Apariencias |
  en  
Hoy es miércoles, 4 de diciembre de 2019; 5:47 PM | Actualizado: 04 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 86 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Víctor Muñoz, un periodista moderno

Fernando Padilla González, 07 de enero de 2013

A la excelsa pluma del escritor, filósofo, pensador y pedagogo cubano Enrique José Varona corresponde el criterio:

Víctor Muñoz es totalmente un hombre moderno; y por consiguiente, un periodista del día. Lo penetra y posee la actualidad. Por las materias de que trata y por el modo de tratarlas nada hay en él de añejo: el radio de su influencia de escritor resulta así extensísimo; él logra siempre fijar un aspecto interesante, sugestivo, pintoresco, humorístico o patético de lo que contempla y sabe expresarlo con tal fidelidad de pincel, que ya el croquis no se borrará de nuestra retina.

En tanto, Manuel Sanguily esgrimió: “El estilo de Víctor Muñoz cuando escribe, revela la facilidad y gracia picaresca que cuando habla, y en todo caso es claro, fácil, sobre todo preciso, que es lo que más maravilla”.

"La popularidad de Víctor Muñoz llena todo un ciclo del periodismo cubano", ha señalado Rafael de Soto Paz. Y es que fue don Víctor un escritor de muchas aristas como periodista y virtudes como ciudadano.

Las Navidades de 1872 fueron especialmente emotivas para el matrimonio Muñoz, tras recibir la notificación médica de que en las jornadas siguientes un nuevo integrante llegaría al seno familiar. Justo con el arribo del primer día de 1873, hace 140 años, nació Víctor Muñoz Riera en la capital de la Mayor de las Antillas.

Hijo de un rico comerciante, la infancia de Víctor estuvo matizada por las más variadas comodidades, propias del estatus económico de su padre. Su educación o formación social fue esmerada hasta que descalabros familiares, agrietaron la fortuna y el joven supo lo que significaba andar con los bolsillos ligeros y los sueños depositados en la fe de que volverían tiempos más alentadores. Alejado de sus estudios de Bachillerato y con el lastre doloroso de la sensible pérdida de su padre, Muñoz fijó su mirada en nuevos horizontes.

A los diecisiete años embarcó rumbo a América del Norte, específicamente a territorio de la Florida, donde se destacó como lector de tabaquerías y se sumó a los afanes independentistas de los exiliados de Tampa y Cayo Hueso, a los que la Patria —entonces oprimida por el yugo colonial español— debe el fervor, la constancia, el sacrificio e innumerables aportes en razón de su causa.

Estudiosos de su obra sitúan, en este período, la génesis de su fecunda labor periodística que habría de acompañarlo hasta el final de sus días. Bajo su rúbrica, gran variedad de textos vieron la luz en calidad de colaboraciones en los rotativos Cuba de Tampa y Yara de Key West. En los años siguientes, dos amores marcarán su vida, al contraer matrimonio con una joven cubana exiliada y afianzarse sus nexos con los independentistas, pasión esta última que lo lleva a enrolarse en las expediciones del Florida y el Fanita.

De regreso a su tierra natal y finalizada la gesta libertadora en los campos de Cuba, Víctor Muñoz prosigue su actividad literaria en la prensa diaria de la época: El Cubano, La Discusión, La República Cubana, hasta que, a partir de 1901, en El Mundo, se estableció como una de las firmas más esperadas por sus informaciones deportivas, crónicas mundanas y temas humorísticos.

Sus trabajos resultaron gratos para el público y como supo mantener esa frescura de la prosa a través de toda su carrera, un día se vio coronado por el calificativo de "el más popular" de los periodistas cubanos. Vitoque, cual le llamaron sus compañeros de la Redacción, comenzaba sus travesuras periodísticas por hacer burla de sí mismo, de su figura obesa y bonachona que lo acompañó, no a su pesar, porque él la aceptó con sabia filosofía.

Apasionado por el béisbol, escribió algunas de las crónicas mejor trabajadas en ese género y algunas de las más simpáticas, como la dedicada a José de la Caridad Méndez, lanzador negro por quien sentía una enorme admiración y a quien bautizó “el diamante negro”, sobrenombre por el que sería reconocido por los peloteros y la afición en adelante.

Mas como Víctor era un periodista completo... hasta para las damas redactó crónicas bajo el seudónimo de La Marquesa de Fontenoy. De su estilo indirecto y sutil —cuando se lo proponía— disfrútese este fragmento en que utiliza una imagen deportiva, del béisbol, para subrayar el fenómeno de la corrupción administrativa: "Ayer se robaron dos veces la tercera base en Almendares; pero esto no quiere decir que se hayan corrompido más las costumbres públicas, ya que en la pelota, el robo no es vituperable".

Los que lo conocieron aseguraban que Víctor Muñoz era un hombre bueno, en el sentido lato de la palabra, sencillo pese al tiempo vivido en el exterior, actualizado respecto de los nuevos giros del habla popular. Nunca pretendió la burla de otros, ni optó por el camino del mal gusto y el choteo.

La iniciativa de celebrar el segundo domingo de mayo de cada año el Día de las Madres no puede considerarse del todo original,* aunque sí lo suficientemente sensible para arraigar: A Víctor Muñoz debemos los cubanos la instauración de esa fecha homenaje.

Sus cualidades estuvieron representadas en el ingenio, la observación cuidadosa, el trabajo diario y la señalización de lo que consideró reprobable. Tal y como era, fue su periodismo. No le interesó ser político, aunque cuando se postuló para concejal por el municipio de La Habana salió electo. Nadie se sorprendió con la noticia. Otra, sin embargo, sí estremeció: la de su muerte, inesperada, en Nueva York, el 25 de julio de 1922, a los 49 años de edad, cuando los lectores aún esperaban esbozar unas cuantas sonrisas más con sus crónicas, trágico desenlace ocurrido apenas en la lozanía de una vida labrada con talento personal.

 

*  Ver Cubaliteraria y también Granma