable Federico Villoch, cuyas obras siempre tuvieron gran aceptación del público que colmaba los teatros cuando subía a escena alguna de sus obras representadas, casi siempre, por grandes artistas de las tablas y que reflejaban, además, los problemas sociales de su época.