El elemento agua en el imaginario popular cubano
Muchos sistemas mitológicos se recrean en la personificación de las fuerzas de la naturaleza. Su representación en forma de imágenes configuradas como deidades, semidioses, o criaturas fantásticas y peculiares, está cargada de simbolismos universales. Contenidos que, a veces de manera velada; otras, notoria, dentro de sus particularidades, manifiestan los mismos arquetipos de manera reiterada. La presencia de cuatro elementos de la naturaleza en el imaginario colectivo de todos estos conglomerados sociales a lo largo de diversas épocas, tiende a revelarnos algo tan profundo y trascendente, que aún no podemos explicarnos claramente.
Empédocles (490-430 a.n.e.), médico e investigador de la naturaleza, consideraba como fundamento último de todos los fenómenos naturales, a cuatro elementos materiales básicos o raíces: el fuego, el aire, el agua y la tierra. Según él, todas las cosas se formaban con diversas combinaciones de estas cuatro bases. Estas ideas parecían vislumbrar la esencia de todo lo existente y eran contenedoras de presunciones sobre el fundamento material de los fenómenos naturales. Estos rudimentos no eran sino el primero de los intentos en busca de conjeturas sólidas para explicarse el fundamento de todas las cosas. Teoría que siglos después trató de modelar matemáticamente Einstein, y que aún los físicos modernos continúan enfrascados en conquistar.
Este misterioso y hasta ahora indescifrable principio, contenido en el simbolismo de los cuatro elementos de la naturaleza, lo veremos reflejado también en una ligera mirada a las figuras arquetípicas de nuestra mitología, así como en algunos de los más difundidos sistemas de pensamiento devocional que perviven en la memoria colectiva del pueblo cubano.
De estos cuatro elementos de la naturaleza, su vinculación con el imaginario colectivo y la religiosidad popular, estaremos comentando en una presentación de cuatro artículos, el primero de ellos, dedicado al elemento agua.
El agua
Es el elemento más abundante en el planeta y en el cuerpo humano. También fundamental para las cosechas y la germinación. De ahí su enorme importancia y motivo de interés constante en todos los sistemas de pensamiento, desde los albores de la humanidad. El agua arrastra tradición de leyenda en el mundo entero y desde su enfoque simbólico en casi todas las líneas de pensamiento devocional siempre posee alguna personificación. Suele aparecer como agente y principio de la concepción y la génesis universal. Ha sido venerada por diferentes culturas en todas las épocas. Las tradiciones folclóricas de muchos pueblos le atribuyen propiedades mágicas y curativas.1
En la mitología aborigen
Atabey era la figura arquetípica de "Madre Respetada", para los aborígenes cubanos, era también la dueña de las aguas dulces. Conocida también como "Atabex"; "Yermao", "Apito", "Zumaco" y "Guacar", apelativo este último que le relaciona con los cambios de marea y la menstruación.2 Era, además, propiciadora del buen parto y protectora de la maternidad.
Otro cemí relacionado con el agua lo era Boinayel, con su llanto era el causante de las lluvias bienhechoras. Se representaba, en ocasiones, con figuras gemelas (con su hermano "Marohu", deidad del tiempo seco), algunas veces sin brazos, en ídolillos de piedra, con ojos sesgados y lacrimosos, cuyos vertimientos eran fertilizantes del suelo; también era representado en decoraciones de vasijas, o en petroglifos de cavernas, aquí por lo regular, solo. Este cemí aborigen, antepasado místico de la etnia arauaca, es para algunos estudiosos, uno de los espíritus de la naturaleza en la mitología antillana.3
Guabonito, mítica mujer de los fondos marinos, con grandes poderes de magia y curandería, de los cuales "algo" trasmitió al previsor y sabio Albeorael Guahayona, además de curarlo, mediante secretos rituales de sanación. Es importante la relación de Guabonito con los misterios del mar y con los grandes caracoles marinos llamados cobos. Se le representaba generalmente en cuentas de piedra y en la aleación de guanín.4
En las tradiciones populares
En la provincia de Camagüey, entre las creencias populares, se considera que el agua depositada en los tinajones típicos de aquellos parajes, cura la infertilidad; también se dice que quien la beba, estando de visita, regresará de nuevo al lugar. Existe en casi todo el territorio de la Mayor de las Antillas, la creencia muy arraigada de: "aquel que negare agua al caminante, morirá de sed". En algunas partes de Cuba, creen que un vaso de agua colocado en la cabeza sobre una toalla, tiene el poder de curar la insolación. Otra tradición popular asegura que es beneficioso tirar a la calle un cubo de agua limpia a las doce de la noche, para comenzar bien el nuevo año. Y en no pocas viviendas cubanas, los creyentes colocan en un lugar apartado del hogar, un recipiente con agua (vaso espiritual), dedicado "a los santos".5
En la Provincia de Holguín, existía no hace mucho, en las inmediaciones del poblado de Antilla, una tradición que venera a la deidad llamada Taguabo, señor de la lluvia para este grupo social, representado en una imagen tallada en madera, a quien hasta unos pocos años atrás, sumergían en agua de forma mantenida, para garantizar el suministro de tan preciado líquido. Costumbre que se repite en varios lugares del mundo con las deidades propiciantes de la lluvia. Como avatar del cemí aborigen Boinayel, Taguabo posee un hermano gemelo llamado Maicabó (o Maitabó)6, que era el señor del tiempo seco (el gemelo de Boinayel era Marohú). A quién debía rogarse cuando la lluvia no cesaba.7
Y en las cercanías del valle de Viñales, en la provincia de Pinar del Río, es posible que aun vivan algunos de los integrantes de una comunidad de campesinos cuya senda devocional les llevó a practicar la sanación, única y exclusivamente por medio del agua. Lo que tenía sus antecedentes en las enseñanzas de Antoñica Izquierdo González, célebre sanadora también conocida como "la virgen de los Cayos", quien por la década de los años 30 del siglo XX inició uno de los movimientos más trascendentales de Cuba, basado en la curación mediante el agua, en la localidad del barrio de Cayos de San Felipe, Pinar del Río.8
Aunque ya la curación por medio del agua tenía sus antecedentes en Cuba, en la legendaria figura de ma Dolores, a mediados del siglo XIX con su "Poza del ángel". Según cuenta el historiador Emilio Sánchez en su obra "Tradiciones trinitarias", ma Dolores era una negra vieja y famosa curandera que vivía en la finca Cabarnao. Sanaba con aplicaciones de saliva y agua, de un reservorio natural que, a decir de ella, fuese bendecido por un ángel; cosa que, más tarde, los fantásticos acontecimientos de los que fuera protagonista, reafirmarían.9
En el catolicismo popular
El elemento "Agua" es uno de los que mejor representado está, dentro del devocionario del catolicismo popular. En Cuba, la hagiografía cristiana hace referencia a varios santos que en la creencia popular tienen estrecha comunión con el agua. En primer lugar, la Caridad del Cobre. Patrona de Cuba, cuya imagen venerada fuera encontrada flotando en las aguas de la bahía de Nipe, por tres humildes jóvenes en el siglo XVII. La Virgen de Regla, se considera también enlazada con las aguas. Tanto que, en el año 1708, por decisión del Cabildo de La Habana, fue denominada patrona de los pescadores de la villa de Regla, así como del puerto y la bahía de La Habana.
A san Cristóbal, que fuera el santo escogido para nominar a la ciudad de La Habana (San Cristóbal de La Habana), su nombre le viene del griego Cristophoros, que significa "portador de Cristo", por la acción de ayudar al niño Jesús a cruzar un río. San Isidro, santo patrón de Holguín, es otro a quien las creencias populares, hace ya algún tiempo vincularon al agua, dándole facultades de controlar las lluvias, por lo que a menudo, en medio del temporal, era invocado con la rogativa: "San Isidro el labrador, quita el agua y pon el sol".
En el cristianismo, y en general en todo el sistema de creencias judeocristiano, el bautizo ocupa un ritual muy estimado entre sus fieles y practicantes. En sus inicios, esta ceremonia se realizaba sumergiendo brevemente bajo el agua al bautizado, simbolizando una muerte y resurrección místicas, con la primera, fenecen todos los pecados, para luego resurgir limpio y puro a la vida. Tal vez por eso el bautizo fuera el primero de los siete sacramentos predicados por Jesús. Puede verse la importancia del agua como centro del ritual, cuando los textos bíblicos ponen en boca del Mesías repetidas menciones sobre la importancia de esta ceremonia: "Yo te garantizo que nadie puede entrar en el Reino de Dios, sino nace del agua y del espíritu".10
Así también, aludiendo al simbolismo místico de este líquido, dice: "Quién beba del agua que yo le ofrezco, nunca volverá tener sed".11
En la santería cubana o Regla de Osha
Yemayá. Es la madre de Changó. Sincretizada con la Virgen de Regla. Se revela a través de sus avatares: Olokún, Kolá, Oggutté, Asesú, Achabá y otras. Para algunos, su dominio son las aguas saladas; para otros, todas las aguas. Sus atributos: Remos, salvavidas, ancla, sol con siete triángulos y la media luna.12 También está su hermana Ochún, que es para muchos, la diosa del amor y la sexualidad. Dueña de los ríos, el oro, el cobre y la miel. Sincretizada con la virgen María de la Caridad. Su dominio: Las aguas dulces, ríos, lagos, manantiales. También el vientre.13
En la Regla Palo Monte
Siete Sayas. Para otros también conocida como Balaunde y Madre de Agua. Es una deidad identificada en sincretismo con la virgen de Regla. Los paleros la consideran dueña del mar y las entradas de los ríos. Para muchos practicantes, simboliza la unidad del mundo, todo lo que fluye y la maternidad.14 Está otra deidad, Chola. Para algunos también Madre Chola o Chola Awengue. Sincretizada con la virgen de la Caridad del Cobre, que es también muy venerada entre los mayomberos. Para ellos, es dueña indiscutible de las corrientes de agua dulce, de los ríos y del oro.15 Así como Simbiricu. También Simbi, quien para los paleros es deidad que trae la suerte, una especie de ser divino que vive en los montes y en las aguas.16
En la versión cubana del Vodú
De la familia de los ogunes. Oggún del río es un santo acuático, cuyo elemento distintivo es el agua dulce. Cuando se posesiona de "su caballo" (creyente en trance"), lo primero que pide es un vaso de este líquido. Debe ser rociado con agua constantemente, no importa que esté empapado. Su iniciación no tiene que ser precisamente en un río, pero sí deben usarse piedras de mismo, que son bautizadas en nombre de la divinidad, para hacerle reconocer que ya no vivirán más en el agua. Esas piedras serán colocadas en un plato que se sumerge en la corriente fluvial. Posteriormente permanecerán colocadas en una palanganita blanca sin usar, que se llena periódicamente de agua clara y limpia.
Santos Acuáticos. Entre los luases o santos del vodú, se encuentran los llamados acuáticos, relacionados con este medio y con los animales que viven en él.17 Entre ellos, Simbí, a quien en su originario Haití se le considera el guardián de las fuentes y los mares. Este luá tiene la característica de comer en el río, y es este el lugar donde se realiza su servicio.18 Está también Sirené. Sus posesiones son las aguas, saladas y dulces. Para muchos en sincretismo con Nuestra Señora de la Asunción, en el catolicismo, y con Yemayá, en la Regla de Ocha. Así como se tiene a Yodón, que es un luá de labores, su función consiste en guiar a las demás divinidades. Tiene la particularidad que vive en el agua. Sus prendas hay que mantenerlas sumergidas en una tinaja con este líquido. Entre ellas, sin falta debe estar un collar blanco. Cuentan que, a su paso, va derramando agradable perfume constantemente.19
El agua de la sabiduría
Desde el punto de vista esotérico, "la sed de conocimientos solo se calma con el agua de la sabiduría". Es my posible que fuese esta "el agua" a la cual solía referirse Jesús cuando afirmaba: "quien beba de esta agua, núnca volverá a tener sed". Pero aún hoy, la búsqueda de la sabiduría continúa siendo uno de los esfuerzos del ser humano, en el camino hacia la comprensión de los secretos que rigen las leyes de la naturaleza. En la medida que la raza humana avanza en esta búsqueda, tratando de comprender la eterna presencia de estos cuatro elementos, hay cierta tendencia a revelarnos que la estructura íntima de estos símbolos, no la compone nada del orden material, sino un principio.
Reflejados de esta forma, en tantas líneas de pensamiento diferentes de casi todas partes del orbe, los cuatro elementos de la naturaleza parecen dar idea de simbólicos instrumentos, diseñados para conciliar aquellas verdades externas, con las otras que moran en nuestro mundo interior, buscando ayudar a la comprensión de aquel "principio de todas las cosas", con la participación de una fuente más profunda que la primitiva mente, amaestrada e inquisidora, como si tratase de despertar las potencialidades de nuestro ser en este proceso de armonización.
En el simbolismo de estos cuatro elementos naturales, quisieron los pueblos antiguos alcanzar a comprender ese principio general de todas las cosas, que aún en nuestros días los científicos continúan empeñados en descubrir. Principio que, de encontrarse algún día, podría referirnos tal vez a una verdad inusitada y no convencional. No serían entonces los cuatro elementos el fin de la comprensión, sino simples canales que pudiesen conducirnos a los océanos de una verdad más universal, cuyos alcances tal vez se extiendan un poco más allá de los lejanos horizontes de la sabiduría.
Notas
1 Manuel Rivero Glean y Gerardo E. Chávez Spínola: Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2005, p. 36.
2 Idem, p. 65.
3 Idem, p. 94.
4 Idem, p. 242.
5 Idem, p. 36.
6 Idem, p. 342.
7 Idem, p. 495.
8 Idem, pp. 53-57.
9 Idem, pp. 333-334.
10 Sagrada Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento, Editorial Regina, Barcelona, Décima. Edición, 1970. (Jn 3,5).
11 Idem, Jn 4:13.
12 Manuel Rivero Glean y Gerardo E. Chávez Spínola: Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2005, p. 533.
13 Idem, pp. 414-416.
14 Manuel Rivero Glean y Gerardo Chávez Spínola: Diccionario de mitología cubana, Ed. Aduana Vieja, Grupo Publiberia, Valencia, 2010, p.380.
15 Idem, p. 124.
16 Idem, p. 381.
17 Idem, pp. 374-376.
18 Idem, p. 381.
19 Idem, p. 417.
Bibliografía
1.- Manuel Rivero Glean y Gerardo E. Chávez Spínola: Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2005.
2.- Sagrada Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento, Editorial Regina, Barcelona, Décima. Edición, 1970.
3.- P. Raúl Rodríguez Dago: Sincretismo cubano. Santeros, ñáñigos, paleros y espiritistas, Ed. Emmanuel, Quemado de Güines, Villa Clara, Segunda edición.
4.- Manuel Rivero Glean y Gerardo Chávez Spínola: Diccionario de mitología cubana, Ed. Aduana Vieja, Grupo Publiberia, Valencia, 2010.
5.- Miguel Barnet: La fuente viva, Ed. Abril, La Habana, 2011.