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Otro autor santiaguero filmado: Francisco Vallhonrat y Sin Otro Apellido (SOA)

Luciano Castillo, 08 de enero de 2013

Ante el rotundo fracaso económico de El hijo de la ciencia, los hermanos santiagueros César y Mario Cruz Barrios decidieron probar fortuna en el largometraje de ficción y crearon entonces Producciones Cruz-Bauzá Ltda., apellido este último de Pedro Pablo Bauzá Rullán (1895-1966), funcionario del Departamento de Aduanas de esa ciudad oriental, que unió su capital al de César Augusto Cruz Bustillo para gestar la nueva empresa. Las oficinas principales de la firma radicaron en la calle Marte # 107. Frente a la carencia de medios técnicos, ni la menor experiencia en este campo, se vieron obligados a utilizar personal de la capital.

Escogieron el drama SOA (1944), del jurista y escritor santiaguero Francisco A. Vallhonrat y Villalonga (nacido en 1908), adecuado a sus fines de filmar una historia no carente de contenido social, al denunciar las diferencias clasistas, el desempleo, la precaria situación de la clase obrera y las acciones emprendidas contra los desmanes patronales.

La pieza dramática en prosa estaba estructurada en un prólogo separado por veinticinco años de los otros tres actos, el primero de ellos subdividido en dos cuadros. Vallhonrat, Doctor en Derecho Civil, fue incluido en la Antología de cuentistas hispanoamericanos (1956). Además era colaborador de El Camagüeyano, La Revista Oriental de Cuba, Carteles, Social, Cúspide, Alfanje y Ahora.

Nada difería de las convenciones melodramáticas de que abusaban las radionovelas, la historia iniciaba cuando Flora, −una joven seducida por Anselmo quien era forzado a casarse con la adinerada Elsa−, al ser contratada como criandera, cambia a su hijo recién nacido por el de sus patrones, para evitarle una vida de pobreza. Los dos jóvenes, José Gerardo y Anselmo Pedro, criados en medios diferentes, ignoran ser hermanos, pero comparten una amistad desde la escuela. Ambos se enamoran de la misma joven, Gabriela, quien se siente atraída por el primero de ellos, aunque su padre, Rodolfo, no lo apruebe.  Por supuesto que Flora revelará en un momento culminante toda la verdad cuando pretenden arrestar a su José Gerardo como autor de los incendios de unas plantaciones de caña.

Para dirigir SOA los productores contrataron al veterano Sergio Miró, alejado de las cámaras desde que rodó, junto a Max Tosquilla, La canción del regreso (1939).

Miró comenzó los ensayos en el verano de 1949. Algunas personalidades de la ciudad constituyeron el reparto, entre ellos Rodolfo Hernández Giro, prominente figura de las artes plásticas en la localidad, a las que se unieron artistas capitalinos como César del Campo, en el papel de José Gerardo Torres (el SOA del título); Gladys Cáceres (Flora Torres); Gloria de Huelbes (Gabriela Sarol)1; el valioso actor teatral y radial Manuel Estévez (Anselmo Vigil), Raúl Díaz, Sergio del Valle, Hilda Domínguez y Nidia Vivanco.

Los interiores fueron filmados en los Estudios y Laboratorios Chantilly2, habilitados en la zona de Cuabitas, en las cercanías de la capital oriental. Miró, se las ingenió para airear, en el guión, un intenso drama que no dejaba resquicio alguno para la música; incluyó tomas exteriores tomadas en medio de los populares carnavales de Santiago de Cuba, y las presentaciones del prestigioso Orfeón Cuba, el Trío Maravillas de Oriente, la Orquesta de Los Muchachos Pimienta y la cantante Engracia Díaz. La fotografía fue de Abelardo Domingo (hijo), con la asistencia de Bebo Muñiz y Luis Vázquez y la iluminación de Aurelio Iglesias. Del sonido se responsabilizaron: Modesto Corvisón y Rolando Cusiné y del maquillaje: Francisca Sing. En el rodaje fueron empleados miembros de la ATICA. y personal santiaguero con alguna experiencia.

Promovido como «una película sin rumbas y semi-desnudos», era el primer largometraje de ficción filmado en su totalidad en Santiago de Cuba. A fines de septiembre fue concluido el rodaje. SOA es, hasta esa fecha, el único intento de realizar una producción cinematográfica de largometraje alejada del ámbito capitalino.

Sin verificar que la película fuera su «primer tiro certero a la taquilla», sus productores anunciaron tener en preparación un nuevo título: Tierra sembrada, sobre un argumento original de la escritora santiaguera Hortensia Bolívar.

El estreno de Sin otro apellido se efectuaría el jueves 4 de octubre de 1951, en el teatro Oriente, de Santiago de Cuba, con la asistencia de cientos de espectadores que aplaudieron el primer esfuerzo fílmico de «tierra adentro». Un periodista asistente a la premier escribió en su crónica que esta era la piedra inicial para que en Oriente continuara la realización cinematográfica:

Sin otro apellido no es una película perfecta, no podía serlo, porque para realizarla se encontraron obstáculos, se carecieron de equipos completos; pero se ha logrado una película distinta, porque no hay en ella ni el «negrito», ni «el gallego», como tampoco «la rumbera». Es, ya lo dice su hombre, un drama real, que se vive y se siente a cada rato. Un drama que Santiago recibió con aplausos y es un aliciente para que Cruz y Bauzá sigan haciendo cine y lo van a seguir haciendo aunque haya quien lo dude. De un oriental todo es posible, menos la traición a un ideal o a una obra3.

SOA se mantuvo en la cartelera del Oriente hasta el domingo 7, conjuntamente con el estreno de Casa de empeños o Monte de piedad (1951), de Carlos Véjar (hijo). La exhibición en La Habana se efectuaría el 27 de octubre de 1951, en los cines Maxim, Encanto, Capitolio, América y Estrada Palma.

«En esta organización, nada es imposible», fue la frase publicitaria seleccionada por la Productora Nacional de Películas, SA. El personal técnico lo encabezaba César Cruz Barrios como director general; el laboratorio estaba a cargo del Dr. Zayas Bazán y de Giotto Bauzá; el sonido de Francisco José Martínez y los cartones animados y documentales «Kuba-Color» eran realizados por el Dr. Mario Cruz Barrios, Mirta Portuondo y Miguel Hernández. La compañía, provista de laboratorios completos para blanco y negro y color y de los Estudios Chantilly (Cuabitas), promovió además el Noticiero PNP.

La cálida acogida popular no atenuó el estrepitoso fracaso comercial, pese al cual los hermanos Cruz Barrios no se desanimaron y prosiguieron la realización de cortos documentales, que se procesarían en los laboratorios de color de Héctor Zayas Bazán. Estos títulos no permitieron experimentos tan arriesgados como sus primitivos dibujos animados.


NOTAS

1Esta debutante era graduada de la Escuela de Comercio de Santiago de Cuba y ex becada de la Escuela Técnica Rosalía Abreu, que cursaba entonces estudios de pintura y escultura.
2En algunas fuentes aparece Estudios Cruz-Bauzá.
3José Villa Barro: «Sin otro apellido (SOA)»: Cinema, Año XVII, No. 825, 14 de octubre de 1951, p. 14.