Ismaelillo: conmovedor regalo paternal de José Martí
De entre las obras dedicadas por José Martí a la infancia, destaca un pequeño cuaderno de versos creados con profundo intimismo y desbocado amor. Y ello se debe a que no es un poemario pensado para la niñez en general, sino una obra muy personal. Titulada Ismaelillo, fue dedicada por el Apóstol a su hijo José Francisco, quien entonces tenía tres años. Escogió un alegre diminutivo del nombre de un personaje bíblico definido por su amor a la libertad; acaso soñaba, con fe, un futuro similar para el hijo, o proponía el mejor modelo para guiarlo en su propia ausencia.
Como continuador de la obra de su padre, quien fuera amigo entrañable de Martí, Gonzalo de Quesada y Miranda (1900-1976) custodió el archivo del Apóstol. Amigo, a su vez, del hijo del héroe, fue fundador de la Fragua Martiana y del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana, y estuvo al frente de la primera edición de las Obras Completas del Maestro. Sobre la publicación de Ismaelillo, nos narra:
Imprimió su tomito en la casa de Thompson y Moreau, 51 y 53 Matden Lane, Nueva York, en 1882, regalando los ejemplares con verdadero placer y cariño a sus amigos. (…) No pensaba publicar aquellos versos, riachuelos que surcaron su agitado corazón, pero cuando al fin se decide, no han de salir impresos corrientemente, como una obra cualquiera. Escoge con cuidado el formato, desea un libro pequeño y fino, que recuerde por su tamaño al pequeñuelo que lo inspiró. Él, que solía dibujar, al pie de sus versos y algunos de sus apuntes o trabajos de prosa, la idea simbólica poblando su ancha frente, puso especial cuidado en ilustrar cada composición con una lámina alegórica.
Así fue creado Ismaelillo, con discreción y silencio; brotaba de la impotencia del padre para retener al hijo, sufría su ausencia y sentía esa pérdida entrañable en lo más hondo de su ser.
José Francisco Martí y Zayas-Bazán había nacido el 22 de noviembre de 1878, a los tres meses de llegar sus padres a La Habana. Antes de su primer cumpleaños, el gobierno de la Isla nuevamente deportaba al padre por conspirar contra el poder colonial. En marzo de 1880 se reunía otra vez la familia en Nueva York: es el momento en que Martí comienza la creación de su sensible obra, impresionado seguramente por las vivencias comunes más felices. Poco tiempo después, vuelve a quedarse solo y viaja brevemente a Venezuela, donde termina de escribir el texto. A su regreso a Nueva York, decide publicarlo.
Sus palabras emotivas cautivan de inmediato al lector. No hay vergüenza ni debilidad en reconocer la pasión que le despierta su pequeñuelo, las esperanzas que pone en él, el amor desbordante que le profesa. Su retoño es la ocasión divina, la posibilidad de alcanzar la inmortalidad física y espiritual, y así lo manifiesta:
Mi espíritu encendido
Me echa a raudales.
Por mis mejillas secas
Lágrimas suaves.
Me siento cual si en magno
Templo oficiase:
Cual si mi alma por mirra
Vertiese al aire;
Cual si en mi hombro surgieran
Fuerzas de Atlante;
Cual si el sol en mi seno
La luz fraguase:
¡Y estallo, hiervo y vibro,
Alas me nacen!
(…)
Venga por cauce nuevo
Mi vida lance.
(…)
¡Hijo soy de mi hijo!
Él me rehace.
Las contradicciones matrimoniales hacen que los padres se separen constantemente. En 1891, Martí ve por última vez a su hijo. Varios de sus conocidos señalan un agravamiento en la salud del Maestro a partir de entonces. Sin embargo, el Apóstol no deja de tener presente al niño amado: le escribe cartas con dibujos, y en un postrer mensaje desde Montecristi, poco antes de partir hacia Cuba, le pide que, por sobre todas las cosas, sea justo.
Al conocer la muerte de su padre, el Ismaelillo de José Martí escapa de la Universidad de Troy, donde cursaba estudios, y llega a Cuba para ponerse a las órdenes del mayor general Calixto García. Según deseo expreso del héroe, le entregan a Baconao, el caballo de su padre, y la leontina que usó en vida. Por el valor demostrado en la toma de Las Tunas, alcanza el grado de capitán del Ejército Libertador.
Al terminar la guerra, no puede continuar sus estudios de Derecho en la Universidad de La Habana debido a problemas económicos, y humildemente se desempeña como empleado público en la Aduana. Logra integrarse al ejército y llega a obtener el grado de coronel, jefe del Estado Mayor. Trabaja en la Secretaría de Guerra y se retira de las Fuerzas Armadas con el grado de general.
José Francisco Martí abrazó los ideales independentistas con la misma pasión que su progenitor, quien poseyó una clarividencia pasmosa en cada palabra escrita, tanto con respecto a su vida personal como al ámbito nacional y mundial. Ismaelillo, dedicado a su hijo, así lo atestigua. Naturalmente, este libro no es comprensible para niños muy pequeños, pero adolescentes y jóvenes pueden sentirse identificados con sus versos, al asumir como propia la paternidad del Maestro de todos los cubanos. Ismaelillo trasciende la intimidad martiana para convertirse en un regalo de poesía dedicado a todos los cubanos.