Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 8 de diciembre de 2019; 1:56 PM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 89 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Ángel Lázaro: embrujado por la antilla mayor (1)

Luciano Castillo, 04 de abril de 2013

Con pocos días de diferencia, en la segunda quincena de octubre de 1945, fueron accionadas las claquetas, una en La Habana y otra en México que iniciaron dos nuevos largometrajes de producción cubana. El melodrama Sed de amor, dirigido por Francois Betancourt de Valdés en los Estudios Plasa, primera realización de la compañía Producciones Cinematográficas Cubanas, S.A., constituida expresamente para financiar la película en noviembre.

En estudios mexicanos, el realizador Geza P. Polaty, a nombre de la firma Continental Films, en la que tenía intereses junto a Octavio Gómez Castro, comenzó la filmación de Embrujo antillano. Este era el título definitivo de la versión cinematográfica de un argumento titulado La veguerita, escrito por el poeta, dramaturgo, periodista y narrador gallego Ángel Lázaro Machado. Nacido en Velle, Orense, el 27 de enero de 1900, Lázaro arribó a La Habana a los catorce años. Al cabo del tiempo, y alentado por el dramaturgo Gustavo Sánchez Galarraga, su autentico descubridor, comenzó a publicar sus primeros poemas en el Diario de la Marina, Galicia, El Eco de Galicia y en al revista Chic.

Las páginas de El Comercio y otras publicaciones capitalinas acogieron las colaboraciones del novel escritor quien con el seudónimo de Olán Clarín firmó textos en El Nacionalista en 1919 y al año siguiente daba a conocer su primer poemario: El remanso gris. Sánchez Galárraga, autor de afamadas piezas objeto de sucesivas puestas en escena, calificó en su prólogo al bisoño escritor como un poeta «sentimental y sincero» y no vaciló en compararlo por la musicalidad de sus versos nada menos que con figuras como Bécquer, Rosalía de Castro, Amado Nervo y Juan Ramón Jiménez. El 19 de marzo de 1923, Lázaro participó en la llamada Protesta de los Trece contra una controvertida maniobra del presidente Alfredo Zayas, aunque no firmó junto al grupo de intelectuales cubanos la denuncia pública.

Una celebridad como Don Jacinto Benavente le dio un cálido espaldarazo al escribir un juicio crítico que precedió al texto de Con el alma (1923). Esa comedia en dos actos había sido escenificada un año antes en el teatro Principal de la Comedia. Ángel Lázaro regresó a España en 1924 y optó por establecerse en Madrid, lugar donde alcanza progresivamente la cima de su obra como exitoso poeta y autor dramático. La aparición en las librerías de su biografía de Benavente en 1925, dos aclamados poemarios: Confesión (1927) y El molino que no duele (1931), y el estreno en los principales teatros madrileños de seis piezas: Proa al sol, La hoguera del diablo, La hija del tabernero, El circo de la verbena, Santa Marina, La casada sin marido y la tragicomedia en tres actos y en prosa, Imagineros, presentada con no menos éxito en el teatro Barcelona en noviembre de 1936, le situaron en un prominente lugar en el panorama cultural español.

El estallido de la Guerra Civil, que halló en Ángel Lázaro a un defensor de la República, interrumpió esta prolífica creación artística del escritor en su período español. Como a tantos otros, no le quedó otra alternativa que la emigración con destino a América y desembarcó en La Habana a fines de 1936, marcador inicial del segundo tiempo cubano en su trayectoria, que culminaría en 1958. No obstante, realizó incursiones en México y viajó a Buenos Aires en 1948 expresamente para asistir al estreno de sendas puestas en escena de sus obras La tierra del olivar e Imagineros. La protagonista y animadora era la eminente actriz catalana Margarita Xirgu, acogida entonces a la nacionalidad uruguaya como consecuencia de la dictadura franquista.

La decena de años que abarca hasta la primera —y única— experiencia cinematográfica en la carrera de Ángel Lázaro se caracteriza por su decisivo apoyo a la causa republicana primero en el diario Pueblo y desde 1938 a la cabeza del decenario antifranquista Revista de España. Paralelamente, ejerció el periodismo en la prestigiosa revista Carteles y multiplicó sus colaboraciones en Bohemia y Social, extendidas pronto a La Verónica y Facetas de actualidad española. Desde Romances de Cuba y otros poemas, evocador tributo a la isla que le acogió, y Cancionero español, correspondientes a 1937, refleja en sus textos poéticos la tragedia implicada por la emigración, la emoción dolorosa y la convulsión sufrida por su patria.

Antología poética, compilada y publicada en 1940 en la imprenta La Verónica por Manuel Altolaguirre, autor de un prólogo en el cual señala los rasgos de este autor de estilo personalísimo: proclividad a un desmedido romanticismo y capacidad para la creación de imágenes, además de su dominio innato de lo natural y lo realista y las dotes para el manejo del costumbrismo Sangre de España. Elegía de un pueblo (1942), también vio la luz en el prodigioso taller de su coterráneo Altolaguirre, quien como parte del ciclo de conferencias «Los problemas de la vida española desde 1873», programado en la entidad habanera Amigos de la República Española lo caracterizó en estos términos: «español que ha sentido su tierra, su amor y su cielo con costumbre de ausencia, soñándolo desde su juventud cercana hasta este momento de madurez sorprendente en el destierro».i En el poema titular expresa: «Ni lágrimas, ni queja proferida; / Solo apretar los dientes / y esperar, esperar».ii 

Retratos familiares (1945), toda una galería que expone las impresiones y vivencias del autor tanto en su tierra natal como en aquella donde transcurrieron los años de la adolescencia, como señalara el respetado critico José María Chacón y Calvo, es el título en prosa que precede al argumento que escribiera expresamente para el cine. Los estudiosos e investigadores de la obra de Ángel Lázaro no han hallado en su bibliografía el menor rastro de que se tratara de la adaptación de un relato de su autoría. Sobre La veguerita no ha sido precisado si se trató de un cuento publicado en alguna revista cubana o una pieza de teatro, por lo cual deducen su expresa concepción para la pantalla, de acuerdo a las pesquisas sobre sus aportes literarios en Cuba realizadas por Jorge Domingo Cuadriello. (Continuará)

Luciano Castillo