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La muñeca viva, una reflexión en tono de comedia

Alina Iglesias Regueyra, 08 de abril de 2013

Literatura dentro de la literatura, escritura autorreferencial y una enorme dosis de humor y simpatía son los principales recursos con que la escritora Bianca Pitzorno (Cerdeña, Italia, 1942) arma una divertida comedia de malentendidos para el público infantil, La muñeca viva, publicada en el año 2010 por Gente Nueva, en su polémica Colección 21, con edición de Enrique Pérez Díaz y diseño de composición y cubierta de Nydia Fernández Pérez. Arístides Hernández (Ares) ilustra la esencia de cada escena a través de caricaturas con su peculiar trazo irregular, desde perspectivas originales, ya sea en picado, para ilustrar la mirada adulta hacia el mundo infantil, o desde la estatura de un niño.

La narración, desenfadada y dinámica, acentúa aquellos giros que denotan mayor gracia, hasta el punto de provocar franca hilaridad, sin forzar para nada las circunstancias. El punto de vista de la obra siempre se mantiene a favor de las razones de los más pequeños: no por gusto su creadora es embajadora de la UNICEF y, además, candidata al Premio Andersen de literatura para la infancia. El argumento se centra en los curiosos sucesos ocurridos con motivo del sexto cumpleaños de las gemelas Clara y Carlota, quienes ese mismo día casualmente reciben la noticia de la llegada de un hermanito. Las gemelas se llevan de maravillas, sobre todo a la hora de planear travesuras y de abundar en deducciones acerca de los eventos que ocurren a su alrededor, de los cuales apenas reciben orientaciones o prohibiciones por parte de sus padres. También destaca la presencia de la complaciente tía Julia, personaje solícito y comedido que intenta, sin mucho éxito, interpretar los sueños de sus sobrinas.

Bianca Pitzorno, con su peculiar sagacidad, desenmascara los móviles de la maternidad por tradición o compromiso, la crianza desganada y poco creativa de los hijos, el peligro de dejarlos al cuidado de personas irresponsables y egoístas, y otras amargas verdades del mundo adulto:

A ellas (a las gemelas) les encantaban los niños pequeñitos, a diferencia de la mamá (a la que sorprendieron cuando le decía a la enfermera: “Menos mal que esta vez es uno solo”). Y tampoco hubieran protestado al ver delante de ellas a cinco bebés. ¿Acaso la perrita de la bodeguera no acababa de tener seis lindísimos cachorros sin que nadie se lamentara por eso?

La madre les aclara que el nuevo integrante de la familia no es un regalo de cumpleaños, sino un niño vivo que le pertenece y al cual debe atender. En compensación, la buena de la tía Julia les entrega, de parte del hermanito recién nacido, un bello muñeco. Muy graciosa es la escena en la que una de las gemelas pretende negociar con la madre un cambio de bebés, esgrimiendo razones que hemos escuchado precisamente de boca de algunas mujeres:

—Podemos hacer un intercambio. Te damos el nuestro que es mucho más bonito. Y además, no come, no hace caca y no hay que cambiarlo, no llora nunca… Te dejará dormir todo el tiempo que quieras.

Por otra parte, Berenice, una joven artificiosa y superficial, dedicada a cuidar a la niña de una vecina, llega al parque donde Clara y Carlota han ido a pasear a su muñeco en un cochecito idéntico al de la bebita. Aquí comienzan los enredos, que desembocan en un divertido paseo de madrugada en una patrulla, la visita a una estación de policía por parte de las gemelas y sus padres, y la hábil solución de una muy bien armada situación de confusión entre esencias y apariencias. Para cerrar con broche de oro, la Pitzorno se culpa a sí misma: ha sido un libro de su propia autoría, La muñeca del alquimista, lo que ha provocado tales esperanzas, ilusiones y desengaños al ser encontrado por las madres de ambos bebés.

En una estructura dramatúrgica magistral, desplegada en quince sintéticos capítulos, Bianca Pitzorno logra deleitar a chicos y padres, moverlos a la reflexión más positiva y profunda, al tiempo que proporciona una vital e inteligente recreación, de la mano de las cariñosas, ocurrentes y traviesas jimaguas de esta tierna historia.