Pablo Bergues atrapado in fraganti
La Feria Internacional del Libro, que casi está tocando a nuestras puertas, ofrecerá a los lectores infinidad de atractivas propuestas para complacer los más variados y exigentes gustos.
Entre los autores que entregarán sus obras en esta fiesta del libro y la lectura, se encuentra Pablo Bergues. Quizás su nombre le recuerde títulos significativos: Propietario del alba, Habanera invernal y Un asunto muy personal, dos novelas y una antología de cuentos que obtuvieron el Premio Concurso de literatura policial del MININT en 1991, 1993 y 2000, respectivamente. Sin embargo, este creador no se destaca únicamente dentro la literatura policíaca cubana, sino que también, desde hace más de treinta años, se desempeña como guionista del programa Escriba y Lea.
La editorial Capitán San Luis, encargada de poner en las manos del público lector los títulos premiados el concurso antes mencionado, sacará a la luz, el próximo febrero, una novela de Bergues: Más allá de Laura.
Cubaliteraria tuvo el privilegio de conversar al respecto de Más allá de Laura con su autor.
¿Por qué escoge el género policial para desarrollar sus historias?
Más bien fui acercándome sigilosamente al género policial de mano de autores como Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Georges Simenon, Graham Greene, James M. Cain y John Dickson Carr, entre otros.
Corrían los años finales de la década del sesenta y principio del setenta, época en la que irrumpía en el panorama cultural cubano, el Concurso Aniversario del Triunfo de la Revolución, estimulado por la presencia de José Antonio Portuondo, Félix Pita Rodríguez, Imeldo Álvarez, Lucía Sardiña y Martha Rojas y una voluntad editorial dispuesta a dar espacio a los nuevos autores.
En esta etapa surgen autores del seno del concurso como Armando Cristóbal Pérez, Ignacio Cárdenas Acuña, Luis Adrián Betancourt, Rodolfo Pérez Valero, Juan Carlos Reloba, Leonelo Abello, Berta Recio, Arnaldo Correa, Alberto Molina, que indican el nacimiento de una literatura policíaca cubana. Las novelas y cuentos que surgen del quehacer de ellos forman parte también de mi acercamiento al género.
Ya en este tiempo, confieso, comienza a rondarme el bichito de querer escribir un manojo de cuentos o una novela policíaca; pero de manera general no me gustaba el maniqueísmo en el tratamiento de los personajes (policía, delincuente y la sociedad) que en su gran mayoría plagaban los textos de los citados escritores, libros que se habían ganado un espacio en mí.
Entre 1978 y 1980 irrumpirán en el panorama de la literatura policial cubana dos novelas: El cuarto círculo y Joy; la primera escrita por dos reconocidos y talentosos poetas: Luís Rogelio Noguera y Guillermo Rodríguez Rivera y la segunda escrita por Daniel Chavarría, profesor universitario de Latín, Griego y Literatura Clásica en la Universidad de La Habana, nacido en Uruguay, quien, años más tarde, declararía a un periodista que era "…un ciudadano uruguayo, pero un autor cubano".
Estas dos novelas tenían aristas en su tratamiento que me motivaban y me acercaban a lo que yo pretendía hacer.
Como notarás, más que escoger el género policial, a la larga, fui atrapado in fraganti por esta manera de escribir historias; me había contaminado con los efluvios de las novelas y relatos de lo que pudiera llamarse la primera generación de escritores del género policíaco, surgida al calor del Concurso Aniversario del Triunfo de la Revolución, evento que se anotaba obras que pasarían a ser emblemáticas: La ronda de los rubíes, de Armando Cristóbal Pérez; Enigma para un domingo, de Ignacio Cárdenas Acuña; No es tiempo de ceremonia, de Rodolfo Pérez Valero; así como los cuentos de Juan Carlos Relobas, Berta Recio y Leonelo Abello, quizás, los tres más destacados cultivadores del cuento policial de su generación, según mi criterio de lector.
La novela y el relato policiaco conceden al escritor la oportunidad de adentrarse en el tejido social, acercándose allí, donde el crimen registra todos los niveles estamentarios de la sociedad, mostrándole al escritor, todos los rincones de la compleja conducta humana, que parece no estar ajena a las más disímiles formas de “delitos”; los cuales no han dejado de acompañar al ser humano: el asesinato, el crimen organizado, el matonismo, la prostitución, el proxenetismo, el tráfico de drogas, la trata de blanca, la corrupción político-administrativa, la policial, la doble moral, entre otros, los que constituyen el caldo de cultivo de las historias policiales.
Lo que me acercó definitivamente al género policial fue, y es, la oportunidad de sumergirme en el complejo maderamen social cubano; no puedo escribir ni una línea que le sea ajena el devenir histórico de mi nación, el haber vivido más de una década dentro de una república intervenida, me ha servido de mucho como novelista, por ello todos mis personajes arrastran un pasado que reafirman o ponen en crisis sus aspiraciones, ejemplo de ello son: Bruno Manuel, David el Cojo, Niobe, Vittorio Rosso, Alejo, Dámaso, Eladio, Marcia, Elena, Irene Montenegro o la jinetera Laura: la de Más allá de Laura.
¿Es difícil escribir novelas y cuentos policiales en Cuba?
Escribir siempre es difícil y entraña una altísima responsabilidad, el escritor lo sabe muy bien, por lo tanto, no le queda otro alternativa que hacerlo lo mejor que pueda, según opinión del autor de El Viejo y el mar.
La tarea para mí que más exige al escritor es la que enfrentamos todos los días y requiere de él la disciplina de hacerlo retando a ángeles y demonios que no nos abandonan, ni un segundo, en el proceso tanto de gestación de la novela o el relato; así como en el cotidiano proceso de composición que en el novelista suele convertirse no solo en largas jornadas de trabajo sino en agotadores períodos de días, semanas, meses y hasta años. El resultado final no debe mostrar ni las agonías, ni las soledades y mucho menos el agotamiento de un corredor de fondo.
Chandler me enseñó: "Todo lo que se escriba con vitalidad expresa esa vitalidad». Trato de no olvidar esto porque sé que el lector de alguna manera recibe eso que ahora llamamos energía positiva y negativa. No lo digo por snob —es irrefutable— que en toda actividad humana hay momentos y días buenos y malos que afectan, de alguna manera, el proceso creador que el refranero popular condensa en «el horno no está para galleticas".1
Me gustaría que siempre me leyeran con placer; por eso, si me siento fatigado, me echo a descansar con el objetivo de recuperar el vigor que me permita retomar una nueva jornada.
¿Podría afirmarse que los lectores le indican o trazan el camino que orientan sus relatos y novelas policiales?
En lo absoluto. Mis novelas y relatos forman partes de un proyecto de realización muy personal condimentado con reflexiones, inquietudes, desvelos y sueños que no dudo que coincidan con muchos de mis lectores. Ahora bien, trato de ser honesto con el lector; mis obras se desarrollan en una sociedad que no es perfecta y donde a cada paso asoman la corrupción, la doble moral, el oportunista, la prostituta, el proxeneta y el que, en este momento adueñándose de un término épico, se autodenomina «luchador», para mí, el más repugnante de esta fauna, porque en él se resume quizás lo peor de esta incompleta relación de males que contaminan nuestra sociedad; sistema social que muestra su capacidad y calidades, para echar andar su perfeccionamiento que definitivamente «es cambiar todo lo que debe ser cambiado.»
Sin esquema didáctico ni teques, escribo mi narrativa reflejando los males que azotan la nación. Sobre este abordaje, el novelista y crítico Lorenzo Lunar, expresa que mi obra tiene "la virtud de haber asumido el tema de la corrupción desde una óptica diferente. El análisis post-mortem de un militante del Partido supuestamente intachable es el superobjetivo de una de sus obras más importantes: Propietario del alba"2.
Siempre vuelve sobre los temas de la corrupción, la doble moral, la prostitución, el proxenetismo y otras recurrencias, ¿no teme repetirse?
Los riesgos forman parte de todo proceso creador, pintores, escultores, músicos, poetas, dramaturgos y cineastas se arriesgan a cada paso, pero es el novelista quien más sometido está, porque este es un género que concede a su cultivador muchas libertades —casi omnímodas—, a mi manera de ver sería un error pensar que a mayores posibilidades de hacer, menor serán los peligros del narrador.
Creo recordar que cuando el joven novelista Carlos Fuentes le dio a leer a Julio Cortazar el original de su primera novela, La región más transparente, este le aconsejó sobre la importancia de actuar temeroso ante estas libertades, las cuales el veinteañero Carlos no había podido someter bajo su control.
Mira, Kaly, escribo sobre mi realidad: estoy comprometido con ella, no la invento, lo que trato es de reflejarla de la mejor manera, con los recursos de mi oficio que, desde hace mucho, es novelar; escribo sobre el hombre de grandes valores que sufre la dañina acción de los corruptos —la fauna más criminal de cualquier sociedad—, incluyendo la nuestra, en la que este repugnante espécimen parece, como dirían mis mayores, campear por su respeto, y eso me duele, sentimiento de muchos, pero te digo como Martí que tengo «fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud», y en los hombres y mujeres que fundaron y refundaron nuestra nación, sé que ni la novela ni el novelista pueden cambiar ni transformar nada, quizás sólo mostrar —o como diría Hemingway— transmitir una experiencia.
Creo fehacientemente que sería lamentable no escribir sobre la rutina de nuestro tiempo.
Carlos Marx, quien al parecer era un lector apasionado y acucioso de novelas, —algo que en su tiempo no se atreverían a confesar muchos— declaró que «los novelistas ingleses de su época revelaron al mundo más verdades que todos los políticos, publicistas, moralistas juntos», no solo siempre me ha llamado la atención esta opinión, sino que me ha estimulado como novelista.
¿Cuáles son los “ingredientes” que hacen a Pablo Bergues ser un autor multipremiado en el certamen de Literatura Policial “Aniversario del Triunfo de la Revolución”?
Nada en especial he hecho para ganar este premio tantas veces ni he escrito necesariamente para él, en última instancia, si he llegado acceder a dicho certamen, habría que reconocer en primer lugar que soy un hombre de suerte, aunque no me escolte el éxito, y su amiga acompañante la fama, como algunos de mis contemporáneos.
¿Qué expectativas tiene con la presentación de Más allá de Laura en la Feria del Libro 2013?
Te confieso que me resulta extraña esta pregunta. Sería muy fácil responderla si yo, como autor, dispusiera de un estudio de mercado sobre Más allá de Laura, no dispongo de este recurso ni sé si se hacen estudios de esta naturaleza en nuestro país.
No sé que pudiera suceder cuando esta novela salga a la venta en la Feria del 2013, pero sentiré una gran satisfacción, porque con su publicación estoy cerrando la trilogía que inicié con Propietario del alba (1996) y que le siguiera con Habanera invernal (1999). La publicación de Más allá de Laura culmina, para mí, casi un cuarto de siglo de trabajo, si tengo en cuenta el proceso de gestación, investigación y composición de Propietario del alba que culminé a finales del 1990 y cuya definitiva versión terminó en julio de 1991, año en que fue presentada al Concurso Aniversario del Triunfo de la Revolución y que ganó.
A Más allá de Laura, como novela, no le fue fácil convertirse en un producto editorial contemplado en el programa de la XXI Feria Internacional del Libro de La Habana. Después de casi cuatro años de trabajo, en julio del 2000, puse punto final a la obra. Sabía que debía volver a ella. Me tomé un tiempo de descanso, reanudando, en los primeros días de septiembre y hasta octubre, un proceso de revisión y poda. La novela quedó lista y se la entregué a una editorial y fue aceptada. Se le asignó a un editor para trabajar el texto —como se establece— se me hizo un contrato, cobré el 60 % de mis derechos de autor. Pasó el tiempo y pasó y… Un día el mensajero de la editorial “llamó dos veces” a la puerta de mi casa y puso en mis manos los originales, en un sobre de papel de estraza, en cuyo interior, una escuálida nota decía que los libros del género policial no estaban contemplados en sus objetivos de trabajo. Otros autores y otros libros corrieron mi misma suerte.
Entonces la obra fue relegada a una larga invernada en la que entró niño y sale ahora con toda la rebeldía de un adolescente de trece años bien contados, y esta vez como otras, gracias al concurso Aniversario del Triunfo de la Revolución.
Sin revelar muchos detalles, ¿qué destacaría de esta novela?
Más allá de Laura es una obra que el narrador y crítico Imeldo Álvarez, definiría como "novela río que arrastra personajes muy bien trazados e historias que se imbrican en un discurso estructuralmente coral muy efectivo" 3.
En ella se mezclan la novela de espionaje y el policiaco, condimentado con el sueño de realización de corruptos que pretenden sembrar prostíbulos, garantes del placer de turistas e, incluso, de nacionales, imitando modelos foráneos como si nuestra nación fuera el potrero de Don Pío.
El tema central de esta obra es el terrorismo que se nutre de numerosos personajes de diversas catadura moral quienes, pagados y entrenados por la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), se proponen poner en práctica «un plan llamado a armar un escándalo periodístico en medio de la visita del Papa Juan Pablo II, y así demostrar, ante la opinión pública mundial, que en Cuba existe un movimiento opositor organizado capaz de pedir la liberación de presos, la creación de partidos y otras necedades.
Por eso esa farsa estaba predeterminada para tener un final trágico: la voladura de la casa de Miramar y la eliminación de cada uno de los que lo hicieron posible. Laura fue el eslabón más débil de esta cadena. Cosa extraña. Perdomo había estado callado todo el tiempo, como si hubiera acudido a este encuentro con el único propósito de escuchar reflexiones y conclusiones. Pero al escuchar el nombre de Laura, dijo: “Yo creo que hemos tenido que vérnosla con gentes peores que la mafia. La mafia tiene su código. No mata a quien le sirve, sino a aquel que le traiciona, o es su enemigo jurado. Por eso para mí no son más que una manada de lobos"4.
NOTAS
1Raymond Chandler, tomado de El sencillo arte de matar.
2Lunar Cradedo, Lorenzo: "Estética y estática de la novela policial cubana", La Gangsterera.
3De los apuntes tomados de la intervención de Imeldo Álvarez en la entrega de premio.
4De la nota de contracubierta de la primera edición de Más allá de Laura.