Denys Ramos: actuar es darlo todo a cambio de nada
Desde que «descubrí» en la pantalla chica al bisoño actor Denys Ramos (La Habana, 1990), en la teleserie Historias de fuego, dirigida por la realizadora Nohemí Cartaya, y exhibida por el Canal Cubavisión, percibí en ese joven valor de las artes escénicas caribeñas un talento interpretativo que pujaba por imponerse.
Sin embargo, lo que —desde el principio— llamó mi atención como psicólogo y como crítico fue, sin duda alguna, la forma convincente en que el personaje —al que Denys le prestara piel y alma— se fue metamorfoseando poco a poco de adolescente con un comportamiento psicosocial indeseable, que rayaba en la marginalidad y la delincuencia, en un joven con valores positivos y nobles sentimientos.
Con apoyo en esa limpia actuación, que convenció —con creces— a la teleaudiencia y a la prensa especializada, comenzó mi pesquisaje de la labor actoral de Denys Ramos; seguimiento que continuó con la teleserie Los 3 Villalobos (guión del escritor Pedro Urbezo y dirección general del realizador Miguel Sosa), que salvó el espacio Aventuras, y en la que dio muestras fehacientes de su carisma natural.
En ese contexto audiovisual, le insufló vida al «cabo interino», un personaje ciento por ciento humorístico, que cautivó tanto a la grey infanto-juvenil como a los más creciditos de casa hasta llegar a la controversial teleserie Aquí Estamos, con guión a cuatro manos de Hugo Reyes y Alfredo F. Pérez y dirección general del realizador Rafael (Cheito) González.
Denys interpreta, en esa polémica teleserie, el papel de Siddhartha, un joven habanero con graves conflictos existenciales que busca en la drogodependencia solución urgente —que no aparece, ni aparecerá— a los disímiles problemas que afronta en su medio socio-familiar.
Pero, dejemos que sea él quien nos relate cómo se produjo su llegada al campo de las artes escénicas y qué le ha aportado —desde los puntos de vista intelectual, humano y espiritual— el ejercicio artístico-profesional, percibido como fuente nutricia de ética, humanismo, cultura y espiritualidad.
¿Cuál fue la motivación fundamental que inclinó la balanza hacia la actuación?
Mi decisión de convertirme en actor fue estrictamente personal, es decir, no hubo ningún tipo de influencia externa […], pero debo aclararle que sin el apoyo de mi madre y mi hermano no creo que la hubiese podido llevar a feliz término. En la actualidad, estoy cursando estudios superiores en la Facultad de Artes Escénicas de la capitalina Universidad de las Artes (ISA).
En su opinión, ¿el actor nace o se hace?
Creo que las dos cosas, puedes nacer con ese don, ángel, duende, o como se le llame, pero si no luchas mueres y no lograrás nunca desarrollar tus capacidades, tanto reales como potenciales.
En mi caso específico, creo que tenía las capacidades, las cuales debía desarrollar, eran innatas, pero no las percibía, ni tampoco mi familia tenía esa percepción de mi desarrollo como actor, ya que yo no sabía qué quería ser ni hacer en el futuro; y no fue hasta el momento mismo en que decidí penetrar en esa «selva oscura», que todos se pusieron en función mía para que lograra mis objetivos».
¿Cómo conjugas el verbo actuar?
Para mí, actuar es vivir, jugar, volar, ser, estar, morir, reír, llorar, sufrir, gozar, desgarrar, coser, enmendar, destruir, edificar, salvar, matar, regalar. Observar, escuchar, degustar, sentir, palpar, oler, quedarse, pasar, quedar pasando y viceversa, violar, obedecer, soltar, amarrar, lanzarse, caer, pararse, correr, morder, agarrar y hacer, crear, ir en el tiempo sin tiempo; respetar y ser irreverente con la realidad, con los códigos; defender una vida con el pecho sangrante y sudor en los ojos. Luego, disfrutar los aplausos del público y agradecerlos con amor, sencillez y humildad; en mi opinión, actuar es darlo todo a cambio de nada.
¿Qué les has aportado a los personajes que has interpretado en el teatro, la televisión y el cine, y qué te han aportado ellos a ti?
A los personajes que he interpretado, tanto en los medios audiovisuales, como en las tablas de un teatro, donde se forja al rojo vivo la personalidad de un actor, les he dado todo, o sea, lo poco que tengo vivido, y lo que les ha servido a ellos, por supuesto, mientras que esos personajes me han aportado experiencias y vivencias inolvidables, que son las que ayudan a vivir a los actores.
¿Qué les recomendarías a los adolescentes y jóvenes que llevan en el cuerpo, la mente y el espíritu el «virus» de la actuación?
Ante todo, que no busquen antivirus, sino que lo reproduzcan, que vivan y todo lo que hagan en sus vidas lo pongan en función de crear y hacer que sus personajes tengan vida eterna; y para lograrlo, deben entregarse plenamente a su profesión.