Cuando la muerte deja de ser lugar imaginado
En nuestra historia literaria abundan ejemplos de poetas descollantes que murieron antes de habernos entregado lo mejor de su talento, pero que se unan en una sola existencia la muerte temprana, la poeta suicida, la escritora opuesta tenazmente al machismo y a las concepciones que situaban a la mujer en un plano intelectual y social inferior al del hombre, y un espíritu elevado rodeado de leyenda con obra casi inédita, es un ejemplo insólito y poco conocido dentro del mundo intelectual criollo.
Ese es el caso de la poetisa María Luisa Milanés (Jiguaní 1893–Santiago de Cuba 1919) de la cual acaba de aparecer un valioso volumen titulado Cuando la muerte deja de ser silencio, publicado por la Editorial Letras Cubanas, cuya compilación, prólogo y notas estuvieron a cargo del investigador Alberto Rocasolano. Resulta encomiable en esta entrega el trabajo filológico de su compilador al recoger 234 poemas, de los cuales 157 son inéditos hasta el presente ‒pues la autora en vida solo había publicado poemas sueltos en la revista Orto de Manzanillo‒, una “Autobiografía”, artículos, entrevistas, testimonios, cartas, fotos y otros documentos de personas que conocieron a la poetisa, a la que dedicó largos años de su vida mientras rescataba toda esta valiosa papelería.
El libro de María Luisa nos acerca al instante cuando la muerte deja de ser lugar imaginado y hacia él se camina con el firme fragor de nuestros pasos. Resalta dentro de la muestra “El poema de los poemas”, que su antologador califica como la poética de la escritora, donde observamos el tratamiento de un tema al que ya magistralmente se había acercado Martí: el verso como fruto del dolor y como alivio a él, y la necesidad de cultivar contra el “verso retórico y ornado”, el verso natural. Así vemos cómo esta representante del postmodernismo tardío, en sus actos, llega a reconocer que “un grano de poesía sazona un siglo”. Sus poemas, pese a pertenecer a este movimiento literario, poseen un innegable aliento romántico, desbordan intensidad y hallan en el soneto la modalidad por excelencia para manifestarse. Ese espíritu elevado que se siente forzado por su entorno hacia las lindes que traza la locura.
Incomprendida primero por su padre, y luego por su esposo, muestra la bondad como talante de su alma enfrentada a las vilezas del mundo. La poeta es pasional y su verso tiene fuerza, a pesar de haber vivido solo veintisiete años. Su poesía, como acertadamente afirma Rocasolano, se desenvuelve en la etapa "adquisitiva": período marcado por la injerencia de los Estados Unidos, el robo de la hacienda pública y el enriquecimiento fácil en menoscabo de los intereses del pueblo, de una sociedad cuyo fin era el dinero.
Quien quiera saber más de esta apasionada y enigmática mujer que prefirió la escritura y la poesía, pese al rechazo de sus seres más allegados y de su época; quien quiera ahondar en este altivo espíritu, no dude en leer Cuando la muerte deja de ser silencio: será una impactante aventura.