Martí en su aniversario 160: Relatos de La Edad de Oro
Ocasión singular para disfrutar de lecturas martianas es este 2013, cuando se celebran en todo el país, y fuera de él, los 160 años del natalicio de José Julián Martí Pérez. Por eso recomiendo Relatos de La Edad de Oro, un volumen pequeño y manuable que, como el recién comentado Cuentos de La Edad de Oro, fue publicado hace una década por Gente Nueva, con edición de Janet Rayneri, diseño de María Elena Cicard y cubierta de Alberto Figueroa Travieso, que expone, en síntesis figurativa, un elemento de cada narración.
Quizás, amigo lector, querida lectora, se pregunten cuál es la diferencia entre ambos títulos. Si Cuentos… se ocupa de la fantasía, la ficción publicada en los cuatro números de La Edad de Oro, Relatos… incluye todo cuanto evidencia intención didáctica, con apego a la realidad y viso documental o periodístico.
El primero de estos diez textos, “Tres héroes”, es un hermosísimo pasaje para aprender, ágil y poéticamente, la historia de la América nuestra. Con un lenguaje ameno, asequible, pleno de metáforas cercanas y un dinamismo poco común, Martí describe las personalidades de Bolívar, San Martín y el cura Hidalgo, para concluir, lapidario y emotivo: “Ésos son héroes: los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales”.
En 22 páginas y grandes letras está escrita la síntesis homónima martiana de La Ilíada de Homero. Martí se confiesa deudor de una traducción francesa del original griego, donde Leconte de Lisle “hace los versos a la antigua, como si fueran de mármol”, y aconseja buscarla, o en inglés o en alemán, donde ofrece varias buenas opciones, por encima de cualquier obra en castellano. Manifiesta su entusiasmo durante todo el relato; estimulando, así, en el niño, el aprendizaje de idiomas.
En “Un juego nuevo y otros viejos”, desde una enriquecedora perspectiva cultural, histórica y antropológica, el Maestro compara juegos infantiles de varias partes del mundo: El rabo al burro, la gallina ciega, las bolas, las muñecas —encomendadas, en la Grecia antigua, a Diana cazadora—. Juegos japoneses, indígenas, africanos, todo un compendio investigativo… Y lo mismo hace con la arquitectura en “La historia del hombre contada por sus casas” y “Las ruinas indias”, en los que describe minuciosamente no solo los inmuebles, sino sus contextos históricos y, en ocasiones, sus motivos.
“Músicos, poetas y pintores” es una preciosista promoción al cultivo de las bellas artes desde las más tiernas edades. Flashazos de la niñez de Händel, Bach, Mozart, Haydn, Beethoven, Weber, Mendelssohn, Meyerbeer, Schubert, Cimarosa, Paganini y Rossini integran la primera parte del relato. A grandes rasgos, potenciando el detalle más relevante de sus infancias, el Apóstol continúa con los artistas de la plástica, encabezados por Miguel Ángel, a quien siguen, entre otros, Rafael, Leonardo, Verrochio, Tintoretto, Tiziano… Para terminar con los poetas y escritores: Cervantes, Schiller, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Moliére, Voltaire, Victor Hugo, Shakespeare, Keats, Shelley, Byron, Coleridge, Scott y muchos más. Encomiable y culto trabajo que propicia al niño o la niña artista el verse felizmente identificados e impulsados hacia sus sueños.
Otro tanto sucede con “La Exposición de París”, un eficiente reportaje —casi un viaje al pasado— introducido por un recuento histórico de la epopeya francesa que cambió al mundo occidental, causa de la celebración centenaria de la muestra de 1889. Así comienza el sin par periodista su trabajo de género: “Y eso vamos a ver ahora, como si lo tuviésemos delante de los ojos. Vamos a la exposición, a esta visita que se están haciendo las razas humanas. Vamos a ver en un mismo jardín los árboles de todos los pueblos de la tierra”. A la vez que describe cada pabellón, ahonda en la historia y el modo de vida de los pueblos, sus hábitos más extraños y curiosos, sus indumentarias y tocados. Nos lleva de la mano, como experimentado guía, y tal parece que caminamos junto a él.
En “El padre Las Casas”, nos contagia su admiración por la figura del clérigo, quien vino entre malas compañías a América y, en vez de contagiarse con los afanes esclavistas, defendió a los indígenas a riesgo de su propia vida. Identificado con la figura del Protector Universal de los Indios, Martí escribe: “El hombre virtuoso debe ser fuerte de ánimo, y no tenerle miedo a la soledad, ni esperar a que los demás le ayuden, porque estará siempre solo: ¡pero con la alegría de obrar bien, que se parece al cielo de la mañana en la claridad!”. Biografía emotiva y llena de dramatismo épico, a la par de la de los tres héroes americanos o la de griegos y troyanos.
“Un paseo por la tierra de los anamitas” describe, más que narra, la amena historia del heroico pueblo de Vietnam; un pueblo “que no se cansa de defenderse”, al decir martiano. Y con “Cuentos de elefantes” se cierra el libro. Cuanto deseemos conocer acerca de estos animales se encuentra aquí: lo mismo historias ecológicas que de safaris, desde el nacimiento hasta la muerte, en todos los hábitats que ocupan.
Continuemos celebrando, pues, los 160 años del Apóstol, ahora con los Relatos de La Edad de Oro.