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El ameno Bolívar de Edna Iturralde

Alina Iglesias Regueyra, 05 de enero de 2013

En el año 2010 vio la luz una muy interesante novela biográfica destinada al público joven. Simón era su nombre, de Edna Iturralde, nos fue entregada por Gente Nueva, dentro de su colección Alba Bicentenario, en el género Narrativa. La edición es de Enrique Pérez Díaz, y la cubierta y las ilustraciones fueron creadas por Marla Albo Quintana, quien respeta la iconografía más conocida del Libertador de América. El texto fue tomado, sólo para Cuba, de Ediciones Santillana de Colombia.

Mucho se ha escrito ya acerca de esta obra, merecedora del Premio Nacional Darío Guevara Mayorga, y el Diploma de Honor Girándula, del IBBY en Ecuador. La autora, quien la dedica “A mi antepasado coronel Rafael María de Irazábal, prócer de las gestas de la independencia de Nuestra América”, es elogiada dentro y fuera de su país: en el año que recién concluye, fue nominada al Astrid Lindgren Memorial Award (ALMA), de Suecia. Antes había recibido el premio internacional de literatura ecológica y étnica Skipping Stones Award, de Los Estados Unidos, en las ediciones de 2002 y 2005; el Premio Nacional a las Artes Quitsa-to, por toda su obra en 2004; y el Gran Collar a la Literatura del municipio de Quito, en 2008.

Edna Iturralde es presidenta de la Academia Ecuatoriana de Literatura Infantil y Juvenil, adjunta a la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil. Ha sido invitada especial a la Feria del Libro en Nueva York 2007, y en su honor, se creó un concurso que lleva su nombre. Está considerada una pionera de la etnohistoria narrativa en Ecuador y de la etnoliteratura en Latinoamérica, y fue seleccionada entre las 12 mujeres imprescindibles del Ecuador, representantes de la literatura infantil del siglo XXI. El Centro Barahona, de la Universidad Estatal de San Marcos de California, recomienda varios de sus libros para el estudio de esta literatura en español. Ha abordado con gran éxito géneros literarios tan distintos como el álbum ilustrado, la novela y el cuento, logrando hasta doce reimpresiones de un mismo título.

Con Simón era su nombre, la Iturralde rinde su personal homenaje a Bolívar en el Bicentenario de la Independencia de Colombia y Venezuela. La novela se encuentra estructurada en cuatro partes, bajo las denominaciones de elementos de la naturaleza que influyen y guían al Libertador. Convergen, a su vez, varios géneros periodísticos, como el testimonio, la crónica y la entrevista. Están presentes, además, varios de los mitos afroamericanos que la propia autora diera a conocer en Y su corazón escapó para convertirse en pájaro, otro libro suyo ya comentado en esta sección. La voz de la narración, aunque en primera persona del singular, no siempre corresponde al mismo personaje; existe incluso un diálogo, a manera de entrevista (Hipólita y los espíritus, José y Simón). La presencia del narrador omnisciente es prácticamente desestimada; sólo aparece para describir la escena y ubicar al lector. La parte dedicada a los amores del Libertador es de las más delicadas e íntimas, con un tono confesional y casi erótico respecto a las vivencias que se narran en boca de la misma Manuela, mezclando acontecimientos históricos y sentimientos pasionales.

Mediante la combinación orgánica de la fantasía más espiritual con hechos muy reales, la autora desgrana los detalles aparentemente más superfluos y las anécdotas más pintorescas de la vida de Bolívar, pormenores que nos acercan a un ser humano lleno de caprichos, defectos y afectos que quizás no conocíamos. Sus frustraciones y lágrimas, el dolor de las traiciones, los cargos y compromisos que más le disgustaron, las acciones de las cuales se arrepintió —pues, al acometerlas, asumía que hacía un bien o que no quedaba otro remedio—, son ventiladas por el propio protagonista ante los seres que más le amaron y más confianza despertaron en él: Hipólita, su nana negra; el mulato José, su mejor amigo de la infancia y al lado de quien muere; Manuela Sáenz, la mujer más querida; y un séquito de espíritus sincréticos latinoamericanos que lo acompaña y protege hasta donde alcanzan sus mágicas fuerzas.

Los hechos más importantes son presentados al unísono, a través de varias versiones: la visión sobreprotectora y maternal de Hipólita, la arrolladora y tremebunda de Manuela, la preocupada y compañeril de José. Esto nos permite vislumbrar entre telones la muy solapada intención didáctica de la autora al referir fechas y hechos con el fin de que sean aprendidos durante la lectura. Es decir, el conocimiento de la historia es uno de los principales objetivos de la escritura, y es ofrecido apenas sin intención explícita, lo cual hace del libro una pequeña obra maestra de educación.

No faltan las expresiones y los recursos literarios de valía para enriquecer los propósitos autorales: el humor y la ironía, las metáforas y los símiles, las parábolas y alegorías. Llama la atención el diálogo entre Hipólita y sus espíritus sobre la impresión que despierta Napoleón en Bolívar y su desánimo al verlo erguirse emperador, traicionando su misión libertaria inicial: “—Pero lo que yo digo es que, para tu Trinitario, Napoleón cayó del pedestal donde se enaltecía y se partió como una sandía —aclaró Babá Domingo de una manera que no admitía argumentos”.

Una exhaustiva investigación histórica, marcada por hitos y coincidencias asombrosas, respalda al texto. Esta aventura personal es referida al terminar el libro, como testimonio firme del apego a las fuentes y objetos que motivaron su creación. Gracias a ella se conoce desde la insondable tristeza del niño que queda huérfano —de padre a los tres años, y de madre a los nueve, debido a la tuberculosis— hasta su muerte, por esta enfermedad, cercano ya a la quinta década de vida, en condiciones de soledad, traición, recogimiento y abandono social. Sin embargo, la novela recoge una optimista sensación de agradecimiento y respeto por Simón Bolívar, un hombre que, como tantos otros, puso su vida al servicio de nobles propósitos, a costa de malentendidos, difamaciones, riesgos inauditos y, sobre todo, su más íntimo y personal sacrificio humano.