VI Conferencia Internacional “Cuba y el Caribe: 40 años de relaciones”
El Caribe en el siglo XXI: Coyunturas, perspectivas y desafíos y El Caribe a los 50 años de la Revolución cubana, incluidos en el catálogo de Nuevo Milenio y publicados en 2012, son los dos libros que inician el camino editorial de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana. Si bien sus miembros son en su mayoría profesores y académicos de experiencia, y cuentan con múltiples publicaciones en Cuba y otros países, no habían visto reunida, hasta inicios de este año, parte de su producción intelectual en un esfuerzo común coordinado desde la Cátedra y que contó con el apoyo del Instituto Cubano del Libro y de la Editorial Ciencias Sociales; esfuerzo beneficiado, además, por la participación de colegas amigos de otras naciones caribeñas, como los profesores Mark Kirton, Marlon Anatol y Nia Nanan. Estos libros, pioneros en el empeño editorial de la Cátedra, responden al deseo de difundir ideas, contribuir a los debates, impulsar la investigación, apoyar la docencia y salvar de la fragilidad de la palabra hablada parte de los criterios, visiones e interrogantes que sobre el Caribe hoy se sostienen, se discuten y se reinventan.
La Cátedra, desde su creación el 10 de diciembre de 2004, acumulaba un volumen considerable de materiales presentados en los eventos —talleres, conferencias, mesas redondas, etc., que sistemáticamente realiza. Muchas de las investigaciones valiosas allí discutidas quedaban restringidas al espacio, cada vez más grande pero siempre limitado, de la Cátedra y la Universidad, y era también nuestro deseo que un público mayor, no necesariamente experto en temas caribeños, accediera a estos textos. En especial nos animaba la posibilidad de circular en Cuba la obra de investigadores provenientes del Caribe anglófono y nunca antes publicado en la Isla. En fin, teníamos motivos suficientes, y con El Caribe en el siglo XXI: Coyunturas, perspectivas y desafíos comenzamos a materializar todos estos propósitos a partir de la exploración de la presencia vital del Caribe en la política, la economía y el acontecer social durante la primera década del siglo XXI; análisis contenidos en trece trabajos y divididos en dos partes: una primera dedicada a consideraciones de carácter más general y una segunda que incluye dos estudios de caso sobre Trinidad y Tobago y Haití, respectivamente.
Más allá de lo diverso de los temas incluidos en la compilación ―característica que el lector descubre con una rápida revisión del índice― resaltan inquietudes recurrentes que aparecen, desde perspectivas diversas pero con persistencia marcada, a lo largo de estas páginas. Sin detenerme a comentar cada uno de los artículos seleccionados ―y así no estropearles el placer del descubrimiento individual ni tampoco demorar demasiado esta presentación― prefiero adelantarles que en esta compilación, ya sea desde la política, la geopolítica, la historia, la economía, la filosofía, la sociología, y con intensidades cambiantes pero definitivas: se indaga sobre el protagonismo que en las agendas domésticas, bilaterales y multilaterales de los países caribeños concentran hoy día los temas de seguridad, narcotráfico, violencia, inmigración ilegal, energía; se analiza la evolución de los esquemas de integración ―con especial atención en la CARICOM―, sus logros e insuficiencias y sus posibilidades futuras en un contexto marcado por la irrupción de los BRICS, la extensión de la cooperación Sur-Sur y la presencia siempre preocupante de Europa y los Estados Unidos; se evalúan las estrategias de dominación hemisférica de Estados Unidos en las circunstancias presentes de una administración norteamericana que, también en el Caribe, acumula buena dosis de expectativas frustradas; se profundiza en la comprensión de la compleja identidad caribeña desde los aportes de las inmigraciones asiáticas y el tratamiento del problema del negro en el Caribe; y se consideran las posibilidades de encontrar otros modelos económicos que nos alejen de las históricas estructuras que condenan a estrategias de crecimiento pero no de desarrollo, donde toca al Caribe el papel de exportador de bienes no esenciales y fácilmente sustituibles.
Las recientes celebraciones por los bicentenarios de las independencias recordaron a muchos que la libertad americana no empezó por el continente, sino por una de las islas caribeñas. Haití, su historia y circunstancias actuales, han contribuido a despertar en la conciencia de públicos más amplios y heterogéneos un interés y sensibilidad reanimados hacia la realidad caribeña. Precisamente con Haití y la revisión de algunas lecciones sobre sus experiencias de cooperación se cierra este primer volumen que contribuye a trazar los perfiles de una realidad caribeña múltiple, compleja y en constante transformación.
La otra selección de textos que presentamos, El Caribe a los 50 años de la Revolución cubana, trata sobre el resto del Caribe en sus vínculos con Cuba y los impactos de la Revolución cubana en la región a lo largo de sus primeros cincuenta años. El peso de la Revolución de 1959 se reconoce fundamental en la historia más reciente de América Latina, y su triunfo hizo del Caribe centro de la atención internacional. El panorama político, las luchas populares, los movimientos sociales han sido influidos ―con intensidades diversas según épocas y contextos― por la gesta cubana que ha sido rumbo, inspiración, motivo de divergencias, centro de críticas y baluarte, para la unidad del mundo subdesarrollado. A partir de reconocer el esencial carácter caribeño de la Revolución cubana, tempranamente establecido por C.L.R. James, Juan Bosch, Eric Williams, George Lamming, los autores en esta compilación evalúan la influencia de Cuba y su Revolución en el ciclo revolucionario caribeño, en la producción intelectual caribeña, en la política norteamericana hacia la región en el contexto de la Guerra Fría y en el escenario presente; en la evolución de movimientos progresistas y populares en varios de los países de la región; y en el diseño de las políticas nacionales de desarrollo y la política exterior de sus jóvenes Estados nacionales.
En el libro además se examinan otros temas, nunca agotados y de importancia vital en la comprensión y definición del Caribe, tanto de antes como posterior a 1959; temas también discutidos en ocasión de esta VI Conferencia de la Cátedra. Entre ellos destacamos la consideración de las categorías “raza” y “clase” en la conformación de la identidad; la propuesta de otras concepciones de seguridad que responden a nuevas amenazas regionales; los impactos de la crisis económica en el Caribe, y la construcción de la identidad como estrategia de resistencia en medio de reflexiones inacabadas en torno a qué significa Caribe, ser caribeño y vivir en la región.
Considero que esta última interrogante adquiere en Cuba y para los cubanos una dimensión particular, pues la certeza de Cuba en el Caribe más allá de Cuba y el Caribe no goza de un amplio reconocimiento en nuestro país; si bien es cierto que, en los últimos años, se viene asumiendo nuestro pleno carácter caribeño ―mas es este un proceso que transcurre lentamente y no sin resistencias.
En la presentación primera de estos libros, en febrero pasado en ocasión de la XXI Feria del Libro dedicada a las culturas caribeñas, Norman Girvan notaba cómo en Cuba no existe una conciencia definida de lo “caribeño”, como sí la hay de “latino” y “latinoamericano”. Mientras Cuba es considerada por los caribeños parte de la región, comparte con ellos la historia de explotación colonial y las herencias africana, europea, asiática, se le reconoce su activa y solidaria proyección hacia el Tercer Mundo, sus posiciones contra el racismo y el colonialismo, sus amplias relaciones con los países africanos, los índices que demuestran los logros sociales de la Revolución y que avalan los diversos programas de cooperación en áreas de la educación, la salud, los deportes, la ciencia y la tecnología; en Cuba la pertenencia al espacio caribeño atraviesa percepciones diferentes. Desde la política exterior, en las instancias de gobierno y en buena parte de la academia se acepta sin reparos. Pero lo caribeño de los cubanos, en el registro de lo cotidiano, no es totalmente reconocido ―con excepción quizás de la ciudad de Santiago de Cuba y otros territorios orientales―. La excepción que confirma la regla son nuestras “espectaculares morenas del Caribe”, única referencia explícita a la región caribeña que es plenamente aceptada en el imaginario nacional. La necesidad de que se reconozca a una Cuba tan caribeña como latinoamericana en el conjunto de las prácticas sociales de los cubanos es otro de los propósitos centrales que animó la realización de estos dos proyectos editoriales y, en particular, de El Caribe a los 50 años de la Revolución cubana.
Sin embargo, no deberíamos juzgarnos tan duramente por nuestra borrosa conciencia caribeña y en consecuencia debería Norman Girvan disculparnos un poquito. ¿Cómo reconocernos “caribeños” si la comprensión clara de qué es el Caribe no está consolidada, ni en la consciencia colectiva ni entre los estudiosos del tema? Las indefiniciones no obedecen a caprichos o perezas pues el Caribe es un universo difícil de entender por su carácter de mundo joven, territorio de límites imprecisos cuyo archipiélago, tempranamente denominado como Las Antillas, ha resultado desbordado por los conceptos de Gran Caribe, Caribe continental, Caribe cultural. Es así que las aproximaciones serias a la realidad caribeña obligan al abandono de fronteras artificiales y a recorrer otros senderos de la historia, la economía, la cultura y unidad ante las amenazas comunes. En estos libros, donde se parte de reconocer tales obstáculos y se intentan algunos de estos recorridos lejos de ofrecer respuestas definitivas que suponemos nunca llegarán también se avanza en los intentos de reconocernos en una identidad caribeña, sustentada por una experiencia histórica en la que ha sido la Revolución Cubana un actor fundamental.
Los autores reunidos en ambos volúmenes manifiestan en sus análisis varios puntos de coincidencia, entre los que consideramos valen destacarse los siguientes. En primer lugar aparece un reconocimiento a la extrema vulnerabilidad del Caribe, región cuyas economías dependen de la explotación de ecosistemas frágiles amenazados por: los fenómenos naturales de siempre y otros provocados por la ambición y la irresponsabilidad humanas; por el peligro que la globalización significa para la rica herencia cultural del Caribe que hoy se utiliza, perversamente, como mercadería atractiva para turistas u objeto coleccionables de ricos; por la violencia y las migraciones como resultados de la pobreza y la desesperanza; por los impactos negativos de la actual crisis financiera, que tanto golpea al Caribe como consecuencia su vocación exportadora y que ya ve cómo disminuye la llegada de turistas, flujos financieros, inversión extranjera y remesas; y todo esto en un escenario donde Estados Unidos redefine ―en ausencia de movimientos progresistas consolidados con alcance regional― su perímetro de seguridad y se reafirma como actor hegemónico hemisférico en las actuales condiciones internacionales.
Pero, a la vez, los estudiosos destacan las fortalezas y oportunidades que tiene el Caribe para transformar sus destinos y avanzar en la búsqueda de un bienestar mayor para sus habitantes. El Caribe es pobre siendo rico, y tal certeza es otro de los argumentos centrales que recorre los análisis en ambos volúmenes. Es muy rico, pero debe creerlo y actuar en consecuencia. Además del reconocido patrimonio que se manifiesta en su música, danza, literatura, artes plásticas, tradiciones y culturas populares, sus territorios atesoran paraísos naturales y un caudal de biodiversidad y conocimientos. Y tiene su mayor riqueza en sus pueblos nuevos quienes, una vez convencidos de sus reales posibilidades, serán capaces de levantarse, construir y refundar.
La Cátedra de Estudios del Caribe aprovecha la ocasión para agradecer a la editorial Ciencias Sociales por haber acogido estos dos proyectos y conseguir volverlos libros en tan solo unos pocos meses. En especial reconocemos la labor de Jacqueline García Suárez, joven editora que participó con valiosas sugerencias en la versión final de El Caribe a los 50 años de la Revolución cubana, y de los dos diseñadores quienes, a partir de referentes muy propios de nuestra Cátedra, lograron dos hermosas cubiertas.
La Cátedra también está feliz con que estos, sus dos primeros libros, hallan sido publicados precisamente en 2012 en ocasión del cuarenta aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y cuatro emergentes Estados caribeños: Jamaica, Trinidad y Tobago, Guyana y Barbados, gesto que clasifica como uno de los más audaces actos en materia de relaciones internacionales registrados en el continente que retó directamente a la política norteamericana en el hemisferio. 2012 es también el año del cincuenta aniversario del fin de la Federación de las Indias Occidentales ―hecho que, en muchos sentidos, es considerado como el real comienzo de la CARICOM―. Justamente es el tema de la integración regional el centro de una nueva compilación que prepara la Cátedra. Consideramos que la discusión sobre los esquemas de integración existentes, así como la exploración de nuevas oportunidades para la unidad caribeña impactará favorablemente en el desarrollo social de la región ―hoy más comprometida en sus vínculos con antiguas metrópolis y actores económicos emergentes―. La integración caribeña es una necesidad que, desde el respeto a las diferencias, ha de apoyar la búsqueda de más soberanía nacional e influencia regional, independencia política y bienestar económico, y es por esta importancia que le reconocemos que consideramos dedicarle el tercer libro de la Cátedra.
Dijo Norman Girvan que el Caribe está ahí donde esté un caribeño, que la visión de los caribeños de sí mismos, de su lugar en el mundo, está regida más por una conciencia de las fuerza históricas que nos han conformado que por los límites geográficos de nuestra existencia. Conscientes entonces de nuestros orígenes e historia, solo nos resta descubrir ese ser caribeño que yace oculto en nosotros mismos, y actuar en consecuencia. Invitamos, con la lectura de estas páginas, a (re)descubrirnos como los hijos de unas aguas que no separan, mas unen.